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La invisible generación sándwich

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El perfil de un integrante de esta generación, la que cuida tanto del hijo como del padre, que busca al mismo tiempo guarderías y residencias, es el de una mujer de 49 años, que dedica 20,6 horas a la semana a estos cuidados y que compagina este rol con su actividad profesional. Son 60.000 personas en Catalunya, el 40% del total de cuidadores informales en la comunidad, pero no se les ve. Parecen invisibles, no reciben retribución y no tienen reconocimiento social, aunque son fundamentales para que la sociedad funcione.

Cuidar al mismo tiempo de los padres y de los hijos es lo que define a la generación sándwich      

Cuidar al mismo tiempo de los padres y de los hijos es lo que define a la generación sándwich      

Alex García

“El primer día que tuve que limpiarle el culo a mi padre, me mentí diciéndome que era igual que cuando se lo limpiaba a mi hijo: venga Carmen, que es lo mismo. Pero no. No es lo mismo”. El personaje de Carmen de la novela “Los siguientes”, de Pedro Simón, formaría parte de la generación sándwich, aquella situada entre 45 y 64 años que tiene que cuidar tanto de los padres como de los hijos; en su caso tanto de su padre Antonio como de su hijo Hugo. En las páginas del libro fluye el relato de tres hermanos, Carmen, Darío y Gabriel, cada uno desde su perspectiva, que tienen que decidir cómo cuidar a su progenitor, antaño fuerte y ahora en plena decadencia.

En la novela también asoma la tendencia habitual a cargar a las mujeres esta responsabilidad. Lo cuenta Carmen al explicar que “yo tenía tres bonitas papeletas para hacerme cargo de papá a distancia que mis hermanos no tenían: vivía muy cerca de su piso, trabajaba con ancianos como nuestro padre, era mujer”. Consciente de a donde lleva la corriente establecida, Carmen maniobra y consigue evitar solo hasta cierto punto quedar especialmente penalizada.

Estos apuntes son el inicio de una trama en la que el lector, a partir del segundo o tercer capítulo, aquí ya depende de la sagacidad de cada uno, empieza a sospechar a quién se refiere el título del libro, “Los siguientes”, y en consecuencia, decidir si se siente o no aludido personalmente.

Pedro Simón, autor del libro “Los siguientes” , de la editorial Espasa                            
Pedro Simón, autor del libro “Los siguientes”, de la editorial Espasa                            Esteban Palazuelo

Regresando del universo de los libros a la existencia más terrenal, la ficticia Carmen podría ser una de los 60.000 personas muy reales que en Catalunya forman parte de esta generación sándwich. Son el 40% del total de cuidadores informales de personas mayores, un total de 151.000, es decir, prácticamente el 2% de la población catalana, según indica un estudio realizado por L'Observatori de Dona, Empresa i Economia (ODEE) de la Cámara de Comercio de Barcelona.

Es un colectivo que es fundamental para que la sociedad funcione, pero que permanece invisible, no recibe retribución ni tampoco una mínima consideración social. El informe lo retrata perfectamente. Muestra como son las mujeres, oh, sorpresa, las que asumen la mayor responsabilidad y pagan por ello un precio superior. No solo suponen la mayoría, el 66%, sino que, además, son las que dedican más horas a estos cuidados informales, seis horas más por semana, 49,3 frente a 43,8 horas de los hombres. Las consecuencias son que el 64% están cansadas, el 41% tienen problemas de salud, y un 19% están en tratamiento médico; porcentajes en todos los casos superiores a los que sufren los cuidadores masculinos. Son datos de Catalunya, pero probablemente perfectamente trasladables al conjunto de España.

Este estudio también lleva a cabo una valoración económica de estas curas informales, calculando que les tocaría cobrar 14,11 euros por hora, lo que supondría un impacto económico directo de 5.811 millones en Catalunya en el año 2020-2021. Es el resultado de una traducción monetaria de estas horas aplicando el salario del convenio en el sector. Si se le añaden efectos indirectos e inducidos, el total escalaría hasta los 10.000 millones.

