Historia contemporánea

Carlos Malamud, historiador: “Los militares en Argentina fueron juzgados porque hubo consenso social en que las atrocidades de la dictadura debían ser castigadas”

Entrevista

La dictadura argentina tomó el poder hace 50 años tras derrocar a Isabel Perón, la viuda del general. Conversamos con el experto Carlos Malamud, quien acaba de publicar un libro sobre el golpe y el régimen militar.

El historiador Carlos Malamud, autor de ‘Golpe militar y dictadura en Argentina’ (Los Libros de la Catarata)

El historiador Carlos Malamud, autor de ‘Golpe militar y dictadura en Argentina’ (Los Libros de la Catarata)

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Han transcurrido cincuenta años desde el golpe de Estado que sumió a Argentina en una espiral de terror. Los militares, durante su régimen, reprimieron con ferocidad toda disidencia política, real o ficticia, en nombre de ideales reaccionarios. Como en otras naciones que el historiador José Álvarez Junco denomina “pasado sucio”, también aquí se ha desatado un conflicto por la memoria. Carlos Malamud, catedrático emérito de Historia de América en la UNED, aborda este período conflictivo en Golpe militar y dictadura en Argentina (Los Libros de la Catarata, 2026),

Malamud reside en España desde 1976, cuando se instaló para escapar de la persecución política. No obstante, no ha permitido que esta experiencia personal influya en su investigación. Su libro no es un testimonio de denuncia, sino un trabajo de historiografía, en el que realiza un esfuerzo colosal por abordar las grandes preguntas con objetividad. Por eso, su obra resulta, de cierto modo, incómoda para los dogmáticos de cualquier facción. Lo que el lector hallará, ante todo, es la pasión por comprender. Algo que con frecuencia escasea en la literatura militante, que ignora el sabio consejo de Michael Corleone en El Padrino III: “No odies a tus enemigos, te impide juzgarles”.

En España, sobre la Guerra Civil, se publicaron obras como Todos fuimos culpables. La suya refleja un fenómeno similar: la teoría de los dos demonios, que sostiene que la culpa se distribuyó por igual entre la izquierda y los militares. ¿Por qué esta interpretación es históricamente errónea?

Es cierto que hubo violencia de ambos lados, aunque mi libro se centra únicamente en exponer la llamada teoría de los dos demonios y en cuestionar algunos de sus extremos más controvertidos. No obstante, en primer lugar, el terrorismo de Estado no fue en absoluto comparable al terrorismo de las organizaciones guerrilleras, ni en magnitud ni, mucho menos, en responsabilidad, ya que los militares dirigían el aparato del Estado durante la dictadura y una de sus funciones era, teóricamente, garantizar la legalidad. Esto no excluye que, al asignar responsabilidades, también se consideren las violaciones de la legalidad cometidas por las organizaciones guerrilleras.

Juramento de Jorge Rafael Videla como presidente de facto impuesto por la Junta Militar el 29 de marzo de 1976
Juramento de Jorge Rafael Videla como presidente de facto impuesto por la Junta Militar el 29 de marzo de 1976Dominio público

No todos fueron igualmente responsables, pero eso no significa que, en el bando de la izquierda, todos fueran inocentes. Su libro revela el auge de la lucha armada de izquierda a principios de los años setenta. En las organizaciones guerrilleras se creía que el golpe militar les favorecería. ¿Qué los llevó a pensar así?

En la izquierda no solo hubo víctimas, sino también verdugos, pero ese aspecto lo ignora el relato hegemónico sobre las violaciones de los derechos humanos (DD. HH.). Tras años de un amplio consenso político y social sobre el significado de la dictadura y las violaciones de los DD. HH., se entró en una fase de mayor polarización, en la que solo existían víctimas y responsabilidades —políticas y legales— de un único bando.

La guerrilla creyó que el golpe los favorecería, pues pondría en evidencia las contradicciones del sistema, revelaría el rostro represivo de las Fuerzas Armadas (FF. AA.) Y la movilización popular los fortalecería y aceleraría el proceso de “acumulación de fuerzas”. En cierta medida, prevalecía la teoría de “cuanto peor, mejor”, al tiempo que consideraban que no podían estar en peor situación, tras casi dos años enfrentando sucesivos ataques tanto de la represión oficial como de la paramilitar (la Triple A, entre otros).

