Javier Sastre, fundador de El Cirerer: “Un buen jardín es el que encaja con el lugar y con quien lo habita”
Jardinería
Javier Sastre impulsa un proyecto de paisajismo, diseño y mantenimiento de jardines para particulares, empresas e instituciones

Un jardín residencial creado por El Cirerer, con una combinación de vegetación mediterránea y materiales duraderos
Durante años, Javier Sastre trabajó en grandes estructuras empresariales vinculadas al transporte y la logística. Lideró equipos, gestionó presupuestos y coordinó procesos complejos en multinacionales donde la eficiencia y la precisión eran fundamentales. Pero en ese recorrido profesional hubo un punto de inflexión. “Llega un momento en el que te das cuenta de que eres solo un número dentro de una empresa enorme”, recuerda. Fue entonces cuando empezó a plantearse un cambio de rumbo.
Ese giro en su carrera profesional no fue inmediato ni impulsivo. Tras dejar una multinacional, Sastre se incorporó a una empresa más pequeña del sector de los materiales para jardines, donde asumió primero funciones administrativas y, poco después, la responsabilidad total de la logística. Allí no solo organizaba transportes o proveedores, sino que empezó a conocer en profundidad el producto. Aprendió cómo se instala el césped artificial, cómo funcionan los distintos materiales y qué necesita realmente un cliente final. “Siempre he sido muy curioso y me gusta entender bien aquello con lo que trabajo”, explica.

Así, en 2023 tomó la decisión definitiva y nació El Cirerer. “Quería que la empresa fuera operativa antes de querer abrirla, tenerlo todo bien atado antes de empezar a dar servicio”, señala, por lo que creó una página web, habló con jardineros, proveedores y clientes y se sumergió en el mundo de las finanzas. En febrero de 2024 se dio de alta como autónomo y empezó oficialmente la actividad.
Desde entonces, El Cirerer, con sede en el Vallès, se ha especializado en la instalación de césped artificial, tarima sintética y diseño de jardines, combinando la parte más técnica con una visión estética y funcional del espacio. A ello se suma el mantenimiento periódico de jardines, terrazas y zonas verdes para particulares, empresas, colegios y otras instituciones, principalmente en Barcelona, el área metropolitana y el Maresme. “Nos encontramos con clientes muy distintos, desde alguien que quiere disfrutar de su jardín cada semana hasta empresas que necesitan un mantenimiento puntual”, defiende.
La clave es poder asesorar bien a un cliente, ayudarle a elegir la ubicación ideal de las plantas y encontrar el equilibrio
Uno de los rasgos que define el proyecto es la cercanía con el cliente. Sastre huye de un trato distante y estandarizado. “No tratamos a la gente como un número, igual que yo no quería serlo”. Cada proyecto se adapta a las necesidades del espacio y de la persona, buscando soluciones prácticas, duraderas y coherentes con el entorno.
El crecimiento del proyecto ha sido rápido. El primer año cerró con una facturación cercana a los 80.000 euros, mientras que en el segundo la cifra se disparó hasta los 200.000 euros. Un salto que ha permitido invertir en maquinaria, vehículos y equipo humano. “La clave es poder asesorar bien a un cliente, ayudarle a elegir la ubicación ideal de las plantas y encontrar el equilibrio”, apunta.

Esa visión se refleja también en el tipo de jardines que diseñan. Predomina un enfoque mediterráneo, con plantas de bajo consumo de agua y materiales pensados para resistir el clima y las restricciones actuales. “La gente está cada vez más concienciada con el ahorro de agua y con hacer jardines sostenibles”, explica. Olivos, laureles, moreras o aromáticas conviven con plantas exóticas cada vez más adaptadas a las nuevas temperaturas.
Pero más allá de las especies o los materiales, en El Cirerer ponen el acento en el asesoramiento y en entender bien cada espacio antes de intervenir. No se trata solo de embellecer un jardín, sino de pensar cómo se va a usar, qué mantenimiento requiere y qué sentido tiene para quien lo habita. “Muchas veces el trabajo está en decirle al cliente dónde no poner una planta o por qué algo no va a funcionar”, reconoce. Una manera de trabajar que busca evitar soluciones forzadas y construir espacios pensados para durar.
La gente está cada vez más concienciada con el ahorro de agua y con hacer jardines sostenibles
De cara al futuro, Sastre tiene el objetivo de abrir un pequeño almacén con showroom propio. Un espacio donde los clientes puedan ver jardines prediseñados, materiales instalados y acabados antes de tomar decisiones. “No se trata solo de ir a casa del cliente, sino que también puedan venir a vernos y sentirse cómodos”. Un lugar pensado para reforzar la proximidad y mejorar la experiencia.
Su objetivo es construir una empresa que perdure, que mantenga la calidad del servicio y que siga siendo cercana, incluso a medida que crece. “Tengo muy claro que crecer no puede hacerse a costa de perder cercanía; ese es el riesgo de morir de éxito”, concluye.
Lecciones de Vanguardia
“No os rindáis. Emprender exige muchas más horas de las que uno imagina al principio, pero cuando tienes claro lo que quieres y ves los resultados, compensa”.
