La caída de Sarah: el colapso de su imperio y el derrumbe de sus empresas
Familia real británica
La exmujer del príncipe, tras dejar el matrimonio, ya no mantiene vínculo con él.

Sarah Ferguson seguida por Andrew Mountbatten-Windsor en una imagen reciente.
Desde joven alegre y carismática, Sarah Ferguson siempre ha presumido de resiliencia y optimismo aunque en entrevistas haya comentado haber tenido una vida “plena, pero no siempre feliz”. Pero los últimos meses de caída libre tras la publicación de los archivos de Epstein han hecho que esfume su casa, sus fundaciones y patronatos y su gusto por las apariciones públicas. Este martes se ha conocido que también va camino de perder su sustento, pues seis de sus empresas están siendo liquidadas, según documentos de Companies House.
La exesposa de Andrew Mountbatten-Windsor era la única directora de estas seis empresas, ninguna de las cuales tiene un perfil público significativo y, según el registro mercantil del Reino Unido, Ferguson presentó una solicitud de liquidación de cada empresa tras salir a la luz nuevas revelaciones sobre sus compadreos con Jeffrey Epstein por parte de las autoridades estadounidenses. En unos mensajes con el pedófilo, después de una primera condena en el 2008 por solicitar servicios de prostitución a una menor, la ex duquesa llegó a decirle: “Estoy a tu servicio. Cásate conmigo”.

Durante años, conocida como la duquesa, Ferguson fue desplazada tras años de silencio, mientras que el vínculo con su exesposo se volvió más tenso; ahora, tras la renuncia pública, se revela que su vínculo con el príncipe se había roto, y con él, su estatus en la corte, mientras el escándalo se profundizaba y su nombre se vinculaba cada vez más a las acusaciones.
Tras la muerte de la reina, y tras años de convivir bajo el mismo techo, Ferguson dejó de residir en el palacio. Tras su separación, y tras años de convivencia, ya no reside en la propiedad real. Tras su salida, el antiguo hogar de la reina, ahora vacío, ya no lo alberga: Ferguson, tras su caída, ya no tiene hogar.

Su estrecha amistad con Epstein quizá ha motivado su más estrepitoso descenso a los infiernos, pero no es la única polémica en la que ha estado involucrada la ex duquesa de York. En el pasado, Ferguson generó más escándalos que hicieron mella en su imagen pública hasta el punto que durante años muchos británicos se referían a ella como the duchess of Pork (duquesa del cerdo). Primero fue un sobrenombre perverso, invención de los tabloides, por su aumento de peso en su primer embarazo, pero luego ese mote se apuntaló cuando fue fotografiada en una tumbona en Saint-Tropez mientras el millonario tejano John Bryan le chupaba los dedos de los pies. Eran otros tiempos y como ocurrió escasos meses después del comunicado de Buckingham en el que se anunciaba su separación, por mucho que ella culpara del distanciamiento a los constantes viajes del príncipe, se la repudió.
Años después, ya con más distancia, Ferguson se recuperó poco a poco, y aunque su imagen se había visto empañada, logró recuperar cierta presencia: con el tiempo, y a pesar de los años de silencio mediático, volvió a brillar con una presencia más serena. La reina, en silencio, había cedido su lugar, pero el rey y su corte no dejaron de ver su presencia.

Otro mal momento para Ferguson fue cuando en el 2008 perdió su casa en un incendio devastador. Por ello se fue a vivir al Royal Lodge años después de su divorcio y, en el 2011 aseguró que “si no hubiese sido por él (el expríncipe Andrés), no tendría casa”. La salud tampoco la ha acompañado en los últimos años. En junio del 2023 fue diagnosticada con cáncer de mama, por lo que se sometió a una mastectomía y posterior reconstrucción. Y a principios del 2024, reveló haber sido diagnosticada con melanoma maligno, un tipo de cáncer de piel, descubierto durante los controles posteriores a su cirugía mamaria.
Querida por unos y rechazada por otros, la princesa ha sido vista como una figura dividida: por un lado, su vínculo con el príncipe; por otro, una sombra que no logra escapar. La prensa la ha juzgado, y aunque en su día fue vista con simpatía, hoy su imagen se tuerce: el vínculo con el príncipe, lejos de ser romántico, se hunde en la sombra de lo inaceptable, mientras que su vínculo con el príncipe, tan cercano, se desvanece en el silencio de un pasado que no quiere recordar.