Construir mejor para consumir menos: por qué el estándar Passivhaus avanza en la vivienda
K·Line
La construcción bajo el estándar de la vivienda pasiva se consolida como una alternativa eficiente para reducir el consumo energético y mejorar el confort en un parque residencial con graves carencias de aislamiento

Una vivienda diseñada bajo el estándar Passivhaus prioriza el aislamiento térmico y el confort interior durante todo el año

Durante años, el aislamiento térmico fue una de las grandes asignaturas pendientes de la vivienda en España. Se construía pensando en la superficie, la orientación o el precio, mientras que la eficiencia energética quedaba en un segundo plano. Hoy, ese enfoque empieza a cambiar. El aumento del coste de la energía, una mayor conciencia sobre el confort interior y una normativa cada vez más exigente están empujando a promotores, arquitectos y propietarios a replantearse cómo se construye y se rehabilita la vivienda.
En este contexto gana protagonismo la vivienda pasiva, un modelo constructivo que propone reducir de forma drástica la demanda energética desde el diseño del edificio. Más que apoyarse en sistemas activos de climatización, el estándar Passivhaus prioriza una envolvente térmica altamente eficiente, el control de las infiltraciones de aire y un aprovechamiento inteligente de la luz natural, con el objetivo de mantener una temperatura estable y un alto nivel de confort durante todo el año.
El déficit de aislamiento, una asignatura pendiente
Este cambio de paradigma avanza, sin embargo, de forma desigual. Una parte significativa del parque residencial sigue presentando un aislamiento insuficiente, lo que se traduce en un mayor consumo energético y en facturas más elevadas, especialmente en los meses de mayor demanda de calefacción y refrigeración. Según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el aislamiento deficiente continúa siendo uno de los principales factores que penalizan la eficiencia energética de los hogares. A ello se suma que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), solo una minoría de propietarios ha realizado actuaciones específicas para mejorar la envolvente térmica de su vivienda.

Las viviendas pasivas se apoyan en una envolvente térmica diseñada para aislar al máximo el interior del exterior y reducir las pérdidas energéticas. Muros, cubiertas, suelos y huecos constructivos trabajan de forma conjunta para mantener una temperatura estable durante todo el año, independientemente de las condiciones climáticas. Este planteamiento responde tanto a una mayor sensibilidad medioambiental como a los objetivos marcados por la normativa europea, que impulsa la construcción de edificios de consumo de energía prácticamente nulo.
Dentro de esa envolvente, las ventanas adquieren un papel especialmente relevante. Pueden concentrar entre un 30% y un 40% de las pérdidas energéticas de una vivienda si no cuentan con las prestaciones adecuadas, ya sea por la transmisión térmica del cerramiento o por las infiltraciones de aire asociadas a carpinterías poco eficientes o sistemas de sellado deficientes. Por este motivo, el estándar Passivhaus eleva de forma significativa las exigencias técnicas de las ventanas, priorizando una estanqueidad prácticamente total, un elevado aislamiento térmico y un aprovechamiento óptimo de la luz natural.
La industria ante el reto que plantea la vivienda pasiva
En este escenario de mayor exigencia técnica, los fabricantes de carpinterías juegan un papel determinante. La evolución del estándar Passivhaus ha obligado a replantear materiales, diseños y sistemas de apertura para responder a criterios cada vez más estrictos en términos de aislamiento, durabilidad y confort. Es aquí donde gana protagonismo K·Line, fabricante de ventanas de aluminio con más de 25 años de trayectoria en España, cuyo desarrollo de producto se alinea con las demandas de la vivienda pasiva y de los edificios de consumo de baja energía.
En los proyectos alineados con este estándar, el aluminio de altas prestaciones se ha consolidado como una solución eficaz. Su resistencia y estabilidad permiten fabricar carpinterías precisas y duraderas, capaces de integrar sistemas de alto aislamiento y de mantener sus prestaciones a lo largo del tiempo. En el caso de K·Line, impulsores de la hoja oculta, esta evolución se traduce en perfiles de aluminio reducidos y de diseño minimalista, que permiten incrementar entre un 15% y un 20% la superficie acristalada respecto a soluciones convencionales, favoreciendo la entrada de luz natural sin comprometer el rendimiento térmico.
A estas prestaciones se suman soluciones como las bisagras ocultas con apertura de hasta 180°, que refuerzan la continuidad visual del conjunto y mejoran el confort de uso, así como manillas sin escudo lacadas en el mismo color de la carpintería, para una integración estética total. Destaca también la nueva KL-FHP con apertura paralela, la primera del sector, que ofrece una versatilidad total en la apertura sin renunciar a las exigentes prestaciones de estanqueidad y eficiencia energética propias de las viviendas de consumo casi nulo o del estándar Passivhaus. El acristalamiento desempeña igualmente un papel clave: la incorporación de triple vidrio contribuye de forma decisiva a reducir los puentes térmicos y a optimizar la estanqueidad al aire de la envolvente, uno de los requisitos más exigentes del estándar Passivhaus.

Más allá del rendimiento térmico, las ventanas intervienen en otros aspectos clave del estándar Passivhaus, como el control de la humedad interior y la correcta ventilación de los espacios. Las soluciones a medida permiten un ajuste preciso al hueco de obra, reduciendo el riesgo de filtraciones y condensaciones, mientras que los sistemas de apertura facilitan la ventilación natural de las estancias y contribuyen a mantener una buena calidad del aire interior.
El impacto ambiental, un factor cada vez más determinante en la edificación
A la eficiencia energética se suma el impacto ambiental de los materiales utilizados. El aluminio destaca por ser un material infinitamente reciclable sin pérdida de propiedades, lo que lo convierte en una opción alineada con los principios de la economía circular. Este factor adquiere un peso creciente en un sector que busca reducir su huella de carbono a lo largo de todo el ciclo de vida del edificio.
En esta línea se enmarca el programa de sostenibilidad K·Line Planet, que articula distintas iniciativas orientadas a minimizar el impacto ambiental de la actividad industrial. Entre ellas destaca CORALIUM, la primera planta de fundición de aluminio bajo en carbono de Francia, impulsada por la propia compañía para reciclar ventanas al final de su vida útil y producir nuevos tochos de aluminio destinados a la fabricación de nuevas soluciones.
De este modo, las viviendas pasivas y los edificios de consumo de energía casi nulo se consolidan como una respuesta eficaz al déficit de aislamiento del parque residencial. Un modelo que combina eficiencia energética, confort y sostenibilidad, y en el que la calidad de la envolvente —con las ventanas de altas prestaciones como uno de sus elementos clave— resulta determinante para avanzar hacia una edificación más responsable y preparada para los retos energéticos del futuro.


