Una protesta de época y Mbappé

Real Madrid, 2 - Levante, 0

El francés rescata a un Real Madrid vulgar y señalado por los aficionados juntos a Florentino Pérez

Güler dinamizó el juego, Mbappé abrió la lata y Asencio, de los jugadores más regulares, liquidaron al Levante

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Kylian Mbappé, después de marcar el 1-0 que abrió la lata ante el Levante 

Javier Lizón / EFE

Hay dos mentes que pueden explicar mejor que nadie el partido del Real Madrid ante el Levante, marcado por los silbidos al equipo y el ensañamiento a Vinícius, Bellingham, Valverde y Florentino Pérez, al que le cantaron aquello de “dimisión”. No se recuerda una bronca igual en los últimos 15 años, especialmente al presidente, siempre protegido por sus méritos y por ese relato que suele apuntar hacia otro lado: los árbitros, los entrenadores o el aspecto físico. Demasiada abierta está ahora la herida, con dos títulos perdidos en cuatro días y la destitución de Xabi Alonso, como para irse de rositas. Traje negro, rostro serio y tragar saliva en el palco. El foco estaba bajo su cabeza.

Esas mentes son las de Carlo Ancelotti, testigo desde el palco del Bernabéu, y la de Xabi Alonso, cuya esposa colgó en las redes sociales una fotografía de ambos por la Playa de la Concha de San Sebastián una hora antes del comienzo del encuentro. Aún no se le ha ido la cara desencajada al tolosarra. Era un día gris. También en Chamartín.

Hasta que a la hora de partido apareció Mbappé asistido por Güler, el Real Madrid fue vulgar, como en Albacete. Ni jugó, ni presionó, ni defendió bien y solamente Gonzalo, con un tiro tímido, probó a Ryan. Nada acontece con fluidez en el equipo blanco, preso de los nervios o de la desgana. El Levante, de la mano de Luis Castro, tenía el mapa del tesoro, percutir por la derecha, con Vinícius descolgado y Huijsen como un flan, tembloroso. Si los elegidos responden especialmente bajo presión, Camavinga y Huijsen no forman parte de ellos. El francés fue sustituido al descanso, el central fichado este verano de la Premier pasó la hora de juego, pero ambos parecían vestidos de blaugrana levantinista: numerosas pérdidas y faltas a destiempo. Su momento de confianza está por los suelos.

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Al descanso, Arbeloa, que se pasó la primera parte pasivo en la banda (“es complicado que un futbolista que está en el lado contrario te pueda oír”, dijo en la previa), intervino y dio entrada a Güler y Mastantuono. Y el Madrid mejoró. Bastante. Dio un paso adelante en la presión y ató al Levante. Una recuperación del turco y un pase con veneno plantó a Mbappé solo ante De la Fuente, que le derribó con torpeza. El francés puso el pan y el defensor la mantequilla. No perdonó: 1-0.

Resuelto el reto más difícil y con la grada amansada, el Madrid se soltó. Fue más agresivo y, apenas seis minutos después, Asencio, con un potente cabezazo, hizo el 2-0 tras un córner. El central de la cantera está siendo el sostén de un Madrid que tiene la defensa en la enfermería; él, con máscara, ha cogido la bandera en tiempos de guerra. Y el madridismo le pone medallas a este tipo de soldados. Fue ovacionado. El que más.

Solamente los destellos de Carlos Álvarez y la potencia de Etta Eyong le complicaron la vida al Real Madrid, pero en ningún momento inquietaron a Courtois. Mastantuono, mejor que en Albacete, lanzó al larguero, mientras que Vinícius dribló e intentó sin precisión el gol del perdón. Los silbidos se fueron tornando en algunos aplausos, pero el brasileño, que ha marcado un gol en los últimos 21 partidos, necesita mucho más para volver a ser el niño mimado del Bernabéu. Hasta Mbappé le pidió aplausos al público. Vinícius es ahora una discordia. El Madrid ganó. Fue despedido con silbidos. Y Vinícius se marchó cabizbajo. A saber todo lo que pasa ahora por su mente con la renovación sin cerrarse.

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