Historia contemporánea

“En 1916 el ejército francés consumía un regimiento de infantería cada 48 horas”: el absurdo precio de Verdún o el Somme en el año de las “hiperbatallas”

Primera Guerra Mundial

Verdún dejó una huella tan profunda en el imaginario colectivo, que incluso Volodimir Zelenski la evoca para ensalzar la capacidad de resistencia del pueblo ucraniano. Mañana se cumplen 110 años de aquel sangriento damero en tablas, que inauguró la guerra de trincheras

Soldados franceses descargan material en 1916, en el campo de batalla de Verdún

Soldados franceses descargan material en 1916, en el campo de batalla de Verdún

AFP

El primer año y medio de la Gran Guerra vio cómo el sistema de trincheras en el oeste se volvía impenetrable y los frentes se estancaban. Cuando llegó 1916, ambos bandos se prepararon para conseguir la victoria a cualquier precio.

Aunque la Entente (la coalición del Reino Unido, Francia y Rusia) dominaba los mares e intentaba asfixiar la economía de Alemania y sus aliados con el bloqueo, en el frente, las ofensivas de Joseph Joffre, el generalísimo francés, se estrellaron contra las posiciones alemanas. Los ataques franceses en Champaña y Artois causaron medio millón de bajas. Las estrategias periféricas (como la aventura de Gallipoli) no habían dado ningún resultado, y en el este Alemania se imponía, derrotando a Rusia y a Serbia.

1916 ha sido calificado por los historiadores de la Gran Guerra como el “año de las batallas”. El nivel de brutalidad, la duración, los medios y las pérdidas de estas batallas no tenían equivalente en la historia de las guerras. Los combatientes se vieron inmersos en experiencias de horror que inauguraron un nuevo tipo de violencia y crearon la imagen que tenemos de la Primera Guerra Mundial: trincheras, alambradas, barro y muerte.

Michaël Bourlet, antiguo profesor en el Servicio Histórico del Ejército francés y en la Academia de Saint-Cyr y autor de varios estudios sobre la Gran Guerra –incluyendo una magnífica historia de la batalla de Verdún, publicada en Perrin–, nos explica las innovaciones que supusieron estas batallas para la guerra. “Este año de las batallas marcó en primer lugar el inicio de un intento de coordinar los esfuerzos aliados en los distintos frentes, con gigantescas ofensivas simultáneas”. El objetivo era impedir que los alemanes y austrohúngaros se beneficiaran de su posición central en el mapa de Europa, que, si bien les obligaba a luchar en dos frentes, también les permitía mover sus recursos entre ellos mediante el ferrocarril.

Un ejército de inocentes

Los alemanes, explica Bourlet, también reorientaron en 1916 sus planes. “Tras haber buscado una solución a la guerra en el frente oriental derrotando a Rusia durante 1915, Alemania atacó por primera vez desde 1914 en el frente occidental”. El lugar elegido por el jefe de Estado Mayor alemán, el general Erich von Falkenhayn, fue Verdún. Este 21 de febrero se cumplen ciento diez años del comienzo de esta colosal batalla. Los alemanes no consiguieron todos sus objetivos iniciales y el ejército francés aguantó. Pétain, que solo estuvo dos meses al mando, se convirtió en el símbolo de la resistencia. La batalla se convirtió en una lucha de prestigio. Hoy en día, los historiadores ponen en duda que fuera una batalla decisiva.

Soldados franceses atacando las trincheras alemanas
Soldados franceses atacando las trincheras alemanasDominio público

La ofensiva alemana en Verdún ni siquiera sirvió para anular o retrasar las grandes ofensivas aliadas. En marzo, los italianos atacaron a los austríacos en el Isonzo (dos meses después, estos contraatacaron, también sin éxito). El general Alekséi Brusilov lanzó su ofensiva en Galitzia en junio. De todos estos ataques, el competente y enérgico general ruso fue el que aportó más imaginación a su ofensiva para romper las líneas austríacas, cosa que consiguió durante un tiempo, hasta que los alemanes enviaron reservas y taponaron la brecha.

No se puede decir lo mismo del Somme, donde los británicos, apoyados por los franceses, lanzaron una ofensiva descomunal. Entraban en combate el grueso de las divisiones de los Nuevos Ejércitos de voluntarios levantados por el general Horatio Kitchener. Solo el primer día, 20.000 soldados británicos perdieron la vida. “Aquel ejército de inocentes –escribe Paul Fussell en La Gran Guerra y la memoria moderna–alcanzó el completo conocimiento del bien y del mal en el Somme el 1 de julio de 1916”.

Una tras otra, las ofensivas se ahogaron en sangre: 750.000 muertos en Verdún (febrero-diciembre); 740.000 en el Somme (julio-noviembre); 760.000 en la ofensiva Brusilov (paralela a la del Somme). A estas pérdidas hay que añadir los heridos, mutilados, así como los afectados por enfermedades nerviosas, como la neurosis de guerra.

Al mismo tiempo, los otros teatros de operaciones, desde los Balcanes hasta África y Oriente Medio, continuaron activos. En el mar del Norte, en mayo, las escuadras británica y alemana libraron en Jutlandia un encuentro de resultado incierto que demostró que la época de los acorazados tocaba a su final.

