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Pabst, el cineasta que pactó con el nazismo

Entre libros

El escritor Daniel Kehlmann retrata en 'El director' la vida de G. W. Pabst y explora las razones que lo llevaron a volver a la Alemania nazi tras su exilio

Pabst frente a un quiosco de prensa en París, 18 de mayo de 1933.

Pabst frente a un quiosco de prensa en París, 18 de mayo de 1933.

ACI editorial

De todos los grandes cineastas que se exiliaron de la Alemania nazi, el austríaco Georg Wilhelm Pabst fue el único que decidió regresar. En el Tercer Reich rodó tres películas, entre ellas, la adaptación de una novela del popular escritor nazi Alfred Karrasch: El caso Molander (1945), filme perdido durante la insurrección de Praga.

¿Por qué el prestigioso director que había encumbrado a Greta Garbo (Bajo la máscara del placer, 1925) y Louise Brooks (La caja de Pandora, 1929), que se había ganado el apelativo de Pabst el Rojo firmando la antibelicista Cuatro de infantería (1930) y la izquierdista Carbón (1931), y que había trabajado en Francia y en Hollywood durante la década de 1930, decidió regresar al Tercer Reich en 1939? El escritor Daniel Kehlmann, autor de novelas históricas como La medición del mundo (2005) y Tyll (2019), ofrece una posible explicación en El director, la magnífica biografía novelada que ha dedicado al controvertido cineasta.

Dividida en tres grandes bloques –el primero, centrado en su vida en el exilio; el segundo, en su estancia en la Alemania nazi durante la guerra, y el tercero, en los años posteriores a la contienda, cuando continuó rodando en Alemania, aunque su figura quedó marcada para siempre a nivel internacional–, la novela repasa la vida de G. W. Pabst poniendo el acento en sus debilidades morales y sus ambiciones artísticas.

Pacto fáustico

El cineasta es retratado como un hombre inseguro y conformista, que antepuso el compromiso con el arte y el interés personal al deber moral. Un creador que, en lugar de luchar por hacerse un hueco en la competitiva industria de Hollywood, donde tenía problemas con el idioma y con el sistema de estudios, y donde su antiguo estatus apenas era reconocido, se dejó seducir por las promesas de libertad creativa y facilidades materiales del régimen nazi (Goebbels no solo quería propaganda y entretenimiento, también “obras maestras”). Y optó por tranquilizar su conciencia convenciéndose de que, mientras no filmara cintas abiertamente propagandísticas como las de su colega Leni Riefenstahl (presente en la novela), no estaba colaborando con el nazismo.

Goebbels (a la izqda.) visita los estudios de la UFA en 1935.
Goebbels (a la izqda.) Visita los estudios de la UFA en 1935.Bettmann / Getty Images

El director

Daniel Kehlmann

Barcelona: Random House, 2025
376 pp. 21,75 € (papel) / 9,49 € (digital)

Kehlmann narra este pacto fáustico con una prosa ligera y de enorme fuerza dramática, enfatizando el dilema ético de un artista dividido entre la vanidad y el miedo, incapaz de asumir las consecuencias morales y familiares de sus decisiones (tenía mujer y un hijo) y condenado, en última instancia, a convivir con ellas.

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