Internacional

Una cámara secreta junto a la Torre de Londres

El Gobierno británico da luz verde a la construcción de la nueva embajada china pese a las advertencias de espionaje a gran escala

La delegación china ocupará la antigua sede de la Casa de la Moneda, que dejó de operar en 1975

La delegación china ocupará la antigua sede de la Casa de la Moneda, que dejó de operar en 1975

Dan Kitwood / Getty

En la Torre de Londres fueron ejecutados Ana Bolena, el rey Enrique VI, Eduardo V y Ricardo, duque de York, y también prisioneros alemanes entre 1914 y 1918; se convirtió en base militar durante la Segunda Guerra Mundial y fue bombardeada por la Luftwaffe. Hoy es una de las principales atracciones de Londres y recibe a millones de turistas que quieren palpar esa sangrienta historia y admirar las joyas de la ­corona.

La Torre de Londres se ha vuelto inocua, pero la acción se ha trasladado a la calle de al lado, donde el Gobierno chino compró en el 2018 el edificio de la antigua Casa de la Moneda por 275 millones de euros para construir lo que será la mayor embajada de cualquier país en territorio europeo (22.000 metros cuadrados) y albergará a doscientos diplomáticos (y espías que se hagan pasar por consejeros comerciales o militares, práctica habitual en todas las legaciones). Tras siete años de batalla burocrática en múltiples frentes, Downing Street acaba de dar la luz verde al proyecto.

Lo que vayan a hacer los chinos en la embajada ha sido objeto de intenso debate en los círculos de inteligencia británicos (y de la Administración Trump), pero al final el MI6 ha decidido que prefiere tenerlos concentrados en un solo edificio en vez de repartidos como hasta ahora por toda la capital. La asunción es que van a espiar, como en el fondo hace todo el mundo (incluso Estados Unidos a Alemania y otros aliados), pero que el peligro está controlado.

Con 22.000 metros cuadrados, será la mayor embajada de cualquier país en territorio europeo

Los enemigos del proyecto –que son muchos y están encabezados por políticos y periódicos conservadores– alegan que a escasos metros de la nueva su­perembajada pasan los cables de fibra óptica que comunican los dos grandes centros del poder económico de Londres (la City y el Canary Wharf), transmitiendo datos sobre todas las transacciones financieras, desde simples ingresos particulares en cuentas corrientes hasta grandes operaciones. Si los chinos quieren, podrán captar esa información (y la información es poder) sin que nadie se entere.

Todavía más propio de una película de James Bond es la existencia en los sótanos de la embajada de una cámara secreta que figura en los planos de la reforma publicados por The Daily Telegraph y cuyo uso es objeto de todo tipo de especulaciones. ¿Será tal vez un centro de tortura para disidentes, como el activista pro democracia que en el 2022 fue cazado en las calles de Manchester e introducido a la fuerza en el consulado en esa ciudad? A las especulaciones contribuye la planificación de extractores de calor y generadores eléctricos que sugieren la presencia de superordenadores, y de duchas y cuartos de baño subterráneos para que se puedan pasar largas temporadas sin salir a la superficie.

La reconversión de la antigua Casa de la Moneda (operó como tal entre 1810 y 1975) en embajada de la República Popular de China no hace ninguna gracia a doscientos vecinos del barrio que –espionaje al margen– temen ser observados las veinticuatro horas por las cámaras en circuito cerrado, y que sus calles sean el foco de manifestaciones contra la represión en Hong Kong y la persecución de minorías étnicas y religiosas.

El edificio está a pocos metros de los cables de fibra óptica que transmiten todas las transacciones de la City

Sus quejas han caído, sin embargo, en saco roto, así como las de la Casa Blanca, porque el Gobierno quiere triangular en geopolítica en vista de lo poco de fiar que es Trump, y atraer inversiones chinas al Reino Unido. Y también porque quiere ampliar su propia embajada en Pekín. El primer ministro, Keir Starmer, va a visitar oficialmente China en los próximos días, y, para que todo vaya sobre ruedas, ha aprobado los planes antes de subirse al avión.

En años recientes, las autoridades chinas intentaron engatusar a diputados del Parlamento para que les dieran información. Esta vez han regalado botellas de vino francés y libros de cuentos infantiles a los funcionarios encargados de examinar y aprobar los planes para una embajada al lado mismo de la Torre de Londres.

Rafael Ramos

Rafael Ramos

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Londres

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Abogado y periodista. Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.