El golpe de Estado de 1976 no fue una sorpresa para nadie. ¿Por qué?

Desde hacía meses se conocía la firme intención de las FF. AA. De derrocar al gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, Isabelita, completamente desacreditado tanto políticamente como económicamente. La única incertidumbre no era si se produciría un golpe, sino cuándo sucedería, pues los militares aguardaban el momento más oportuno. Tras la muerte de Perón en 1974, la situación política y la capacidad de gobernar fueron empeorando progresivamente.

Isabel Perón con la banda presidencial
Isabel Perón con la banda presidencialDominio público

¿Dictadura cívico-militar o simplemente militar?

Dictadura militar. Es cierto que hubo civiles colaborando en todos los niveles de la Administración y que la prensa, la Iglesia, los partidos tradicionales e incluso los sindicatos respaldaron el golpe, o al menos no se les opuso; o que se puede hablar también de un amplio consenso social detrás del movimiento golpista. Es más, la tan discutida política económica, diseñada inicialmente por José Alfredo Martínez de Hoz, fue ideada y aplicada por civiles. Sin embargo, todas las medidas políticas fundamentales, incluyendo las que condicionaban la gestión económica, la guerra abortada con Chile o la guerra de las Malvinas, las tomaban los militares.

Aunque algunos generales, como Videla, destacaron, no hubo nadie que ejerciera un poder personalista. El Ejército actuó como corporación. ¿Había diferencias dentro de sus filas?

De hecho, no había ningún jefe militar que se destacara como un gran caudillo ni que poseyera mucho carisma, como lo habían sido Perón en los años cuarenta u Onganía en los sesenta. En 1976 fueron las FF. AA. Como corporación las que llevaron a cabo el golpe y ejercieron el poder durante toda la dictadura. Existían profundas contradicciones entre las tres armas (Ejército de Tierra, Fuerza Aérea y Armada, o Marina) e incluso dentro del Ejército (entre Infantería, Caballería y Comunicaciones, entre otros), así como en la forma de interpretar al peronismo: ya sea como un recurso para contener al comunismo o como un instrumento de la subversión.

El general Jorge Rafael Videla en una imagen de 1978, cuando presidía la Junta Militar argentina
El general Jorge Rafael Videla en una imagen de 1978, al frente de la Junta Militar argentinaPropias

El peronismo abarca a personas que van desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. Recuerdo mi asombro al leer las felicitaciones de Perón a los sacerdotes de izquierda. ¿Les decía a todos lo que deseaban escuchar?

A veces sí, pero no en todos los casos. Lo hacía en busca del equilibrio, pues Perón favorecía en ocasiones un extremo y en otras el opuesto, por su particular manera de interpretar la política y organizar el Movimiento que había creado y lideraba. Sabía que era necesario incluir a “buenos” y “malos”: “Si quiero llevar solo a los buenos, me voy a quedar con muy poquitos. Y en política con muy poquitos no se puede hacer mucho”.

Sin embargo, cuando Montoneros decidió continuar con su campaña de “propaganda armada”, incluyendo intentos de asaltar instalaciones militares o realizar atentados, como el que provocó la muerte del líder sindical José Ignacio Rucci, entonces optó por ejercer con firmeza su liderazgo y aplicar todo el peso de la represión contra quienes consideraba se habían transformado en sus adversarios.

José Ignacio Rucci, junto a Perón, en 1972
José Ignacio Rucci, junto a Perón, en 1972Dominio público

Uno de los aciertos de su estudio es enmarcar la dictadura dentro de su contexto internacional. ¿De qué manera afectaron la Guerra Fría y regímenes como el de Pinochet la realidad argentina?

La comparación resulta siempre fundamental, y desde esta óptica, el contexto latinoamericano y la evolución de la Doctrina de la Seguridad Nacional resultan esenciales. La Guerra Fría, marcada por un fuerte sentimiento antiimperialista, también fue decisiva para comprender la trayectoria de los militares, quienes, con el propósito de contener el comunismo, impulsaban la instauración de dictaduras militares en sus naciones. Durante las décadas de 1960 y 1970, solo existían cuatro democracias en América Latina: Colombia, Venezuela, Costa Rica y, a su manera, México.

