Mourinho le lanza un salvavidas a Xabi Alonso y Vinícius se gana los aplausos

Contracrónica | Real Madrid-Barcelona

El Real Madrid mantuvo el pulso hasta la última ocasión del clásico con un planteamiento al contraataque contrario a las ideas con las que el técnico llegó al club

La crónica de la final de la Supercopa: El Barça sigue instalado en las nubes en la Supercopa

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Xabi Alonso, en una de las pausas por hidratación de este domingo ante el Barcelona en la final de la Supercopa 

Kai Försterling / EFE

El Real Madrid llegó a Yida con dos protagonistas silueteados. Los silbidos a Vinícius Júnior del Santiago Bernabéu y las dudas de la junta directiva (Florentino Pérez) con Xabi Alonso convertían esta Supercopa de España en un examen de final de curso para medir la temperatura de ambos. Aunque el Real Madrid no se llevó el título y su juego no fue el que se podía presuponer al comienzo de curso, mantuvo el pulso en una final decidida por detalles: la pierna de Asencio que desvió el tiro de Raphinha (2-3) o las manos de Joan Garcia que sujetaron el lanzamiento inocente de Carreras, que encogió la pierna, en la última jugada del encuentro.

Si el Barça fue mejor a los puntos (68 por ciento de posesión y cuatro lanzamientos más), el Real Madrid encontró un camino para competirle. Algo es algo.

La metamorfosis del equipo de Xabi Alonso es de estudio. El 26 de octubre, en el clásico jugado en el Bernabéu y ganado 2-1 por los blancos, fue una máquina de crear ocasiones (22 tiros), encontrando los espacios que dejaba el equipo de Hansi Flick, que tenía el balón (68% de posesión) pero que fue ligeramente inferior. El Barça evolucionó desde entonces; el Madrid, sumido en problemas de identidad y de lesiones, perdió la brújula y la competitividad. Ahora parece mostrar síntomas de recuperación aunque se sujeten con hilos invisibles.

Esos hilos son los que ha creado Xabi Alonso, un futbolista privilegiado. Más allá de su vitrina y de su juego geométrico, le inocularon una carga de conocimiento inmenso. Desde Pep Guardiola (basta con ver a su Bayer Leverkusen y su encumbramiento del juego de posición) hasta Mourinho, quien le lanzó un salvavidas en la tarde del domingo para plantear esta final. 

Inmerso en el modo supervivencia, el técnico vasco y su Madrid (que se encuentra más cómodo al galope) se atrincheraron en su campo con marcajes zonales que llegaban a ser individuales (Gonzalo sobre De Jong), renunciaron a la presión en campo contrario para cerrar con candado el juego entre líneas, e hipotecaron su suerte a la velocidad de Vinícius ya que Mbappé no daba para mucho. Ante el Atlético fue parecido. Si fuera tenis, el Madrid prefiere jugar siempre al resto; no así tanto su entrenador, cuya cara es reveladora.

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Vinícius, con el brazalete de capitán en la segunda mitad 

Kai Försterling / EFE

El partido se embarró y perdió fluidez atrapado en un césped imposible; los jugadores azulgrana gobernaron sin esa velocidad que les hace diferenciales. Solo Lamine Yamal encontró el tempo. Una defensa de cinco (Valverde incrustado en la derecha), un Camavinga en plan Casemiro y un Bellingham lejos del área, recetas viejas. Con el viento a favor, el Madrid llegó al descanso con ese 2-2 a lomos de Vinícius (que marcó 19 partidos después), el hombre que se jugaba mucho en Arabia Saudí.

Lo sabía Florentino Pérez, quien en su llegada a la ciudad costera del país de Oriente Próximo saludó a los futbolistas durante la cena en el hotel. Hubo una especie de pasamanos, pero con Vinícius hubo abrazo. Hay una química especial entre ambos, protegido por la directiva el brasileño, el mejor sobre el césped del King Abdullah Sports City. Si Xabi Alonso dijo tras los últimos silbidos ante el Betis el 4 de enero que después de la Supercopa de Arabia le aplaudirían, el capitán hizo méritos para ello. Se los ganó. Y también a la realeza, que lo tiene como próximo gran objetivo para darle más publicidad a la liga árabe. Sigue sin renovar. 

Perder siempre es una mala noticia en un club como el Madrid, donde la victoria lo define todo, pero el ambiente estaba tan cargado en noviembre y tras perder ante el City en Champions que la victoria pírrica ante el Atlético de Madrid y el pulso hasta el minuto 96 ante el Barça resulta ser un placebo. Xabi Alonso gana tiempo y Florentino también le abrazó. No los regala el presidente. 

Vinícius regresará al Bernabéu entre aplausos. Las dudas, eso sí, no se evaporan: ¿Qué camino escogerá el equipo blanco hasta final de curso? Nadie lo sabe, aunque Xabi Alonso haya aprendido a sobrevivir cómo sea. Lo dicta el banquillo blanco.

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