¿Trump destruye o refuerza la ONU?
El futuro de las Naciones Unidas
La idea de la Junta de Paz se ve como un ataque, pero también como una oportunidad para reformar el Consejo de Seguridad

Hungría y Bulgaria son los únicos países de la UE presentes en la Junta de Paz que impulsa Trump

Donald Trump es un presidente obsesionado con su legado.
Su regreso al Gobierno está marcado por el afán de imprimir su nombre allá donde sea. De vuelta de Davos (Suiza), el líder estadounidense hizo alarde de su anhelo imperial. Si Napoleón Bonaparte tuvo su Arco del Triunfo en París, él difundió en su red social las imágenes de la réplica que ansía en Washington DC.
Entre otras propuestas, esta misma semana divagó sobre la idea de rebautizar de nuevo el golfo de México. Ya no quiere que sea el de América, sino el golfo de Trump, y no vale hacer un juego de palabras.
Pero su ambición parece ir más allá de sus fronteras. Así que su sombra se proyecta en la Organización de las Naciones Unidas, la gran estructura diplomática para la seguridad mundial que se edificó sobre los cascotes de la Segunda Guerra Mundial.
Hay cosas que parecen una broma del destino. La Trump World Tower se ubica en la Primera Avenida de Manhattan. Al cruzarla está el edificio icónico que alberga la ONU. Quién sabe si Trump sueña con poner su nombre en ese otro rascacielos.
Visto su proyecto de Junta de Paz, analistas y dirigentes de otros países, en especial los viejos aliados europeos, rechazaron esa iniciativa al observar un intento de dinamitar las Naciones Unidas y, en especial, el Consejo de Seguridad, órgano ejecutivo de la organización encargado de buscar soluciones a los conflictos armados.
En numerosas ocasiones, por no decir en la mayoría, fracasó en ese intento fruto del pecado original del derecho de veto de cinco miembros: EE.UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido). Rusia y EE.UU. Ganan por goleada en el uso del veto.
Esa junta fue aprobada por el propio consejo el pasado noviembre. Su finalidad, entonces, se refería a Gaza. El documento presentado ahora no cita a Gaza y habla de resolver cualquier conflicto en cualquier lugar, en clara competencia con las Naciones Unidas, de la que dijo que no ha sido de mucha ayuda.
“La ONU debería haber resuelto cada una de las guerras que yo resolví. Nunca acudí a ella, ni siquiera pensé en ella”, afirmó con desprecio.
Las reseñas a su junta no han sido nada favorables, con críticas al carácter vitalicio de Trump al frente y su capacidad exclusiva de invitar a naciones y aplicar el veto. De los más de 60 países invitados a participar, a cambio de 1.000 millones de dólares, solo una veintena respondió, y no los más democráticos.
“La ONU es una organización en crisis severa..., pero es una disfunción global, no un problema de ineptitud”
“Trump quiere una nueva plataforma para impulsar una agenda internacional más amplia, un elemento clave de lo que parece ser su aversión ideológica a la ONU”, recalcó por correo electrónico Julien Barnes-Dacey, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).
“Su institución refleja su visión de que EE.UU. Debe ser efectivamente el que tome las decisiones clave con otros jugadores alineándose”, subrayó.
“La ONU es una organización en crisis severa, más que nada debido a las profundas divisiones geopolíticas globales y al colapso del sistema multilateral en general. Esto es una disfunción global, no un problema de ineptitud de la ONU”, aclaró.
“La junta refleja perfectamente esta dinámica en el intento de Trump por anular la creación de consenso e imponer su propia voluntad a través de un nuevo organismo bajo su total competencia”, señala Barnes-Dacey. Pero matiza que, en términos de perspectivas de éxito, resulta difícil atisbar cómo esta estructura se mantiene en pie, dado el grado de aceptación de la agenda que exigirá Trump a los estados miembros, además de la constatación de que, en realidad, carece de un respaldo institucional.
Como destacaron Richard Gowa y Richard Forti, la ONU se creó en 1945 –constatado el fracaso de la Liga de Naciones, incapaz de frenar el nazismo–, después de cuatro años de negociaciones entre EE.UU. Y sus aliados. “Pero Trump no es partidario de un proceso tan prolongado”, escribieron en un artículo. Para el líder republicano, los resultados han de ser inmediatos, sin considerar en exceso cimentar algo firme que vaya más allá del chantaje que significan los aranceles.
Bajo el prisma de esos dos expertos, la junta “es una de las estructuras políticas internacionales más desequilibradas”. Le auguran poco futuro, por el mismo defecto que el Consejo de Seguridad. Los otros cuatro países con derecho a veto, en especial Rusia y China, no apoyarán una organización en la que pierden ese derecho en beneficio exclusivo de Trump o su sucesor, designado por él mismo.
“Es difícil encontrar legitimidad [a la junta] cuando el poder es el poder de Trump”, declaró a la NPR (radio pública) Mary Robinson, expresidenta de Irlanda y miembro de los Elders (organización de defensores de la paz y los derechos humanos).
“Las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad son defectuosos, pero necesitamos una organización para que todos los países se reúnan sobre la base de la igualdad soberana”, insistió.
El Consejo es hijo de su tiempo, de un 1945 bipolar, y ha quedado desfasado en este otro mundo multipolar. Después de fracasos y dilaciones, Robinson indicó que es el momento de afrontar su reforma, que pasa más por la ampliación que por eliminar el veto, cosa a la que se niegan sus beneficiarios.
“El problema es que no se ha llegado a ningún consenso para licuar el poder con las propuestas que ha habido de reforma”, incidió Ignacio Perotti, profesor de la Universidad Europea.
A diferencia de la junta, las Naciones Unidas, pese a sus defectos, se basan en el principio de igualdad soberana
En general, y más con Trump, “no hay interés de EE.UU. Por cambiar nada en el contexto de las Naciones Unidas, a pesar de ser responsable o corresponsable de ese fracaso”, reiteró. Pero en este momento, tras la reacción a la Junta de Paz, “es una gran oportunidad para plantear seriamente un debate sobre el Consejo de Seguridad. Hay más voluntad política de muchos estados de hacer algo para mostrar una señal de que algo puede cambiar”.