La izquierda ha solido atribuir todos los problemas al imperialismo estadounidense. Pero su estudio revela la responsabilidad de las élites locales. ¿Cómo deberíamos abordar este tema?

EE. UU. Tenía sus propios intereses, tanto globales como hemisféricos, pero estos no siempre alineaban con los de los militares (tanto argentinos como de otros países latinoamericanos). En el caso del golpe de 1976 y la dictadura que siguió, las FF. AA. Persiguieron su propia agenda, como quedó claro no solo bajo el gobierno de Jimmy Carter, sino también durante la guerra de las Malvinas o en otros momentos decisivos de todo el período. De hecho, uno de los mayores defectos de la llamada Teoría de la Dependencia, al enfocarse excesivamente en la responsabilidad del imperialismo yanqui por todo lo ocurrido en América Latina, fue que eximía de culpa a las élites políticas y económicas que dirigían sus respectivos países.

El historiador Carlos Malamud
El historiador Carlos MalamudCedida

Avancemos hacia la siempre delicada cuestión de las cifras. Algunos mencionan 30.000 desaparecidos y consideran inamovible ese número. Otros lo reducen para absolver a la dictadura. ¿Sería factible una estimación en términos objetivos, sin pasiones políticas de por medio?

Se debería buscar establecer un marco objetivo, basándose en las fuentes primarias que aún existen. Es casi seguro que las fuerzas armadas eliminaron gran parte de sus archivos, y los que sobreviven probablemente se encuentran bien protegidos fuera del país. La memoria de las víctimas exige un esfuerzo de historiadores y otros científicos sociales por reconstruir lo sucedido, incluso en cuanto al número de desaparecidos.

Es cierto que existen innumerables obstáculos para avanzar, pero rechazar categóricamente la elaboración de un listado lo más exhaustivo posible y permanentemente actualizable solo genera frustración, e incluso fomenta posturas negacionistas que explotan el sufrimiento de ciertas víctimas cuyo papel aún no ha sido plenamente reconocido. No se logrará un mejor entendimiento del pasado ni mitificando hasta el límite la cifra de los 30.000 ni rechazándola por completo. Por desgracia, el presentismo y el uso político del pasado han terminado por banalizar el debate.

La Iglesia argentina, a diferencia de la chilena, es conocida por su extremo conservadurismo. ¿En qué forma respaldó a la dictadura?

De diversas formas, desde la Conferencia Episcopal hasta los vicarios castrenses (sacerdotes que servían en instalaciones militares). El sentimiento mesiánico y profundamente nacionalista de la mayoría de la Iglesia los llevó a verse como una barrera contra el ateísmo comunista. La corriente dominante dentro de la jerarquía eclesiástica respaldó la dictadura, aunque no faltaron voces disidentes de obispos y sacerdotes que se opusieron a la represión.

No puedo evitar hacerle una pregunta delicada. Jorge Bergoglio: Schindler argentino para algunos, colaboracionista para otros. ¿Qué opina usted?

Que desde sectores cercanos al kirchnerismo se enfocaron las críticas en un obispo que mantenía fuertes desacuerdos con el gobierno. Incluso, tras ser elegido papa, Cristina Fernández de Kirchner fue muy contundente en sus acusaciones, aunque por un cálculo político tuvo que retractarse rápidamente y se convirtió en una entusiasta seguidora del papa argentino.

El papa Francisco en 2008, con la entonces presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner
El papa Francisco en 2008, junto con la entonces presidenta argentina Cristina Fernández de KirchnerCasa Rosada / CC BY-SA 2.0

Los argumentos kirchneristas, no verificados, contra Bergoglio giraban en torno a que el papa había denunciado a dos jesuitas, posteriormente secuestrados por los militares y encarcelados en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), o que habría participado en el secuestro de un bebé en ese mismo centro clandestino de detención. Estas acusaciones presentaban ciertas variaciones: el papa no había hecho nada por rescatar a sus compañeros de orden o había sido extremadamente complaciente con la dictadura, a la que no había desafiado abiertamente.

