
El Gobierno descarrila
Hay quien piensa que los accidentes ferroviarios registrados en las últimas semanas pueden hacer descarrilar al Gobierno. Sin embargo, no es esto lo que opinan los socialistas, que siguen manteniendo contra viento y marea que no hay elementos suficientes para adelantar las elecciones generales. Para Pedro Sánchez se trata de una fatalidad más de las que ha tenido que afrontar durante sus siete años y ocho meses de mandato. Después de la tormenta, escampa.
Probablemente tengan razón quienes piensan así. Todo apunta a que el ministro de Transportes, Óscar Puente, no dimitirá, dado que sería un acto de debilidad que el Gobierno de coalición progresista no se puede permitir. Los socios del bloque de investidura tampoco apoyarán una moción de censura que presente el PP ni forzarán una moción de confianza.
Vamos a salto de mata y esta improvisación empieza a pasar factura
Como mucho se podría cesar al presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, pero sería el cuarto presidente que cayera en menos de ocho años, y así no hay quien gestione una empresa, ni pública ni privada. Lo que sí se acepta de forma generalizada es que el accidente ferroviario de Adamuz, unido al caos de Rodalies, está aumentando el desgaste político que viene sufriendo el Ejecutivo semana tras semana. Tendremos la oportunidad de comprobarlo el 8 de febrero cuando se celebren las elecciones autonómicas de Aragón. Los sondeos de opinión no pronostican nada bueno para la izquierda en general ni para los socialistas en particular. Se trata de unas elecciones que anticipan lo que va a suceder en las generales. Al menos así ha sucedido en los últimos once comicios celebrados en esta comunidad autónoma.
El accidente ferroviario ha permitido visualizar el mal funcionamiento del Estado. Una falta de gestión que se puso en evidencia en la Seguridad Social, donde era imposible conseguir una cita para tramitar una pensión, y que se ha ido extendiendo al sector público empresarial. El apagón reveló el deficiente gobierno de Red Eléctrica. Por no hablar de Correos, Renfe, Adif, la sanidad, la educación, las estadísticas… El eslogan que llevó a los socialistas de Felipe González al poder en 1982 fue “que España funcione”, pero parece que lo han olvidado porque nada funciona. El hecho de no tener presupuestos desde hace tres años es un indicador de que España no va bien. Es cierto que se puede seguir gastando, pero se ha dejado de planificar, vamos a salto de mata y esta improvisación empieza a pasar factura. En el Gobierno no hay buenos gestores. La mayor parte de los ministros fueron elegidos por razones políticas y de equilibrio de poder. Son cargos políticos, pero este desprecio a la meritocracia se ha ido extendiendo a puestos intermedios e instituciones. Por no hablar de las empresas públicas, en general ocupadas por personas sin experiencia para el cargo. Y es esto lo que ha quedado en evidencia con el accidente ferroviario. Que el Gobierno descarrile es solo cuestión de tiempo.