Carlos Hernández de Miguel y su batalla contra la omisión de la memoria histórica
In memoriam
El recientemente fallecido periodista dedicó diez años a investigar la represión franquista y la deportación de españoles a campos nazis. ‘Historia y Vida’ le entrevistó a raíz de la publicación de uno de sus libros
Jordi Évole: El abrazo que no pude darle a Carlos Hernández

El periodista madrileño Carlos Hernández de Miguel

El pasado 3 de febrero, Carlos Hernández de Miguel se despedía mediante una “carta desde el más allá” en la que reflexionaba sobre la inacción internacional ante las guerras y masacres que tienen lugar en estos momentos en el mundo, su concepción de lo que debe ser el periodismo como servicio a una sociedad democrática y su advocación de una política realmente responsable con la ciudadanía.
Fogueado en Antena 3 como cronista parlamentario, más tarde ejerció como corresponsal de guerra en conflictos como Kosovo, Palestina, Afganistán o Irak. Su experiencia en la información internacional y política y su sensibilidad social se sumaron a un interés por contiendas del pasado. En 2015 publicaba Los últimos españoles de Mauthausen, en el que reconstruyó, a partir de documentación inédita, la trayectoria de nueve mil españoles que se vieron internados en campos de concentración nazis, con la connivencia del régimen de Franco. De este volumen partió la novela gráfica Deportado 4443, con ilustraciones de Ioannes Ensis.
En 2019 apareció Los campos de concentración de Franco, en el que volcó a fondo su investigación sobre el sistema concentracionario franquista. Con este motivo le entrevistó Joaquín Armada Díaz para Historia y Vida, diálogo que reproducimos aquí. Para este libro, Hernández de Miguel cartografió los casi trescientos centros que la dictadura mantuvo en funcionamiento desde el inicio de la Guerra Civil hasta 1947, dando acceso público a la información en una base de datos online.




Hernández de Miguel siempre reivindicó en sus artículos periodísticos la necesidad de profundizar en la memoria histórica y la reparación, y sus últimos años mostró su preocupación por el ascenso de los movimientos autoritarios, para lo que extraía lecciones de los años treinta del pasado siglo. “A la extrema derecha no se la apacigua, se la combate”, escribió, señalando el menoscabo para la democracia de normalizar ideas excluyentes y discursos de odio.