El relato en el Real Madrid de Xabi Alonso, el fugaz

El vasco, destituido

El entrenador, contratado para potenciar al conjunto, no logra triunfar tras 225 días al mando.

Soccer Football - Spanish Super Cup - Final - FC Barcelona v Real Madrid - King Abdullah Sports City Stadium, Jeddah, Saudi Arabia - January 12, 2026 Real Madrid president Florentino Perez shakes hands with Real Madrid coach Xabi Alonso after losing the Spanish Super Cup final REUTERS/Vincent West

Distante recepción de Florentino Pérez a Xabi Alonso en Arabia, el contacto final previo a su destitución.

Vincent West / Reuters

Las Claves

  • Real Madrid despidió a Xabi Alonso tras perder la final de la Supercopa de España contra el Barça después de solo doscientos veinticinco días.

Llegó con la intención de transformar el Real Madrid, aportando ese aire de renovación que le faltaba a un conjunto merengue monótono y conformista, aunque al final Xabi Alonso sale sin pena ni gloria de la entidad, despedido ayer luego de caer en la final de la Supercopa de España contra el Barça. Su antiguo colega Álvaro Arbeloa, que pasa del Castilla al primer equipo toma su relevo. La institución informó que las dos partes daban por finalizada su relación de “mutuo acuerdo”, manifestando asimismo “cariño y admiración” hacia el antiguo entrenador.

“Es el inicio de una etapa llena de ilusión e intensas emociones porque llega uno de los mejores entrenadores del mundo. El club siempre tiene hambre de títulos, pero seguro que juntos volveremos a compartir muchas alegrías”, Florentino Pérez introdujo al tolosarra el 26 de mayo del 2025. El panorama venidero detallado por el mandatario se alejó bastante de la realidad y escasos 225 días más tarde, únicamente aventajado en fugacidad por Lopetegui (137) y Rafa Benítez (215), el máximo responsable de la entidad despidió al entrenador de manera repentina y sorpresiva. La hipótesis madridista que mencionaba a un Madrid fortalecido después de la Supercopa, únicamente vencido por un tanto ante el histórico adversario, fue invalidada súbitamente por Florentino.

“Tengo el presentimiento de que empezamos algo bonito”, manifestó durante su regreso al Madrid un Xabi Alonso con “la energía necesaria para dar un impulso” para transformar el frustrante curso final de Ancelotti. La afición blanca y el entorno periodístico del Madrid otorgaron un voto de confianza en su debut en el Mundial de Clubs al técnico, respaldado por la legendaria Bundesliga obtenida con el Leverkusen. Los expertos percibieron más aspectos positivos que carencias en ese conjunto que fue derrotado con claridad en las semifinales de la nueva competición frente al PSG (4-0). De hecho, ciertos futbolistas habían dejado atrás la apatía de la campaña pasada, como se apreció con Güler, buscando demostrar su talento ante el nuevo entrenador.

El vasco no alteró el esquema estratégico madridista, tal como quedó demostrado en su último revés frente al Barça.

“Claro que tengo una idea de cómo jugar. Quiero que el equipo transmita emoción, energía, ambición, y que conecte con la gente. Será fundamental para que esta etapa empiece bien”, señaló en su acto inicial Xabi Alonso, que se sentía apto para transformar un conjunto predecible en un sistema de presión avanzada y otorgarle “un sentido colectivo” con el fin de lograr “florecer las individualidades”. Nada estuvo más distante de lo sucedido.

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El técnico de Guipúzcoa pretendía instaurar “un juego proactivo y con iniciativa”, sin embargo, su actuación definitiva como preparador merengue se asemejó al Mourinhismo más severo. El Madrid perdió en Yida siguiendo una táctica muy conservadora, encerrado en su campo y aguardando a que Vinícius y finalmente Mbappé definieran el choque. Lo verídico es que las cifras, válidas para una etapa inicial, no terminaron con este ciclo (24 victorias, 4 empates y 6 derrotas), sino la impresión que daba el de Tolosa, con poco magnetismo ante la prensa, y la que exhibía la plantilla, apática y cercana a la de la campaña previa, sin rastro de la evolución prometida. Muy pocos tenían fe en la mejora del bloque a mitad de curso, entre ellos bastantes integrantes del vestuario viendo su desempeño. Mbappé ha mantenido su racha goleadora, pero Vinícius y Bellingham, entre otros, resultan un reflejo pálido de lo que fueron. ¿Cuál es la identidad del Madrid?, era la duda que más circulaba en el entorno madridista.

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Xabi Alonso da instrucciones a Vinícius durante un partido del Real Madrid. 

Michael Regan / Getty

Los planes de Alonso se torcieron al perder el control sobre sus futbolistas. “Necesito cercanía con los futbolistas para sentir qué está pasando”, sostuvo en su puesta de largo, ignorando lo que le aguardaba dentro del vestuario. Valverde declinó desempeñarse como lateral por la derecha y, a raíz de dicho testimonio, el uruguayo participó en varios choques desde el centro del campo. Pese a ello, Vinícius es quien verdaderamente ha minado su ascendencia en el plantel. El éxito en el clásico de la Liga aspiraba a ser un revulsivo, pero el brasileño, con su rabieta al ser cambiado, provocó una disputa que acabó beneficiando al extremo. Las reiteradas indicaciones desde el área técnica para que Vinícius ayudara atrás carecían ya de impacto.

Alonso dejó de liderar a la escuadra tras los desafíos planteados por Valverde y, especialmente, Vinícius.

Para concluir, Mbappé terminó de sepultar el liderazgo de Alonso ante el vestuario al oponerse al míster durante el festejo blaugrana de la Supercopa: el vasco se encontraba listo para realizar el pasillo a los ganadores hasta que el francés dirigió a sus colegas hacia otro sitio, arrastrando al mismo entrenador. Aquella constituyó la postrera y penosa visión en el campo, en su etapa de técnico del Real Madrid, de Xabi Alonso, el breve.

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