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Opinión
La IA es imparable. Desde la llegada del chatGPT, los expertos consideran que de todo lo que se publica en internet, la mitad ha sido generado por IA y todo el mundo es consciente de la cantidad de fakes que esto representa. Tanto es así, que este pasado año la palabra elegida como más importante del diccionario inglés de Merriam-Webster ha sido la palabra “slop”, cuya traducción equivaldría a basura.
Con la introducción de la IA generativa (IAG) el proceso se ha acelerado, puesto que esta tecnología ha sido la más rápida en adopción de toda la historia, superando incluso lo que representaron los teléfonos móviles. El pasado mes de agosto, Open AI lanzó el GPT-5 considerado como el producto más revolucionario puesto en el mercado hasta ahora.
Inversiones
Crear IA requiere levantar centros de datos y gastar
A pesar de este lanzamiento y todos los antecedentes, la indefinición tecnológica continúa siendo prácticamente total incluyendo unas inversiones que siguen siendo estratosféricas y la mayoría de ellas con retornos indefinidos. De hecho, la industria tecnológica de EE.UU. Necesita supercomputadoras mayores que el tamaño de la mayoría de ciudades del mundo. Para el entrenamiento del modelo, son necesarias grandes cantidades de energía y agua. Este es el gran problema.
La totalidad de estos fondos se enfoca principalmente en los centros de procesamiento de datos donde firmas como la de Sam Altman invierten billones de dólares. Meta, Google, Microsoft y Amazon dedicarán este curso 340.000 millones de dólares a estos centros. Estas instalaciones impulsan la reindustrialización actual y su proliferación constante demandará inyecciones de capital cada vez más cuantiosas. Es importante mencionar que, aparte de estas estadísticas, se debe valorar el inmenso gasto de energía que suponen estos complejos.

Además, tenemos un problema de falta de transparencia ya que por muchas informaciones que se den, es muy difícil saber qué se utiliza y cuánta energía se consume. La opacidad actual debería transformarse en transparencia.
Todo ello provoca opiniones de todo tipo sobre la posibilidad de que la IA se convierta en una burbuja y que finalmente explote. Es curioso constatar que ya existen varias opiniones reconocidas, que dan por supuesto que esto sucederá. Un ejemplo, son las declaraciones del presidente del Consejo de Open AI, Bret Taylor que incluso llega a admitir que la burbuja va a estallar y mucha gente va a perder mucho dinero. Hay que tener en cuenta, que si esto es así, sería en unos momentos de una elevadísima deuda pública de EE.UU.
Si después de todo esto, los mercados siguen al alza, una de las razones podría ser que en caso de que estallara, la Reserva Federal saldría a su rescate. Al final, la división está entre la gente que acepta la utilidad práctica de la IA y quienes no sólo piensan que puede estallar la burbuja, sino que también recelan de su impacto en el bienestar de la humanidad.