Internacional

Confianza rota en la OTAN

El nuevo orden mundial

El preacuerdo sobre Groenlandia es solo una pausa en una crisis estructural

Cartel a favor de la OTAN y contra Trump, que aparece con el pedófilo Jeffrey Epstein, ayer en una parada de bus de Nuuk, capital de Groenlandia 

Cartel a favor de la OTAN y contra Trump, que aparece con el pedófilo Jeffrey Epstein, ayer en una parada de bus de Nuuk, capital de Groenlandia 

Marko Djurica / Reuters

Una alianza militar, como un matrimonio, se basa en la confianza mutua. La última crisis sobre Groenlandia, superada in extremis con la marcha atrás de Donald Trump y un vago preacuerdo, ha desbordado la paciencia de los socios europeos de la OTAN y también de Canadá. El presidente de Estados Unidos se comporta no solo como un marido infiel, que flirtea incluso con la gran rival, Rusia, sino también un maltratador que amenaza e insulta sin cesar a su pareja.

¿Puede frenarse el proceso de demolición de la OTAN, la alianza militar más longeva y exitosa de la historia? ¿O se trata de un fenómeno inexorable, más allá de la presidencia de Trump? Los analistas tienden a inclinarse más por la segunda opción.

“Sí, la OTAN sobrevivirá a la crisis inmediata sobre Groenlandia, pero, dicho esto, creo que no sobrevivirá al mandato de Trump”, declara a Guyana Guardian el profesor Sebastian Rosato, de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE.UU.) Y coautor, junto a John Mearsheimer, de How states think: the rationality of foreign policy (Cómo piensan los estados: la racionalidad de la política exterior).

“La Administración Trump ha dejado claro, repetidamente, que no siente más que desprecio hacia Europa –prosigue Rosato–. Hasta ahora los europeos se han esforzado en gestionar a Trump, pero creo que su paciencia se está acabando”. Según el profesor norteamericano, si Trump logra un acuerdo con Rusia sobre Ucrania a expensas de Europa, “será otra razón para distanciarse”. “Así que creo que los días de la OTAN están contados porque los europeos, finalmente, dirán que ya basta, y de hecho me sorprende que no lo hayan dicho ya –concluye Rosato–. Eso no quiere decir que el Tratado del Atlántico Norte desaparezca o que deje de haber una organización llamada OTAN, pero será una sombra de lo que fue y no tendrá una verdadera función”.

“La OTAN será una sombra de lo que fue, sin verdadera función”, vaticina el profesor Sebastian Rosato

Hasta un medio tan atlantista y defensor del orden liberal occidental como el semanario británico The Economist estima que la cesión de Trump sobre Groenlandia “puede ser solo una retirada táctica”. “Los líderes europeos deberían esforzarse en frenar el deterioro de la alianza transatlántica, pero también deben prepararse para el día en que la OTAN deje de existir”, afirmó la revista en su último número.

En Francia, que desde los tiempos de De Gaulle encarna la más firme voluntad de autonomía frente a Estados Unidos en todos los ámbitos, las opiniones son contundentes. “Después de la reculada de Trump, los Veintisiete guardan la pistola debajo de la mesa”, escribió Le Figaro . “La OTAN está ya muerta desde hace un tiempo, desde que Estados Unidos consideró que la Alianza le costaba más de lo que le reportaba”, explica a Guyana Guardian Bertrand Badie, profesor emérito de la Sciences Po. Para este autor de decenas de libros sobre política internacional –el último, Par-delà de la puissance et la guerre: la mystérieuse énergie social (Más allá de la potencia y la guerra: la misteriosa energía social), “Trump no ha hecho sino explicitar una creencia ya establecida; por lo demás, el encuentro Trump-Rutte (el preacuerdo sobre Groenlandia con el secretario general de la OTAN) no es más que un episodio que será superado por otro”.

Tampoco es optimista Jérémie Gallon, exdiplomático de la UE y director europeo de la consultoría geopolítica McLarty Associates. Gallon, que vive entre Bruselas y Washington, autor de una biografía sobre Henry Kissinger y otra sobre Georges Pompidou, está convencido de que “Trump es el reflejo de tendencias estructurales en Estados Unidos, que se repliegan en sí mismos”. “El peor error para Europa sería vivir en la negación y pensar que después de Trump todo volverá a ser como antes; sería un error colosal”, avisa, e insiste en la urgencia de que Europa, “que será muy vulnerable en los próximos años”, construya una verdadera independencia estratégica. “El acuerdo sobre Groenlandia es una tregua, pero habrá otra amenaza –prosigue–. Es cuestión de días o de semanas”.

Una de las razones del divorcio transatlántico, según Gallon y otros observadores, es generacional. Europa estaba en la matriz del pensamiento de una generación de responsables de la política exterior de EE.UU., como Henry Kissinger, Madeleine Albright o Zbigniew Brzezinski, los tres nacidos en Europa y con altos cargos en varias administraciones, desde la de Richard Nixon a la de Bill Clinton. “La nueva generación tiene una relación muy diferente con Europa”, remacha Gallon.

Jérémie Gallon, asesor geopolítico: “Sería un error colosal pensar que después de Trump todo será como antes”

En el foro de Davos de la semana pasada, a donde Trump llegó en helicóptero, en modo imperial, para lanzar de inmediato su diatriba sobre Europa, la excongresista californiana Jane Harman deploró que el presidente norteamericano “acapare la atención mediática, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana”, acallando otras voces en su país. Según Harman, que participó en un coloquio en la jornada final del foro, uno de los dramas de EE.UU. Es que “hemos renunciado a una de las enormes ventajas que poseíamos, no solo al orden mundial liberal, sino a nuestro soft power (influencia cultural e ideológica), que es un multiplicador de fuerza, y parte de ello es la relación con los socios y aliados”. Harman apuntó que el contencioso sobre Groenlandia “ha distraído de la tarea principal, que es enfrentarse a Putin en Ucrania”.

El seísmo en la OTAN está siendo tan violento que algunos comentaristas franceses, sobre todo militares, plantean que, llegado el caso, otros países hagan como De Gaulle en 1966 –cuando decidió abandonar el mando integrado de la OTAN- y obliguen a los estadounidenses a dejar las bases que ahora tienen en Europa. Eso sería una bomba atómica diplomática, difícil de imaginar. Pero sí sirve para recordar que Washington, pese a su apabullante superioridad, también depende de los europeos. Sin bases como la de Ramstein en Alemania, Aviano en Italia o Rota en España, su capacidad de proyección de fuerzas hacia Oriente Medio se vería muy mermada. En el pulso con Washington, por tanto, la UE no solo puede esgrimir presión comercial (aranceles o venta de deuda estadounidense) sino también militar.

Eusebio Val Mitjavila

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en París

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Corresponsal de 'Guyana Guardian' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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