Trump: el gran hombre de la “paz”

EE. UU.

Trump: el gran hombre de la “paz”
Luis Fernando Coello
Analista Senior de Estrategia de Banca March

Aunque la idea de adquirir Groenlandia puede parecer hoy en día una extravagancia, forma parte de la tradición histórica estadounidense. En 1848, William H. Seward afirmaba que Estados Unidos estaba destinado a extender su dominio más allá de las barreras de hielo del norte. Años más tarde, ya como secretario de Estado, materializó la compra de Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares (133 millones de dólares actuales), una operación inicialmente ridiculizada como “la caja de hielo de Seward”, pero que, con el tiempo, demostró su enorme valor estratégico y económico.

Parece que Trump pretende presentarse como una suerte de nuevo Seward, retomando la lógica del Destino Manifiesto, doctrina que sostenía que Estados Unidos tenía la misión divina de extender la democracia y los elevados valores morales por el mundo. En este caso, Groenlandia, ese trozo de hielo con un valor esencial en la paz mundial, como lo calificó en Davos, es su nuevo objetivo.

Una vez más, la amenaza ha terminado en acuerdo. Veremos a qué precio”

No obstante, a diferencia de la “Rusia Americana”, como se conocía a Alaska antes de su compra, el Reino de Dinamarca —país del que depende Groenlandia— no tiene intención de venderla. Además, la anexión requeriría el apoyo de dos tercios del Senado y la financiación del Congreso, donde los republicanos no tienen la representación suficiente. Tras el discurso en Suiza, las aguas se calmaron dentro de la OTAN. Una vez más, la amenaza ha terminado en acuerdo. Veremos a qué precio.

Adicionalmente, el nuevo adalid de la libertad se enfrenta a otro obstáculo: la democracia. En un año de elecciones legislativas, cualquier gesto mal calculado perjudicará su popularidad, en mínimos ya solo comparables a los de Nixon en el Watergate. El Congreso, concentrado en la agenda doméstica, no muestra tampoco interés en respaldar aventuras exteriores, lo que explica la fugacidad del último aspaviento.

Así pues, recién iniciado el segundo año de Trump, conviene recordar algunas lecciones clave:

  • Es esencial mantenerse invertido y evitar decisiones precipitadas. La política exterior “trumpista” sigue el patrón amenaza, negociación y acuerdo, generando volatilidad, pero también oportunidades, como se ha demostrado esta semana.
  • La deuda soberana a largo plazo no protege del riesgo geopolítico. El elevado endeudamiento público reduce la capacidad diversificadora de estos instrumentos. En su lugar, activos como los metales preciosos ofrecen mayor protección.
  • Las tensiones en la OTAN impulsan mayores presupuestos en defensa. Se estima que la UE podría llegar al 4,7% del PIB en gasto militar si utiliza plenamente el mecanismo de escape. Trump pretende elevar el presupuesto estadounidense hasta 1,5 billones de dólares. Más combustible para la industria.

El Destino Manifiesto reaparece como narrativa legitimadora, ahora combinada con la rebautizada doctrina “Donroe”. Sin embargo, a diferencia de Seward, Trump no pretende expandir la democracia, sino contrarrestar la creciente influencia china. Para el autoproclamado paladín de la paz, contener de forma discreta esta expansión se ha convertido, ahora mismo, en una prioridad. No obstante, los votantes están mirando y sin una seguridad política el huracán naranja tendrá que ser más selectivo.

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