China, enemigo de Europa
La relación entre dos gigantes
El apoyo a Rusia y el desequilibrio comercial someten a la UE al ‘diktat’ de Pekín

Un policía paramilitar chino vigila la entrada a la delegación de la Unión Europea en Pekín

China siempre gana en el gran casino de las relaciones internacionales. Sin más ley que la de la selva, China se impone en casi todas las áreas que determinarán la hegemonía mundial en los próximos años: la militar, la económica y la tecnológica. Estados Unidos, de la mano de su presidente, Donald Trump, apuesta con todo lo que tiene para doblegar al gigante asiático, pero la suerte no le sonríe. China es como la banca en cualquier casino, siempre gana, y Europa, mucho más que Estados Unidos, paga las consecuencias, sobre todo, en Ucrania y en su balanza comercial.
El presidente chino, Xi Jinping, apoya al líder ruso, Vladímir Putin, en Ucrania porque así debilita a Estados Unidos. No le importa que la Unión Europea, uno de sus mejores clientes, afronte un peligro existencial. No dejará caer a Putin porque la guerra consume los recursos y la atención que Estados Unidos preferiría poner en el Pacífico. Por eso mismo, desearía que Putin no pactara con Trump una solución para Ucrania. Este acuerdo daría pie a una relación estrecha entre Rusia y EE.UU. Que China no desea. Ahora, Rusia está completamente sometida a China, y Xi quiere que así continúe.
“China insiste en que es un socio de la Unión Europea, pero en realidad es un enemigo”, asegura una fuente diplomática de la UE en Pekín. En el argot diplomático de Bruselas se habla de rival sistémico , pero es lo mismo. “China es mucho más enemigo que socio o competidor”, afirma la misma fuente. “Solo cooperamos en biodiversidad y crisis climática. Además, es un competidor desleal, que utiliza el peso del Estado para llenar nuestro mercado de productos y frenar la entrada de los nuestros en el suyo. Entre el 2017 y el 2024, su PIB ha aumentado un 40%, pero las exportaciones europeas a China han bajado un 30%”.
Ucrania complica la relación mucho más. China no solo compra a Rusia el gas y el petróleo que alimentan la maquinaria bélica, sino que además le vende la tecnología necesaria para que construya drones avanzados y mejore las comunicaciones. “Gracias a China, Rusia elude el 80% de las sanciones que le ha impuesto la UE”, asegura la fuente diplomática europea en Pekín.
China apoya a Rusia en Ucrania para debilitar a EE.UU. A costa de la Unión Europea
China juega con un as en la manga. “Tiene la mitad de las reservas mundiales de tierras raras”, recuerda Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión Natixis en Hong Kong y analista del think tank económico Bruegel. “De esta manera, Xi pudo controlar a Trump cuando se vieron hace un mes en Busan. Le amenazó con cortarle el grifo de las tierras raras, y Trump reculó porque no tenía alternativa. Necesita esos minerales para la industria militar estadounidense”.
El superávit comercial de China ha alcanzado el billón de dólares, un récord que refleja un modelo económico que García-Herrero opina que “continuará, a pesar de que no es sostenible”.
Continuará porque le beneficia y, además, porque una de las premisas de China desde los tiempos de Mao es conseguir la dependencia estratégica de tantos países como sea posible. No es sostenible, sin embargo, porque, según García-Herrero, este modelo se parece demasiado al colonialista: la metrópolis gana, mientras el resto del mundo se empobrece. Estos desequilibrios comerciales, históricamente, producen guerras.
China crece al 5% y fabrica un tercio de las manufacturas del mundo. Estos productos buscan mercados porque el consumo interior es insuficiente y los consiguen porque el Gobierno mantiene el yuan por debajo de su valor real y, a veces, vende a pérdidas para aplastar la competencia. Desde que EE.UU. Grava los productos chinos con un arancel del 47%, China ha aumentado un 11% las exportaciones a otros países.
“China es más enemigo que socio o competidor”, afirma una fuente diplomática de la UE
Ayer aprobó una ley para frenar el envío de tierras raras a cualquier país que restrinja la entrada de sus productos. García-Herrero pronostica que estas prácticas agresivas seguirán durante el próximo año, lo que provocará más desequilibrios comerciales y más tensiones diplomáticas.
La tensión, por ejemplo, aumenta en el Pacífico, y no solo con Taiwán, sino también con Japón y Filipinas. Al analista financiero Max de Bruyn, sin embargo, no le preocupa demasiado. Desde Hong Kong reconoce que “seguirán las escaramuzas” entre el Ejército Popular de Liberación y sus rivales regionales, pero está convencido de que Pekín “suavizará las disputas territoriales para priorizar las relaciones económicas”.
“China –insiste Max de Bruyn– se ve a sí misma como un país no occidental que ha prosperado dentro de un sistema creado por Occidente y que ahora ofrece al Sur Global un modelo de crecimiento alternativo” en el que se habla menos de valores y más de seguridad.
A los países africanos, asiáticos y latinoamericanos les ofrece inversiones, infraestructuras y comercio sin interferencias políticas ni militares. “Se presenta como un socio más fiable que EE.UU. Porque su único objetivo es el desarrollo económico”, asegura De Bruyn.
“China se presenta como un socio más fiable que EE.UU.”, asegura el analista Max de Bruyn
Europa, en todo caso, no lo ve de esa manera. “China no es un socio fiable –insiste la fuente diplomática en Pekín–. Lo ha demostrado con los controles que impone a la exportación de tierras raras. Las empresas europeas no pueden depender de un proveedor que puede cortar los suministros por razones políticas”.
La UE no encuentra la forma de equilibrar la relación comercial. En su reciente visita a Pekín, el presidente francés, Emmanuel Macron, amenazó con “medidas fuertes”, pero China sabe, como apunta García-Herrero, que “tiene pillada” a Europa.
Cuando la Unión Europea ha elevado las tarifas a los coches eléctricos, por ejemplo, China ha optado por fabricarlos en Europa. Compró las marcas Ebro y Santana para ensamblar vehículos en Barcelona y Linares. “Son inversiones modestas, que le permiten sortear las barreras comerciales que levanta la UE”, explica una fuente diplomática europea.
“Lo peor –añade– es que no tenemos una estrategia para revertir la situación. No la tenemos para reducir el desequilibrio comercial porque tampoco la tenemos para reducir la dependencia”.
China esquiva los aranceles al coche eléctrico produciendo en Europa, como hace con Ebro y Santana
La inversión más importante de China en España, por ejemplo, es una fábrica de baterías eléctricas en Zaragoza. Son 4.100 millones de euros. La fábrica, sin embargo, la están construyendo 2.000 trabajadores llegados de China, una exigencia que el Gobierno no ha tenido más remedio que aceptar si quería amarrar la inversión.
Cuando esté operativa proveerá, sobre todo, a las empresas de automóviles chinos en Europa, lo que aumentará todavía más la competencia con los fabricantes europeos. La industria automovilística es un pilar estratégico fundamental de la economía europea, que lo tendrá más difícil para crecer por sus propios medios.
China siempre gana y también a futuro. Max de Bruyn, por ejemplo, cree que los jóvenes europeos ven a China de una manera diferente a como lo hacen sus padres y abuelos. “Tienen un interés creciente por las marcas chinas –explica– y también viajan más a China. Pekín es consciente de que los gobernantes europeos de mañana verán a China de una manera muy positiva porque habrán superado la barrera psicológica que la relación transatlántica supone para sus mayores”.