Farah Diba reivindica la figura de su hijo y comparte su pena: “Cada niño muerto reaviva mi dolor”
Familia real iraní
La que fuera emperatriz de Irán sigue siendo una figura muy respetada, involucrada en la promoción de la cultura iraní y fomento de los derechos de las mujeres

La emperatriz de Irán, Farah Pahlavi, en un acto público en el 2024 en París.
“Queridos compatriotas, su valentía, patriotismo y altruismo durante estos últimos días se han ganado la admiración del mundo entero”, ha escrito la emperatriz Farah Diba (87) en su cuenta personal de Instagram junto a unas imágenes en las que un manifestante encapuchado sostiene una foto de su hijo, el príncipe heredero Reza Pahlavi.
Más allá de esta reivindicación política de la figura de su primogénito, la esposa del último sha ha expresado también su tristeza por los más inocentes: “Cada niño cuya sangre se derrama reaviva en mí el dolor insoportable de perder a mis propios hijos. Ofrezco mi apoyo y condolencias a las madres y padres iraníes y comparto su dolor. También extiendo mis más sinceras condolencias a todos los compatriotas que han perdido a sus seres queridos en este levantamiento nacional y deseo una pronta recuperación a los heridos”.
En su mensaje, escrito solo en árabe, también hace un llamamiento a los soldados y las fuerzas de seguridad iraníes. Les dice que “ningún interés puede justificar el derramamiento de la sangre de sus compatriotas”. “Únanse a sus hermanos y hermanas y no aten su destino al de los asesinos. Un Irán libre mañana también pertenece a sus hijos”, concluye la que fuera emperatriz de Irán, quien a sus 87 años es una figura muy respetada. Sigue involucrada en la promoción de la cultura iraní, además de ser símbolo de modernización y fomento de los derechos de las mujeres iraníes.
Cuando la dinastía Pahlevi parecía ya enterrada por la historia, las voces de un cambio de régimen en Irán la han vuelto a resucitar como una alternativa a los ayatolás. El heredero al desaparecido trono del Pavo real, Reza Pahlevi, se ofrece desde hace años para guiar una transición democrática en el país. Mientras unos lo ven como la gran esperanza para un cambio de gobierno, otros lo consideraban un símbolo del pasado con más apoyos fuera que dentro de Irán, algo que habría cambiado en los últimos meses, ganando también apoyos en el país en el que durante su infancia estuvo destinado a reinar.

Su hija y primogénita, la princesa Noor, también dio un paso al frente en los últimos meses con su activismo en las redes sociales y se la vio participar en Los Ángeles en la manifestación a favor de la democracia en Irán en el mes de junio. Los Pahlevi sí mantienen un apoyo extendido entre los iraníes expatriados, y en una declaración en Instagram el mismo mes, la nieta mayor de la emperatriz Farah Diba, nacida en el exilio familiar hace 33 años, aseguró que “a su familia nada le gustaría más que (su padre) no arriesgara su vida de esta manera, pero ama a su país y a su gente, y hará lo que sea”. Además, avisa de que el hijo del último sha de Persia solo “acepta liderar el período de transición temporal”.
Han pasado 46 años desde que la revolución islámica apartó a los Pahlevi del futuro de Irán. Fue a bordo de un Boeing 727 pilotado por el mismo sha Reza cuando, con la excusa de unas vacaciones, la familia inició un largo periplo en el que vagaron por Marruecos, Bahamas, México, Estados Unidos, Ecuador, Panamá y, finalmente, tras saberse apátridas, Egipto, el país que les acogió y donde un año después murió por un cáncer linfático el último sha.

Antes de eso, el sha Reza se casó tres veces. El primer matrimonio fue con Fawzia de Egipto, sobrina del rey Faruk. Ella nunca se acostumbró a la corte iraní, y solo tuvieron a la princesa Shahnaz Pahlaví. En segundas nupcias se casó con Soraya, la llamada princesa de los ojos tristes, cuya infertilidad llevó al sha de nuevo al divorcio. Y finalmente se unió a la que fue su única emperatriz, Farah Diba, a quien por su estilo llamaron la Grace Kelly de Oriente Medio.
Ella le dio cuatro hijos –los dos más jóvenes, los príncipes Alí Reza y Leila, se suicidaron, algo que ella achacó al exilio– y acompañó al sha hasta sus últimos días. Ahora, Diba reside entre París y Connecticut, cerca de donde viven sus otros dos hijos, el príncipe heredero Reza y la princesa Farahnaz. Esta última mantiene una discreta vida en Nueva York, nunca se ha casado y no tiene ninguna actividad pública.

Por su parte, Reza Pahlevi (60), quien se ha erigido como pretendiente al desaparecido trono del Pavo real, usado para referirse a los sitiales de emperadores persas desde el siglo XVII, se define como un devoto musulmán pese a defender un Estado secular para Irán. “Es un asunto privado, pero si quieren saberlo, soy, por supuesto, por educación y convicción, musulmán chiita. Soy un hombre de fe”, reconoció en una entrevista.
Se casó con la abogada Yasmine Etemad-Amini, a la que conoció en 1985 cuando ambos eran exiliados iraníes en Estados Unidos. Tras un año de noviazgo, se casaron el 12 de junio de 1986 en Greenwich (Connecticut) cuando ella tenía 17 años y él, 25. Juntos han tenido tres hijas, las princesas Noor, Iman (31) y Farah (21), quienes viven, estudian y trabajan en Estados Unidos y, como las princesas jordanas, no llevan velo islámico. El pasado 6 de junio, justo antes del inicio de la ofensiva israelí, la mediana eligió París para la fiesta de su boda con Bradley Sherman, estadounidense de confesión judía. El enlace civil tuvo lugar en Nueva York semanas antes. La lujosa fiesta en París, documentada por Point de vue, evidenció que los Pahlevi no pasan estrecheces económicas pese al casi medio siglo de exilio.

La dinastía fue fundada en 1925 por el bisabuelo de la novia, el primer sha Pahlaví, un soldado iraní nacido en una humilde aldea, de origen ni real ni aristocrático, que llegó a ser ministro de la guerra y luego fue coronado sha con el apoyo británico tras destituir a la dinastía Kayar.
El primer sha Pahlaví nombró así a su saga en referencia a la escritura del idioma persa, manera de abrazar el nacionalismo iraní preislámico. Su hijo, el último sha, pidió al mundo que usaran Irán en lugar de Persia, y así fue. “Llevaré a mi pueblo al rango de nación avanzada entre todas las del mundo”, fue la promesa incumplida de Reza en su coronación, y su hijo, presente a los siete años en ese solemne acto, promete lo mismo. Él ha dedicado su vida a desear el fin de la República Islámica de Irán.