A pesar de los titulares que hablan de la explosión de la burbuja del hidrógeno, la Agencia Internacional de la Energía concluye en su último informe sobre este vector energético que “los proyectos de hidrógeno de bajas emisiones crecerán con fuerza pese a la ola de cancelaciones y los desafíos persistentes”. Javier Brey, presidente de la Asociación Española del Hidrógeno (AEH2), se muestra igual de optimista: “Hemos tenido 24 meses en los que los proyectos se han reordenado. Algunos de ellos no tenían sentido ni económicamente ni tecnológicamente. Gracias a ello, ahora tenemos una cola de proyectos que tienen mucho más sentido”.
Marc Torell Faro, investigador del Institut de Recerca en Energia de Catalunya (IREC), hace un llamamiento a la calma y señala que la situación actual no tiene nada que ver con la de inicios de este siglo, “cuando sí hubo una burbuja y todo se hundió porque la tecnología aún no estaba preparada”. “Quisimos correr demasiado”, añade el investigador, quien a modo de anécdota recuerda que Barcelona ya contaba con un autobús de hidrógeno en el año 2000. “A diferencia de entonces, ahora sí está preparado tecnológicamente el hidrógeno”, asegura el experto. Torrell achaca la cancelación de proyectos a la finalización de las ayudas de las que se ha beneficiado este vector energético hasta ahora. “Esta gran inyección de dinero ha llegado a su fin y la inversión se está normalizando. Además, hay que tener en cuenta que estamos ante una transformación compleja y que será lenta, pero el mercado va llegando poco a poco”, asegura.
Para el presidente de AEH2, la mejor muestra del interés que sigue despertando el hidrógeno es el anuncio por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de una segunda contribución al sistema europeo de subastas como servicio del Banco Europeo del Hidrógeno, destinado a impulsar proyectos nacionales de producción de hidrógeno verde o renovable. La nueva aportación, de 415 millones de euros, se suma a los 3.077 millones aportados por el Gobierno central en la primera subasta.
“Hay apoyo institucional y las empresas apuestan por el hidrógeno, pero falta que se cree un mercado y el mercado viene de la mano de la regulación”, advierte Brey. En esta misma línea, Torrell afirma que “la clave está en tasar la quema de metano fósil (o gas natural) para que el hidrógeno pueda ser competitivo en precios frente al gas”. El investigador del IREC explica que “ya hay capacidad tecnológica para generar hidrógeno con un precio de venta de 3 €/kg” y recuerda que “los primeros proyectos estaban en torno a los 10-11 €/kg”. Según el experto, con 1 kilo de hidrógeno se podrían recorrer 100 kilómetros en coche.
La producción de hidrógeno de bajas emisiones podría multiplicarse por cinco hacia el año
El hidrógeno es un viejo conocido, especialmente para el sector industrial, pero el que se consume hoy en día se genera a partir de combustibles fósiles. La apuesta es por el que se conoce como hidrógeno verde, que es generado a partir de electricidad de origen renovable. En este sentido, Torrell explica que “el gran coste es el precio del kW”. El hidrógeno no se considera una energía, sino un vector energético. Su principal ventaja es que no conlleva la emisión de gases de efecto invernadero ni de contaminantes atmosféricos, pero también cabe destacar la independencia energética que proporciona al permitir a los países dejar de depender de las potencias gasistas y petroleras.
La Agencia Internacional de la Energía estima que la producción de hidrógeno de bajas emisiones podría multiplicarse por cinco hacia el 2030, hasta 4,2 millones de toneladas (Mt), y alcanzar 6 Mt si se aplican políticas que estimulen la demanda.

