Jesús Costa Vila, experto en cirugía de la presbicia: “Corregir la vista cansada es recuperar libertad, no solo visión”
Oftalmología
Admiravisión aborda la vista cansada con soluciones quirúrgicas que reducen la dependencia de las gafas en la vida diaria

Prof. Dr. Jesús Costa Vila, presidente ejecutivo y director médico de Admiravisión
Ocho horas delante del ordenador, dos más viendo una película o una serie y varias mirando el móvil casi sin darse cuenta. Ese maratón de pantallas muestra por qué la vista cansada —presbicia— ya no es un simple síntoma de la edad, sino un compañero incómodo del día a día. Y también explica por qué ha cambiado el tipo de paciente que llega a consulta: personas que siguen activas, viajan, hacen deporte, trabajan y quieren mantener su autonomía sin depender de unas gafas para cada gesto.
Para ellos, la presbicia no es un simple cambio de graduación, sino una molestia que aparece en los momentos más cotidianos: revisar el móvil, leer una etiqueta o trabajar unas horas de más. Es una incomodidad pequeña, pero constante, que les obliga a adaptar gestos que antes hacían sin pensar. “Lo que nos aseguran a menudo es que no quieren vivir pendientes de unas gafas. Buscan recuperar una visión ágil, cómoda y que acompañe su ritmo de vida”, señala el Dr. Jesús Costa Vila, director médico de Admiravisión.
¿Qué es realmente la vista cansada?
La presbicia no aparece de golpe, sino como una evolución natural del cristalino, la lente interna del ojo. El Dr. Costa Vila recurre a una imagen muy gráfica para definirlo: en la juventud, ese cristalino se parece a una lenteja flexible, capaz de cambiar de forma y enfocar a distintas distancias. Con los años, va ganando volumen y perdiendo elasticidad, hasta parecerse más a un garbanzo cada vez más rígido.
Ese proceso hace que el zoom del ojo se vaya agotando. Entre los 40 y los 45 años suele aparecer la primera dioptría de vista cansada. Entre los 45 y los 50, la necesidad aumenta hasta dos dioptrías; a partir de los 50, la progresión continúa hasta alcanzar seis o siete dioptrías en algunos casos.
“Lo que antes era un momento puntual —leer un libro o el periódico— ahora está presente todo el día: el móvil, la pantalla del coche, el portátil, las tabletas… Nunca habíamos exigido tanto trabajo de cerca a nuestros ojos como ahora”, manifiesta el Dr. Costa Vila.

El papel de las pantallas y la fatiga visual
Las pantallas modernas han añadido un factor extra. Las primeras pantallas de ordenador, con fondo negro y letras verdes, eran relativamente amables con la visión. Ahora, casi todo lo que miramos tiene fondo blanco luminoso y texto oscuro, lo que implica un foco de luz constante.
Al mantener la pupila más tiempo contraída y reducir el parpadeo espontáneo, esta exposición prolongada puede favorecer la fatiga visual, problemas de sueño e incluso un aumento de la miopía en los más jóvenes, según apuntan distintos estudios que el equipo de Admiravisión sigue de cerca. Para los adultos, el impacto se nota sobre todo en la sensación de cansancio ocular y en la dependencia de las gafas para cualquier tarea de cerca.
“Estamos rodeados de pantallas a menos de 30 centímetros todo el día. Eso multiplica las horas de esfuerzo de nuestra visión próxima y hace que la vista cansada se viva con mucha más intensidad que hace una generación”, apunta el Dr. Costa Vila.
De las gafas a la cirugía: qué opciones existen hoy
Durante años, la solución habitual para la presbicia han sido las gafas de cerca o las progresivas. En algunos casos se han utilizado también lentes de contacto combinadas (un ojo para lejos y otro para cerca), lo que se conoce como monovisión. Sin embargo, para muchos pacientes estas soluciones resultan incómodas o no les encajan con su estilo de vida.
En Admiravisión, la apuesta va enfocada a la corrección quirúrgica cuando el ojo está sano y el paciente encaja en los criterios de seguridad. “La vista cansada no es un problema estático; va avanzando. Por eso preferimos soluciones que no obliguen a ir ‘retocando’ de forma repetida una córnea sana con láser si tenemos alternativas más estables”, defiende el Dr. Costa Vila.
El Dr. Costa Vila identifica tres técnicas posibles para corregir la presbicia
1. Lentes de cámara anterior: son lentes que se implantan dentro del ojo, delante del iris y sin tocar el cristalino. Suelen indicarse entre los 40 y los 50 años, cuando la presbicia ya molesta, pero el cristalino todavía no está muy envejecido. La gran ventaja es que se trata de una cirugía reversible: si en el futuro el paciente necesita otro tipo de corrección, la lente se puede retirar y el ojo queda como estaba.
2. Sustitución del cristalino por una lente trifocal: es un procedimiento similar a la cirugía de cataratas, pero con lentes premium diseñadas para ver bien de lejos, de intermedio y de cerca. “En la práctica, adelantamos la cirugía de la catarata y aprovechamos para corregir la presbicia con una lente que ofrece foco a varias distancias”, explica el director médico. Esta opción suele plantearse a partir de los 50 años o cuando el cristalino ya muestra signos de envejecimiento.
3. Alternativas como la monovisión o ciertos láseres sobre la córnea se reservan cada vez más para casos concretos, porque no todos los pacientes se adaptan a ver de lejos con un ojo y de cerca con el otro, y porque la presbicia sigue avanzando con el tiempo.

No todos los ojos pueden operarse de la misma manera. Patologías de la retina, de la mácula o del nervio óptico —por ejemplo, algunas formas de glaucoma— pueden limitar el uso de lentes trifocales al reducir el contraste de la imagen. Aproximadamente, un 80% de los pacientes que consultan por vista cansada pueden ser candidatos a una solución quirúrgica integral; el resto requiere alternativas personalizadas o un seguimiento más conservador.
“La condición imprescindible es que el ojo esté sano. Si ya tenemos una enfermedad en la retina o en el nervio óptico, no podemos añadir una lente que reduzca algo el contraste, porque el paciente no estaría cómodo”, resume el Dr. Costa Vila.

Cuando el caso es adecuado, la experiencia postoperatoria suele llamar la atención de los pacientes por su rapidez. La intervención dura alrededor de diez minutos por ojo, se realiza con anestesia local y la recuperación funcional es muy ágil. En unas 48 horas, cuando desaparece el efecto de las gotas que dilatan la pupila, el ojo empieza a enfocar con normalidad. El tratamiento con colirios se mantiene unas cuatro semanas.
La diferencia visual se nota de varias maneras: aumenta la profundidad de campo, mejora el contraste y los colores se perciben más vivos. “Muchos pacientes nos dicen que con el ojo operado ven los colores más limpios y el otro ojo les parece amarillento. Es la mejor demostración de lo que supone quitar un cristalino oxidado y sustituirlo por una lente transparente”, acaba el Dr. Costa Vila.
Más allá de la tecnología, Admiravisión insiste en el enfoque global del paciente: analizar su estilo de vida, sus expectativas y su estado ocular antes de proponer una solución. La cirugía de la vista cansada no se plantea como un gesto estético, sino como una inversión a medio plazo en autonomía.

