El propósito de Marine Le Pen de aspirar a la presidencia de Francia por cuarta vez depende del juicio abierto este martes en París. La líder del Reagrupamiento Nacional (RN) deposita sus esperanzas en el proceso de apelación en el caso de fraude al Parlamento Europeo, por el que fue condenada a cuatro años de cárcel -solo dos firmes-, 100.000 euros de multa y cinco años de inelegibilidad.
Le Pen, que siempre se ha declarado inocente, llegó anticipadamente al palacio de justicia, situado en la Île de la Cité, en el corazón de la capital francesa, donde también se ubica la catedral de Notre Dame. Vestía un abrigo beige, mostraba un rostro serio y no quiso hacer declaraciones. Ayer sí dijo que asumía el juicio “llena de esperanza”.
Para los abogados de Le Pen, el meollo de la cuestión es la pena de inelegibilidad, aplicada de inmediato y sin esperar, como sucede en otros delitos, a que la apelación llegue a su último estadio ante el Tribunal de Casación (equivalente al Supremo español).
A Le Pen y a otros dirigentes del RN se los condenó en marzo de 2025 porque, como eurodiputados, usaron durante años fondos millonarios de la Eurocámara para contratar a asistentes parlamentarios que en realidad no trabajaban ni en Estrasburgo ni en Bruselas, sino en París y para el partido. El partido de extrema derecha se considera víctima de un doble rasero, de una severidad que no se ha aplicado a otros, y argumenta que en aquella época había una ambigüedad sobre el trabajo de los asistentes.
El interés en Francia, más allá de la legalidad o no de la conducta del RN, se centra en quién aspirará al Elíseo en las próximas elecciones, en mayo del 2027. Si el tribunal de apelación enmendara la sentencia al menos en el punto de la inelegibilidad (porque está claro que Le Pen no pisará la cárcel y aún le queda el recurso a Casación), la hija del gran patriarca de la extrema derecha francesa (el fallecido Jean-Marie Le Pen) será casi con toda seguridad de nuevo candidata del RN y tendrá más posibilidades que nunca, según los sondeos, de lograr su objetivo. En caso contrario, la alternativa será Jordan Bardella, de 30 años, quien es formalmente el presidente del partido aunque en realidad se trata del protegido de Le Pen, la cual lleva todavía las riendas de la formación.
Bardella, muy mediático y disciplinado, tiene mucho tirón, pero existen dudas de que, según quien sea su rival en la segunda vuelta, ponga en evidencia su inexperiencia y sus carencias. Le Pen, por el contrario, se ha consolidado y mejorado mucho con el paso de los años. De todos modos, no hay opiniones unánimes, ni el partido ni entre los analistas políticos, sobre cuál de ellos estaría mejor colocado para conquistar el poder.
En los últimos días ha habido especulaciones sobre la estrategia de defensa, sobre si, al contrario que en el primer juicio, Le Pen haría algún reconocimiento parcial de culpa para ablandar al tribunal y favorecer su clemencia parcial.
