La jornada comenzó con una escena que acaparó titulares: Nicolás Maduro, el presidente venezolano capturado, fue trasladado al helipuerto del centro de Manhattan, rumbo al juzgado estadounidense. Una imagen cargada de simbolismo político que refleja el giro inesperado en la historia reciente de Venezuela.
Mientras tanto, en Caracas, la tensión seguía latente. Partidarios armados del derrocado mandatario vigilaban los mercados, intentando frenar la especulación en los precios de los productos básicos. Una postal que muestra cómo la crisis se vive en las calles, entre control y resistencia.
En contraste con estas escenas, Tokio celebró la tradición y la belleza del arte: en el Nippon Budokan, participantes se concentraron en el primer concurso de caligrafía del Año Nuevo, trazando caracteres con pinceles impregnados de tinta negra. Un momento de serenidad y cultura en medio del bullicio global.
El invierno también dejó su huella. En Huntly, Reino Unido, la nieve cubrió las calles, obligando a la Oficina Meteorológica a emitir alertas por posibles interrupciones en los viajes. A cientos de kilómetros, el Campo de Marte en París se transformó en un manto blanco, ofreciendo una vista mágica junto a la Torre Eiffel.
En Harbin, China, el frío extremo no detuvo a los más valientes: un nadador emergió de una piscina tras lanzarse al agua helada, desafiando las temperaturas gélidas en una tradición que simboliza fuerza y resistencia.























