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Los ladinos, fuera de juego

Italia

En Cortina, sede de los Juegos Olímpicos de invierno, la minoría lingüística pide salir del Véneto para recuperar su unidad territorial

Jóvenes ladinas en Ampezzo 

Jóvenes ladinas en Ampezzo 

Archivo ULd'A / Colaboradores

En la sede de los ladinos de Cortina d’Ampezzo hay cajas llenas de banderas y retratos de Francisco José en las paredes. El último emperador austrohúngaro. “Nuestro emperador”. Estamos en la calle principal del pueblo, junto al Ayuntamiento. Faltan pocos días para el inicio de los Juegos Olímpicos de invierno: ocho grados bajo cero, poca nieve. Fuera se oye el ruido de las obras y el caos de la organización de última hora, pero lo que se mueve, además de las grúas, son también las cuestiones identitarias.

Este espléndido pueblo, la “perla de los Dolomitas”, que acogerá las competiciones olímpicas, está formado por una minoría lingüística que vive este gran acto con un profundo sentimiento de extrañeza y no tiene intención de ocultarlo. El ladino es una lengua neolatina de origen alpino, distinta del italiano y del alemán, hablada en varios valles de los Dolomitas.

En el Trentino-Alto Adigio, la lengua se estudia en los colegios; el Véneto, en cambio, no lo permite

La asociación ha invitado a los vecinos de Cortina y de los valles cercanos a colgar la bandera –“verde como los prados, blanca como la nieve y azul como el cielo”– como prueba de existencia. “En las ventanas está prohibido colocar la de los cinco anillos olímpicos, el COI lo veta. Así que pensamos en mostrar que existimos”, explica Elsa Zardini, presidenta de la comunidad.

Esta minoría lingüística suma unas 30.000 personas repartidas en varios valles de los Dolomitas, divididas en dos regiones y tres provincias. Y ahí está el problema.

Apenas se sale del centro del pueblo –repleto de boutiques de lujo y grandes hoteles–, los estandartes ladinos aparecen en las casas de los habitantes de Cortina. No es solo un gesto simbólico, sino también reivindicativo. Desde hace décadas, esta comunidad reclama poder cambiar de región: abandonar el Véneto, con capital en Venecia, y pasar a formar parte del Trentino-Alto Adigio.

En el Senado de Roma algo se ha movido. Un senador del Südtiroler Volkspartei, el partido de la minoría alemana, ha presentado un proyecto de ley para reactivar el proceso. La petición no es nueva y fue respaldada por un referéndum celebrado en el 2007, conforme a la Constitución italiana, con un resultado inequívoco: el 76,8% votó a favor de la secesión del Véneto. Desde entonces, sin embargo, ha ocurrido muy poco. De la provincia de Belluno solo se separó el municipio de Sappada, que pasó a la región de Friuli-Venecia Julia. La demanda de Cortina sigue sobre la mesa y –todos coinciden– allí permanecerá, también porque la Administración veneciana se opone firmemente. La reivindicación no se basa en una mera cuestión administrativa. “Queremos la unidad de los ladinos”. Este pueblo está dividido entre dos regiones: Trentino-Alto Adigio y Véneto. En la primera, la lengua ladina está protegida desde el punto de vista económico y educativo: se enseña en las escuelas. “En cambio –denuncia Zardini–, Venecia nos ignora”. La petición se apoya en fundamentos históricos. “Cortina siempre formó parte del Tirol. El imperio austrohúngaro respetó nuestra autonomía. Cuando pasamos a Italia, el fascismo nos separó e impulsó una italianización forzosa”. Con el regreso de la democracia, en 1945, la situación no cambió. “Fundamos un partido político en 1946, pero nunca nos escucharon”.

En ese escenario, incluso los Juegos Olímpicos de 1956 son recordados como una imposición. “Ya entonces nos dijeron que eran una oportunidad de desarrollo, pero turistas teníamos desde el siglo XIX. En realidad fue una forma de arrebatarnos lo que quedaba de identidad ladina: enviaron a sus maestros, a sus funcionarios y también a los curas. Nos cambiaron incluso de diócesis”. Un episodio resume aquella resistencia: “Un párroco quiso sustituir las campanas de la iglesia. Aquí tenemos las de Innsbruck, con un sonido especial. Nos rebelamos. Fue una de las pocas victorias”.

Bandera ladina 
Bandera ladina Archivo ULd'A / Colaboradores

El Trentino-Alto Adigio cuenta además con un concejal para las minorías lingüísticas, Luca Guglielmi, que explica a Guyana Guardian que “si Cortina no fuera ya lo que es, formaría parte de nuestro territorio”. “La protección lingüística aquí es muy elevada y en el Véneto no. Además de la enseñanza en las escuelas, existe un certificado de ladino que otorga puntuación adicional en las oposiciones locales. Hay una auténtica revitalización del idioma. Sin políticas públicas, el ladino corre el riesgo de desaparecer”.

Según Stefano Allievi, sociólogo de la Universidad de Padua y uno de los mayores expertos en cuestiones territoriales, la demanda “es culturalmente fascinante, pero prácticamente irrealizable y empujada también por otros factores”. “En el Trentino-Alto Adigio hay más recursos para invertir, y Cortina es el bocado más grande. El problema real es que el Véneto tiene la mala suerte de limitar con dos regiones de estatuto especial, Friuli-Venecia Julia y Trentino-Alto Adigio. Eso plantea un debate que alcanza el propio sentido de la autonomía regional”.

Frente a la sede de la asociación, un cartel marca la cuenta atrás para el 6 de febrero. Para la inauguración olímpica faltan 14 días. “Para la unidad de los ladinos, al menos mil”.

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