Daniel Schröder, actor de 'La Promesa': “Me puse a llorar. Pensé: esto está pasando, más vale que lo asumas”
Entrevista
El actor catalán reflexiona en 'Guyana Guardian' sobre cómo pasó de ser servir copas a convertirse en uno de los protagonistas de la serie insignia de Televisión Española

El actor Daniel Schröder en una foto de estudio (2026)

Pocos años atrás de que el público lo identificara como Samuel en La Promesa, Daniel Schröder (Lloret de Mar, 1996) pasaba las horas detrás de una barra. Recién estrenada su veintena, empezó a trabajar como camarero en una localidad caracterizada por una fuerte influencia del turismo y la hostelería. Su vida parecía encaminarse por esa vía, hasta que, un verano, un agente de modelos que veraneaba en la zona se fijó en él mientras servía copas. Tenía 22 años. Le preguntaron si quería probar suerte en aquel mundo y aceptó sin pensarlo.
El salto fue vertiginoso. En cuestión de semanas, un joven Schröder protagonizaba anuncios para firmas reconocidas. Sin embargo, fue durante uno de aquellos castings cuando tomó conciencia de la fuerte rivalidad que latía en aquel mundo. Aquella constatación le llevó a matricularse en una escuela de interpretación en Barcelona con la intención de perfeccionar sus aptitudes frente a la cámara para obtener tres años después la diplomatura. Casi sin proponérselo, descubrió allí que su verdadera pasión era la actuación. Entre otros beneficios, se sintió atrapado por el intenso trabajo emocional que la profesión requiere.
“Es fantástico poder acceder a tus emociones, sacarlas afuera y contar historias. Yo creo que todo el mundo tiene historias que contar y si ves que un público te escucha detenidamente, es muy satisfactorio. Todos nos queremos sentir escuchados, queridos y recogidos”, reflexiona el actor en conversación con Guyana Guardian.
“Lo de modelo lo recuerdo con cariño. Me permitió salir de una vida que sentía demasiado rutinaria, y yo la rutina no la llevo bien. Me enfrentó a muchas cámaras, a distintos países y a situaciones muy diversas. Durante más de siete años trabajé como autónomo, buscándome la vida y entendiendo cómo funciona todo. Eso me espabiló mucho. Es verdad que no me llenaba del todo, pero mejoró mi vida. A la moda le debo mucho. Me permitía también tener tiempo libre para estudiar interpretación”.
Un esfuerzo extenuante entre el modelaje y los estudios que encontró su recompensa a finales de 2024, materializado en una propuesta formal de incorporarse a La Promesa, la serie insignia de TVE, distinguida con un Emmy Internacional, en la que daría vida al padre Samuel. Schröder evoca aquel instante con absoluta nitidez. Se encontraba en la estación de Sants cuando recibió la confirmación. “Me puse a llorar. Pensé: esto está pasando, más vale que lo asumas”.

“Aún me estoy construyendo como actor. Estoy más pendiente de mejorar que de cuestionarme”
Según explica, desde aquella primera llamada para unirse al elenco, la creación de su personaje en la serie y sus rasgos claroscuros han ido tomando forma de manera gradual.“Samuel es muy agradecido porque te permite abrir muchos caminos. Creo que su parte más oscura es que viene de una familia muy adinerada y, si el día de mañana las cosas van muy mal, tiene dónde recogerse. Aunque en su historia familiar no haya una buena relación, no va a morirse de hambre”, apunta.
Pese a su corta experiencia como intérprete, conjugado con el innegable éxito de la ficción, que él mismo atribuye al impecable trabajo coral de todo el equipo, el síndrome del impostor se resiste de momento en instaurarse en el artista catalán. “Sigo construyéndome como actor. Estoy más centrado en mejorar que en cuestionarme”, asegura.
Alejado del estereotipo
Más allá de Samuel, Schröder adopta una postura práctica frente a la posible etiqueta que podría perseguirle tras haberse metido en la piel durante dos años en un papel que el público ve en pantalla casi a diario. A pesar de tratarse de su primer gran proyecto, de momento no percibe ese peligro; de hecho, a medio plazo le gustaría encaminar su trayectoria hacia la comedia. Sin embargo al actor sí que le inquieta que su pasado en el mundo del modelaje o su agraciada apariencia física terminen condicionando los papeles que le ofrezcan en el futuro.
“Yo intento actuar, no salir en mejor en plano. Ellos se encargan de la iluminación, que sales guapísimo, pero no estoy pendiente de hacer buena cara. Entonces, yo creo que con el tiempo esto se va a ir valorando, al menos con los equipos, con los que yo trabajo”.
“Con esa mentalidad, me quedo tranquilo. A partir de ahí, confío en el boca a boca también. Al final en la industria esta se conoce mucha gente y se habla. Y si alguien comenta: 'Pues Daniel no está pendiente solo de salir guapo, sino está pendiente de hacer su trabajo', me quedo más tranquilo porque no es lo que busco”.