Son indispensables, aunque invisibles, sin retribución y socialmente poco valoradas

Situada la dimensión monetaria, precisemos qué es y quiénes forman la generación sándwich, que suponen una parte sustancial del colectivo de cuidadores informales. Su definición la formuló Dorothy Miller en 1981, cuando los calificó como los hijos adultos de personas mayores, que están emparedados (sandwitched) entre sus padres ancianos y sus hijos en desarrollo. Ya entonces Miller apuntó que experimentan un gran stress, lo que tiene toda la lógica, con la doble carga que estas personas llevan encima, compaginada además en muchos casos con su participación en el mundo laboral; una realidad que estudios posteriores van certificando.

Lo cierto es que son muchos, sobre todo mujeres, y van en aumento. El envejecimiento de la población tiene estas derivadas tan sabidas como muchas veces ignoradas. Los cuidados informales no dejan de ser la cobertura práctica de lo que no cubre la administración pública en nuestro estado del bienestar. Unos cuidados tan normalizados, silenciosos y no reconocidos que parecen invisibles y que recaen sobre las mujeres especialmente.

Un atavismo histórico que sigue plenamente vigente. Los datos de Catalunya lo muestran. Lo decíamos, dos de cada tres de los miembros de esta generación sándwich son mujeres. Y esto tiene un precio. Son las mujeres las que tienen más probabilidades de dejar de trabajar o reducir su jornada laboral para dedicarse a estos cuidados; son también las que ven más recortado su tiempo de ocio y, además; las que sufren más impacto en su salud, con más síntomas de cansancio y depresión.

A las cuidadoras les correspondería cobrar 14,11 euros por hora, lo que supondría un impacto económico de 5.811 millones en Catalunya

Este peso de la mujer en los cuidados informales queda reflejado cuando se dibuja un perfil de la persona cuidadora en España. Más de la mitad son de la generación sándwich y la fotografía que aparece es el de una mujer de 49 años, que dedica 20,6 horas a la semana a estos cuidados, que lleva ya tres años prestándolos, y que compagina este rol con su actividad profesional. La encuesta  del Observatorio Cinsa de los Cuidados, que realizó este perfil el mes pasado, muestra también que esta actividad absorbe energía y tiempo, restándolo para otras actividades.

En definitiva, esta generación sándwich lleva tiempo aquí y está no solo para quedarse, sino condenada a aumentar sus filas en los próximos años, por el envejecimiento de la población y porque tendrá que seguir cubriendo los dos frentes a la vez, el de los hijos, y el de unos padres que vivirán más tiempo. Solo un dato. El peso de la población mayor de 64 años pasará del 19% que suponía en el 2022 hasta rozar el 30% en el 2050. La tendencia es clara.

Son invisibles porque estos cuidados se han relegado al ámbito privado cuando en realidad es un problema social que tendría que abordarse en el espacio público. Tocaría pasar de la feminización actual de los cuidados a una socialización y profesionalización de estas tareas. Algo que, reclaman en el sector, también se tendría que abordar desde el ámbito de la empresa, aportando flexibilidad para los trabajadores con estas responsabilidades. Se quejan, por ejemplo, de que hay más facilidades para cuidar a los niños que a los mayores.

Llegados a este punto, no vamos a revelar el final de “Los siguientes” ni la sorpresa que contiene. Solo apuntar la mala conciencia que persigue a Carmen, en su rol de integrante de la generación sándwich. Un sentimiento de culpa tan insistente como injustificado por el cuidado del padre; y unos cambios vitales que ella resume en una reflexión: “Mi padre empezaba a olvidar. Y cuando mi padre empezó a olvidar, todos nos pusimos a recordar”.

Jaume Masdeu Burch

Jaume Masdeu Burch

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Redactor jefe de la sección de Economía de Guyana Guardian

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