Internacional

Trump topa con los límites del poder

Diplomacia

Los mercados financieros, así como Canadá y los principales países de la UE, han indicado al presidente de Estados Unidos que en Groenlandia hay un límite que no puede cruzar y él, aunque sea por instinto, les ha hecho caso

Hay límites a lo que un país puede hacer a otro sin salir malparado. Hay topes, incluso, para el más poderoso de los países y el más bravucón de los presidentes. Por mucho que alardee de su capacidad militar y económica, hay un límite que no podrá superar porque si lo intenta, el suelo se hundirá bajo sus pies.

Le ocurrió a Donald Trump el pasado 2 de abril y volvió a sucederle el martes de esta semana. El 2 de abril anunció que iba a castigar al mundo con una batería de aranceles y el martes no descartó el uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia. En ambos casos, los mercados se hundieron. La caída de abril fue la más fuerte desde la pandemia cinco años antes y Wall Street tardó un mes en recuperarse. Esta semana, Trump ha apretado el freno de inmediato. Apenas 24 horas después de colgar un meme suyo plantando la bandera estadounidense en Groenlandia, aseguró en Davos que no habrá invasión y que todo está en vías de solución.

Los países de la OTAN y la UE tienen una gran capacidad de influencia en Wall Street

Tanto ahora como en abril, Wall Street temió un choque frontal con Europa. Los inversores europeos, tanto los aliados de la OTAN como los miembros de la UE, tienen 3,3 billones de dólares en bonos del tesoro americanos. Es tres veces más que China. EE.UU. Tiene una deuda equivalente el 123% del PIB y no puede arriesgarse a que los bonos pierdan valor. Si lo hicieran a consecuencia de una venta masiva, le costaría mucho más financiarse. Por eso, Europa, la vieja y débil Europa, tiene una notable capacidad de influencia para que esto no suceda.

El principal riesgo que corre un líder autoritario es el ejercicio excesivo del poder. El historiador Paul Kennedy hablaba del “exceso imperial” como síntoma de la decadencia de un gran poder. Trump, por ejemplo, cree que puede hacer lo que quiera porque su fuerza es ilimitada. Gobernar sin límites, en todo caso, no implica un ejercicio sostenible del poder.

Tormenta atlántica en Francia, alegoría de las fuerzas que frenan a Trump 
Tormenta atlántica en Francia, alegoría de las fuerzas que frenan a Trump Fred Tanneau / AFP

La falta de límites obliga al gobernante a gastar más en armas y extremar la vigilancia interior. Está más que demostrado que el poder político aumenta la represión cuanto más se acerca al absoluto. También aumenta la verticalidad, lo que dispara la tensión entre consejeros y lacayos. La competencia por estar junto al príncipe es muy grande. Abundan las traiciones. Nadie se fía de nadie y en este ambiente de rivalidad y servilismo el gobierno pierde eficacia. El líder se protege de las rencillas con acólitos. Prefiere la lealtad a la experiencia. No quiere que le contradigan y, por tanto, es difícil hacerle llegar las noticias que, aun siendo malas, necesita saber para tomar decisiones correctas. La falta de límites dispara su paranoia y, en consecuencia, perjudica su efectividad.

En las democracias liberales, además, hay otro límite, igual de infranqueable, que es el del mercado. La paz social depende, en gran medida, de la estabilidad financiera. No se puede romper la relación del ciudadano con el dinero, ya sea con su salario, sus ahorros o inversiones.

El exceso es el principal peligro de cualquier gobernante; abusar de la fuerza no es sostenible

Esta es la regla de oro de la permanencia política. Para conseguirla se necesitan reglas y burocracia. El sistema se basa en una relación de confianza entre extraños y esta confianza depende de unas garantías. La justicia, la burocracia y la policía son necesarias porque la tentación del fuerte es abusar del débil. Piensa que las leyes, en todo caso, se hacen para que él se las salte mientras constriñen al débil.

El fuerte puede imponer su superioridad, pero no de una manera sostenible porque nadie, en ningún país del mundo contemporáneo, renuncia a la igualdad. Uno puede aceptar que es pequeño, pero no inferior. Uno puede aceptar un arbitraje, pero no una imposición.

El coste de someter por la fuerza es tan extraordinario que solo compensa en los regímenes autoritarios, como Rusia y China. Ni siquiera a Israel le compensa subyugar a los palestinos porque hacerlo le obliga a vivir siempre en alerta, con su peor cara detrás de un muro.

Trump se ha acercado al abismo y ha entendido que no puede saltarlo. Los mercados y la opinión pública le han dado la espalda en Groenlandia. Los estadounidenses no quieren a un matón en la Casa Blanca y tampoco quieren plantar banderas en nuevos territorios. Hasta los congresistas republicanos han levantado un poco la voz. Creen que si Trump no se modera no renovarán sus escaños en las elecciones de noviembre.

Trump es el caos y, por tanto, el sueño de cualquier psiquiatra. No anticipa, improvisa. Es muy impulsivo y poco reflexivo. Le puede el instinto y la avaricia. El enriquecimiento personal es otra característica típica de los caudillos y Forbes calcula que en un año su fortuna ha pasado de 3.900 a 7.300 millones de dólares.

No es lógico, por tanto, que Trump se muestre tan agresivo con Europa cuando la necesita para seguir creciendo y también para frenar a China. Un buen psiquiatra, en todo caso, podría decir que no la desprecia tanto como la envidia y pondría como ejemplo los trofeos dorados con los que ha decorado la chimenea del despacho oval, que son todos ellos antigüedades europeas.

A quien vive en el exceso le cuesta ver los límites, sobre todo cuando no hay nadie a su lado para advertirle de que está a punto de tropezar. Esta semana, Europa y Canadá han marcado a Trump en Groenlandia y él, aunque sea solo por instinto, se ha detenido. Pronto volverá a decir que nada ni nadie puede frenar su ambición, pero entonces ya sabremos que no es verdad.

Xavier Mas de Xaxàs Faus

Xavier Mas de Xaxàs Faus

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Corresponsal diplomático de Guyana Guardian. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE.UU. Fue testigo del 11-S

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