La invención de la guerra moderna

1916 fue el año más letal de la Primera Guerra Mundial, con entre seis y siete millones de muertos, aproximadamente, un tercio de los caídos en toda la guerra. “Sin embargo –explica el profesor Bourlet–, estas batallas gigantescas no permitieron que uno de los dos bandos lograra la victoria. Ciertamente, las ofensivas estaban mejor coordinadas entre los aliados, pero la guerra continuó. 1916 marcó definitivamente el fin de las batallas clásicas en un campo de batalla delimitado y en un tiempo limitado a favor de batallas que se prolongaban y carecían de objetivos precisos”.

Estos enfrentamientos han sido calificados como hiperbatallas y anticiparon las de la Segunda Guerra Mundial. “De media, el ejército francés consumía un regimiento de infantería cada 48 horas, y los alemanes un número parecido”. La guerra se volvió material y técnica. Se necesitaban miles de camiones y vagones de ferrocarril para transportar al frente los millones de proyectiles que se lanzaron en estas ofensivas hasta convertir el campo de batalla en un paisaje lunar.

Tres soldados británicos, en el Somme, en 1916
Tres soldados británicos, en el Somme, en 1916Imperial War Museum, IWM

La ofensiva del Somme exigió seis meses de preparativos, el tendido de vías férreas y la acumulación de 1.500 piezas de artillería. “No obstante, existe una desproporción entre el número de personal y recursos comprometidos por un lado y los escasos resultados obtenidos por otro, lo que indica que esta batalla de desgaste escapa a toda lógica y estrategia”. El poder de las armas de fuego daba una superioridad absoluta al defensor, impidiendo la maniobra y, por tanto, impidiendo la batalla en el sentido literal del término. Por eso se ha hablado también de una “muerte de la batalla”.

Estos combates incorporaron dos avances fundamentales, apunta Bourlet. En primer término, la utilización de la aviación: “Por primera vez, los aviones se integraron en la batalla. Para que la artillería pudiera operar, era necesario controlar los cielos: garantizar la libertad de acción de los propios aviones y globos de observación y evitar que la fuerza aérea enemiga informara a su artillería. Asimismo, comenzaron a emplearse por primera vez ataques contra objetivos en tierra. En Verdún, el ejército francés formuló los conceptos de ‘dominio del aire’ y ‘superioridad aérea’, aplicados por los cazas y vigentes durante más de un siglo”.

En segundo lugar, la importancia absoluta de la logística. Mientras que en 1914 los ejércitos acudían al combate a pie o a caballo, en 1916 los camiones transportaban cada mes hacia Verdún medio millón de toneladas de material y 400.000 soldados, lo que suponía que un camión pasara por un punto de la vía Sagrada –la carretera que unía Bar-le-Duc con Verdún– cada catorce segundos. Esta dependencia del motor y del poder de fuego acabaría siendo fundamental en la Primera Guerra Mundial, que siempre nos imaginamos más arcaica de lo que fue en realidad: el momento en el que se creó la guerra moderna.

¿Por qué los alemanes atacaron Verdún?

No podemos dejar de preguntarle a Michaël Bourlet por la polémica sobre las intenciones alemanas en Verdún, que han generado un intenso debate. La ofensiva alemana sobre Verdún, explica, no fue concebida originalmente como una estrategia para “desangrar” al ejército francés, sino como una operación militar destinada a corregir el frente, asegurar posiciones clave y crear condiciones favorables para una futura ofensiva decisiva; la idea de la batalla de desgaste fue una justificación posterior de Falkenhayn.

Este enfoque surgió, en realidad, tras el fracaso inicial y la evolución misma de la batalla, mientras el objetivo estratégico alemán seguía siendo forzar una salida honorable a la guerra y recuperar la iniciativa en el frente occidental. Falkenhayn no lo consiguió y fue relevado por Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, que tomaron el control de la dirección de la guerra alemana, convirtiéndose en virtuales dictadores hasta el armisticio de 1918.

Verdún fue una de las batallas más sangrientas de la Primera Guerra Mundial
Verdún fue una de las batallas más sangrientas de la Primera Guerra MundialTerceros

En el bando francés, Verdún creó una escuela de nuevos jefes, como Robert Nivelle, que, sin embargo, fracasó estrepitosamente al año siguiente, tras encandilar al Estado Mayor y a los políticos con la promesa de abrir una brecha en el frente alemán aplicando el “método” que le había funcionado en Verdún. El resultado fue otra matanza inútil y motines masivos en el ejército francés, que Stanley Kubrick reflejó en Senderos de gloria.

“Verdún fue una de las batallas que dejaron una huella duradera en la memoria colectiva europea –concluye Bourlet–. Sigue siendo recordada como símbolo central de la Primera Guerra Mundial, donde el mito suele imponerse a la historia, y sirve aún como referencia política y moral. En marzo de 2022, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, en su discurso en el Parlamento francés, comparó la resistencia de las ciudades ucranianas bajo el ataque de los misiles rusos con Verdún”.

A pesar de la gran carga mítica de Verdún, la larga y brutal batalla del Somme –1,2 millones de bajas de todos los tipos en cuatro meses y medio, es decir, 8.500 diarias– tuvo una influencia más duradera en el desarrollo de la contienda. La decisión alemana de declarar la guerra submarina a ultranza, que acabaría por provocar la entrada en guerra de Estados Unidos, estuvo ligada directamente a la certeza de que los aliados habían conseguido una superioridad neta en la “guerra de material” durante la segunda mitad de 1916. Cuando llegó 1917, ambos bandos estaban agotados. Bastaba un ligero desequilibrio para cambiar la suerte de la guerra. En febrero, la monarquía zarista cayó. Dos meses después, Estados Unidos se sumó a la contienda.