La euforia del deporte

¿En qué medida el Mundial de Fútbol de Argentina, celebrado en 1978, contribuyó a legitimar a la dictadura?

El Mundial, al igual que otras manifestaciones de gran impacto, como la guerra de las Malvinas, sirvió para impulsar el nacionalismo argentino, un sentimiento profundamente arraigado en la sociedad y que trasciende las divisiones ideológicas. Incluso Montoneros terminó sumándose al acontecimiento, y, tras intentar una campaña de deslegitimación de la dictadura, aprovechando la copa de fútbol, defendió abiertamente la victoria argentina.

Finalizado el Mundial, un medio de gran circulación tituló: “Argentina es hoy un país de paz”. Sin embargo, el clima de euforia que se vivía actuó como anestesia para los militares, que, cegados por el triunfo, tomaron decisiones erróneas. Por ejemplo, no lograron consolidar grupos políticos de apoyo civil a la dictadura militar.

Cuando estalló la guerra de las Malvinas, figuras de izquierda, como Ernesto Sábato, respaldaron la invasión de las islas. Separaban el régimen, que rechazaban, de la causa nacional. ¿No se daban cuenta de que una victoria contra los británicos habría reforzado la dictadura?

El nacionalismo y la convicción profundamente arraigada desde la infancia de que las Malvinas son argentinas prevalecieron sobre cualquier razonamiento lógico. El respaldo a la “recuperación” de las islas fue casi unánime, con apenas algunas, muy pocas, voces disidentes. Una de ellas fue la de Raúl Alfonsín, aunque incluso él, al principio, también respaldó la opción militar, antes de distanciarse rápidamente. De hecho, los Montoneros se convirtieron en “Montoneros argentinos” por su firme apoyo a la invasión, e incluso llegaron a planificar operaciones conjuntas con comandos de la Armada.

Una vez que el país recuperó la democracia, ¿cómo se logró llevar a juicio a los militares?

Gracias a la voluntad política del presidente Alfonsín, al éxito de la comisión Nunca Más y su informe, que sentó las bases para la acusación contra las juntas, al inquebrantable compromiso de los magistrados de la Cámara Federal y la Fiscalía y, sobre todo, a un amplio consenso social que exigía sancionar las atrocidades cometidas durante la dictadura.

¿Qué actitud tiene el actual gobierno de Javier Milei hacia el régimen militar?

En 2024, durante la conmemoración del 48.º aniversario del golpe militar, el gobierno de Javier Milei se aproximó a la ceremonia con el lema “Memoria, Verdad y Justicia completa”, en lugar del tradicional “Memoria, Verdad y Justicia”. La inclusión de “completa” sugiere que ciertos fragmentos de la historia han sido excluidos del relato oficial kirchnerista sobre los derechos humanos. Asimismo, publicó un video en el que cuestionaba la cifra de 30.000 desaparecidos y cuestionaba el eje central del discurso kirchnerista sobre la dictadura y los derechos humanos.

Una mujer y un niño asisten a una manifestación en 2024 con motivo del Día de la Memoria por los 48 años del golpe de Estado que instauró la dictadura militar de Argentina 
Una mujer y un niño toman parte en una manifestación en 2024 con motivo del Día de la Memoria por los 48 años del golpe de Estado que instauró la dictadura militar en Argentina Juan Ignacio Roncoroni / EFE

¿Qué lección podríamos sacar de aquellos años sombríos para el presente?

Es imprescindible rechazar todo tipo de mesianismo y de supuestos salvadores de la patria, ya sea quienes pretendían “tomar el cielo por asalto”, incluso mediante la lucha armada, o aquellos que se proclamaban defensores de la patria y de la civilización occidental y cristiana, sacrificando vidas mediante asesinatos, secuestros, desapariciones y torturas. Durante los años de hierro y en todos los que los antecedieron, prácticamente nadie, ni de izquierda ni de derecha, creía en la democracia, lo que permitió justificar acciones completamente ajenas a la Constitución, a la legalidad y a las instituciones democráticas.

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