Historia contemporánea

De los escándalos victorianos al vínculo de Epstein con el expríncipe Andrés

Política y moral

Escándalos como el que ha llevado a la detención del expríncipe Andrés, y que también puede tumbar a Keir Starmer, son nuevos solo en parte. Algunos acabaron ya en el pasado con otras carreras en la política

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La relación de Eduardo VIII con Wallis Simpson provocó la abdicación del monarca

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Propias

Se acaba de conocer la detención de Andrés Mountbatten-Windsor a raíz del caso Epstein. Las revelaciones de los sucesos ocurridos en las diversas propiedades del financiero neoyorquino, que han zarandeado al exduque de York, han motivado no solo el despido de lord Mandelson como embajador en Washington –el cargo más codiciado de la diplomacia británica–, sino que amenazan también al jefe del gobierno, Keir Starmer, con forzar su dimisión.

Los colegas de Starmer parecen de acuerdo en que, pese a la aparente incapacidad y energía del primer ministro para ejecutar las políticas que llevaron a los laboristas al poder, una campaña electoral para la jefatura del partido sería en estos momentos no solo contraproducente, sino desastrosa.

Cuesta trabajo recordar quién fue el último jefe del gobierno inglés obligado a dimitir. Probablemente, el ejemplo más sonado sea el de Neville Chamberlain, en mayo de 1940. Tras fracasar con su política de apaciguamiento, su propio partido le retiró la confianza por lo pésimamente organizada que estuvo la campaña de Noruega.

El caso Profumo

Aunque lejos entre sí, dado el turbio trasfondo del abuso de menores del caso Epstein, el escándalo con el que los medios de comunicación suelen comparar el de Mandelson es el del secretario de Guerra John Profumo, allá por 1963. Durante el gobierno de Harold Macmillan, Profumo mantuvo relaciones sexuales con la “modelo” Christine Keeler, quien, a su vez, se veía con el agregado de Marina soviético en la embajada de Londres.

Al ser interrogado en la Cámara, Profumo mintió. Fue la mentira, más que sus deslices sexuales, la que provocó que abandonara la vida pública, en un contexto en el que las actividades de alcoba de diversos personajes de relieve en la Cliveden House, una casa de campo no lejos de la capital, constituyeron la comidilla durante semanas.

John Profumo en una imagen de 1963
John Profumo en una imagen de 1963Dominio público

Su jefe, el primer ministro Macmillan, no se vio salpicado, aunque quién sabe lo que habría pasado si la prensa hubiese aireado entonces que su esposa, lady Dorothy, mantenía relaciones con el diputado Robert Boothby. Sea como fuere, en octubre del mismo año, Macmillan también abandonó la jefatura del gobierno, aunque en su caso lo hizo por enfermedad.

Entre lores anda el juego

En los días aciagos de la Primera Guerra Mundial, el jefe del gobierno Herbert Asquith también se vio obligado a dimitir por las críticas sobre el insuficiente suministro de proyectiles de artillería al ejército. Lo que el público no sabía era que Asquith, de 62 años, mantenía una correspondencia amorosa con Venetia Stanley, de 27, a la que le hablaba sin tapujos de asuntos del máximo secreto político y militar.

Si nos remontamos en el tiempo, en el siglo XIX la reina Victoria no veía con buenos ojos a lord Palmerston, quien, entre otros cargos de importancia, fue también jefe del gobierno. ¿El motivo? Lo habían descubierto en el dormitorio de una de sus damas de honor.

A sus 18 años, es decir, nada más iniciar su largo reinado, Victoria depositaba su confianza en lord Melbourne, pese a que este había sido demandado por sostener relaciones inmorales con la esposa de otro lord. Bien mirado, quizá la infidelidad de Melbourne sea disculpable, ya que su mujer, lady Caroline Lamb, se había involucrado con otro hombre, el poeta lord Byron.

La abdicación de Eduardo VIII

Hoy en día, Gran Bretaña se enfrenta al bochornoso caso de Andrés, exduque de York y hermano menor del rey, despojado de casi todos sus títulos y reducido a un simple Sr. Mountbatten-Windsor. 

Jeffrey Epstein se aprovechó de la debilidad del hoy exduque tras su divorcio de Sarah Ferguson, quien, por cierto, fue también beneficiaria de la generosidad del multimillonario, que pagó sus enormes deudas. Ahora bien, el comportamiento sexual de Andrés ha dado paso a una situación más grave, puesto que no solo era miembro de la familia real, sino que ocupaba cargos como representante especial del gobierno en el extranjero para el comercio y la inversión. Así pues, en su poder obraba una valiosa información que, de acuerdo con los correos electrónicos recientemente publicados, no dudaba en compartir con Epstein.

El expríncipe Andrés en una imagen de 2022
El expríncipe Andrés en una imagen de 2022DANIEL LEAL / AFP

Este es el escándalo de mayor envergadura para la Corona inglesa desde que, en diciembre de 1936, Eduardo VIII se vio obligado a abdicar por su empeño en casarse con la dos veces divorciada Wallis Simpson, una socialite estadounidense. En su día se sugirió, tácitamente, que el rey podía continuar su intimidad siempre que no contrajera matrimonio. Lo extraño era que no había ninguna prueba de que Eduardo y Wallis Simpson mantuviesen relaciones sexuales, algo que, desde luego, habría sido muy difícil de ocultar.

La principal objeción a la boda era que la Iglesia anglicana, de la que todos los soberanos ingleses desde Enrique VIII han sido jefes supremos, con la salvedad de la católica María I, no celebra matrimonios entre personas divorciadas. Así, aun en el clima más liberal de nuestros días, el entonces príncipe de Gales y Camilla Parker-Bowles, hoy rey y reina, se casaron por lo civil en 2005, en una ceremonia seguida por un oficio de “oración y dedicación”, esto es, un sucedáneo de matrimonio religioso.

La pregunta es ¿cuánto más tendrá que hacer la monarquía inglesa para protegerse o incluso para sobrevivir? Tal vez lo primero sea explicar por qué la familia real aceptó pagar doce millones de libras a Virginia Giuffre (1983-2025), la mujer que implicó a Andrés en la red de Epstein, aunque el Sr. Mountbatten-Windsor siga insistiendo en que nunca la conoció. Ahora la presunta mala conducta en su cargo de enviado especial por proporcionar documentos confidenciales a Epstein le han llevado a prisión.