Las Claves
- El Barcelona de Hansi Flick conquistó la Supercopa en Yida tras superar al Real Madrid en una final muy disputada.
- Raphinha resultó decis
Jamás se había revalidado la corona de forma victoriosa en Arabia. Ningún monarca de Liga actual había logrado alzarse con la Supercopa bajo este reciente sistema de final four. Hasta la aparición del Barça de Hansi Flick, el especialista en finales. El técnico germano ha forjado un bloque que ha superado en cinco ocasiones a su eterno adversario y que en Yida compensó el tropiezo sufrido en el Bernabéu. Incluso la fortuna acompaña a los blaugrana, quienes permanecen en un estado de euforia. Continúan situados en lo más alto, un escalón por delante del resto en el panorama doméstico. Poseen ese brillo especial que permite a los conjuntos destacar. Raphinha resultó decisivo y Araújo, tras volver al césped, alzó el galardón. Al Madrid, mermado, no le quedó otra opción que reconocer sus carencias del presente.
Los duelos entre el Barcelona y el Madrid cuentan con un carácter especial, sobre todo en Arabia Saudí, un territorio de choques inciertos donde se compite con enorme agresividad, dándolo todo en el campo y sin mirar atrás.
Las finales de la Supercopa ocultan cambios de rumbo como las tres dianas logradas en la prórroga del acto inicial para revivir a los blancos, que se veían sentenciados tras el gol de Raphinha, que premiaba el esfuerzo de los pupilos de Flick. Mas, ¿en qué reside la justicia? ¿Desde qué instante gobierna este entorno despiadado y poco equitativo? Hay un motivo por el que se la simboliza con una venda, privada de visión, en sus figuras retóricas.
No obstante, existen realidades y pruebas que resultan imposibles de ignorar o esconder. Y Xabi Alonso, tras confirmar que no dispondría de Mbappé desde el inicio, se vio forzado a admitirlas, no verbalmente sino a través de su táctica. El Madrid se desplegó sobre el césped condicionado por completo para impedir la fluidez del Barça. El tolosarra ajustó diversas piezas para competir con el propósito único de bloquear el estilo blaugrana. Aparte de situar a Tchouaméni como tercer zaguero, Gonzalo realizó un marcaje individual a De Jong por todo el terreno, al tiempo que Bellingham asfixiaba a Pedri en una maniobra similar a la ideada por Mourinho durante la final de la Copa del Rey de 2011 en Mestalla empleando a Pepe como pivote. Finalmente, los blancos apostaron por Álvaro Carreras como el antídoto para Lamine Yamal, que regresó a la formación titular, al igual que Lewandowski, quien estuvo inadvertido casi todo diciembre.
El dominio evidente del Barcelona frente a la aceptada desventaja del Madrid resultó ser una nítida exposición de propósitos. No obstante, al conjunto merengue le benefició agruparse como un bloque modesto sin ningún tipo de complejos. Vinícius, actuando con autonomía, se situó como la pieza más avanzada, siendo el único liberado de tareas defensivas. Gracias a su rapidez generó problemas y se convirtió en el encargado de poner a prueba a Joan Garcia en su debut en el clásico.
Al aproximarse los treinta minutos, Lamine comenzó a zafarse de un insistente Carreras, mientras Raphinha igualmente forzó la actuación de Courtois. El atacante brasileño en ocasiones erra las jugadas sencillas y anota las complejas. Tal situación ocurrió tras un par de robos de Fermín que facilitaron las transiciones del Barcelona. Lamine Yamal lo habilitó en solitario durante la ocasión inicial, pero Raphinha no logró ver puerta. En la siguiente oportunidad, el 11 desbordó frente a Tchouaméni y conectó un disparo raso al palo, inalcanzable para el guardameta belga.
El Barcelona controlaba el duelo mediante la tenencia del esférico, aunque no consiguió aumentar su margen y vio cómo se le escapaba la ventaja en dos momentos. Una internada de Vinícius y una jugada de estrategia salvaron al Madrid antes del entretiempo, momento en el que Lewandowski firmó un remate brillante elevando la pelota servida por Pedri sobre la salida inútil de Courtois para poner el 2-1.
Tanto en el 1-1 como en el 2-2, el Barcelona no estuvo acertado atrás y el Madrid, que no perdona ni la más mínima oportunidad, sacó provecho de la floja respuesta de la defensa blaugrana. Vinícius superó una situación de inferioridad numérica tras hacerle un túnel a Koundé y, ante la salida de Cubarsí, el zaguero cayó en el amago del delantero. El brasileño realizó dos movimientos eléctricos, usando el segundo para rematar rasante y vencer a Joan Garcia.
Al llegar el minuto 51, cuando el Barça ya se veía en el descanso, Huijsen se impuso por alto en un córner. Raphinha, situado bajo los palos, desvió lo suficiente para que el balón diera en el travesaño. No obstante, Gonzalo fue el más rápido en el rechace y cazó el esférico. Casi perdiendo el equilibrio, de la manera más extraña posible, logró rematar por encima de Jong y Joan Garcia. El balón entró con suspense en la portería para cerrar una primera parte frenética.
En el segundo tiempo, el Madrid, que se sentía a gusto conforme transcurrían los minutos, inquietó con dos ataques de Vinícius y Rodrygo ante los que Joan Garcia intervino con éxito. El cuadro blanco había asimilado de tal modo la doctrina de Mou que Asencio soltó una fuerte patada sin balón a Pedri, rememorando la de Ramos a Messi en la fecha del 5-0. Solo fue amonestado, causando el malestar de Raphinha y Flick.
El entrenador germano respondió a ese comienzo negativo introduciendo a Olmo y Ferran Torres, una doble sustitución que dio resultados. Lamine Yamal avisó mediante un tiro instantáneo y, en el momento en que Alonso solicitaba el ingreso de Mbappé, el Barça propinó el impacto final. El azar que favorecía al Madrid se pasó al otro lado. Tras una acertada combinación, el esférico alcanzó a Raphinha en la zona de ataque, quien actuó de inmediato. Su lanzamiento diestro impactó levemente en Asencio, desorientando a Courtois.
La participación de Mbappé, presente durante los quince minutos finales, únicamente provocó la expulsión de Jong, el solo fallo en la actuación del neerlandés. Sin embargo, el Madrid, durante un cierre apretado, todavía logró generar peligro aun cuando el Barça introdujo a Araújo en los instantes definitivos. No ocurrió una vez sino dos, repitiéndose en el tiempo de descuento. En las dos ocasiones los disparos provinieron de zagueros (Carreras y Asencio) y fue entonces cuando Joan Garcia intervino para impedir la tanda de penaltis y conservar al Barça en lo más alto.
