Arriba, parias de la tierra: una historia global de la Tercera Internacional
Entre libros
'Viajeros de la revolución mundial', de la historiadora Brigitte Studer, es un exhaustivo repaso al sentido de la Comintern, la Internacional Comunista

Inauguración del II Congreso de la Internacional Comunista.
Desde el fracaso de la primera Asociación Internacional de Trabajadores, en el siglo XIX, hubo diversos intentos para reconstruir un movimiento obrero a nivel internacional. La Tercera Internacional, o Comintern, fundada en 1919, estuvo marcada por la huella comunista. Brigitte Studer, profesora emérita de Historia Contemporánea en la Universidad de Berna, propone aquí una historia global de la organización. A través de esta detallada investigación comprendemos mejor el clima político que sucedió a la Revolución rusa de 1917, cuando jóvenes de todo el mundo se prepararon para dar la batalla final contra el capitalismo.
El estudio de Studer es tremendamente original. No se centra en cuestiones políticas o ideológicas, sino en las vivencias de los miembros de la Comintern, revolucionarios profesionales enviados a otros países donde tenían que adaptarse a nuevos idiomas y culturas. Vivían con frecuencia en la clandestinidad, jugándose la vida por sus ideales. De ahí que tantos murieran, unos víctimas de la represión de los gobiernos y otros a manos de sus propios colegas, como se evidenció cuando Stalin desencadenó sus terroríficas purgas a gran escala.
El faro soviético
Por el camino, algunos perdieron la fe. Otros la conservaron contra viento y marea, y fue lo que les permitió soportar toda clase de sacrificios. No en vano, se generó un sentido muy fuerte de pertenencia a una comunidad de ámbito mundial. Por eso, los abandonos acostumbraban a sumir a sus protagonistas en crisis existenciales. Para sus antiguos compañeros, se habían convertido en traidores.
El anticapitalismo se mezclaba con otros valores, como el antirracismo y el antiimperialismo. No sin conflictos. Los europeos, inspirados en principios laicistas, no siempre comprendían formas de ver el mundo como la que representaba el islam. Por otra parte, a partir de la historiografía de género, la autora refleja la aportación de las comunistas de la época, muchas veces relegadas a funciones de traductoras o secretarias.
En teoría, todos los comunistas eran iguales. En la práctica, los soviéticos desempeñaron una influencia desproporcionada. Los demás, sobre todo al principio, los veían como hermanos mayores que contaban con un conocimiento político superior. Stalin fue el que acabó decretando el fin de la Comintern cuando consideró que ya no servía a sus fines.
Viajeros de la revolución mundial
Brigitte Studer
Madrid: Akal, 2025
608 pp. 30,40 €
El capítulo dedicado a España se centra en el período de la Guerra Civil. La Tercera Internacional se movilizó para apoyar a la República y facilitar la llegada a la península de hombres y dinero. Su compromiso tuvo también una vertiente siniestra, como evidencia su implicación en el asesinato de Andreu Nin, acusado de trotskista.
Muchos comunistas no estaban ciegos ante las prácticas represoras, pero pesó más en ellos el deseo de dar una oportunidad a la URSS como faro del proletariado. Viajeros de la revolución mundial logra trasmitirnos sus emociones y también sus desencantos dentro del contexto extremadamente complicado y volátil en el que tuvieron que actuar.

