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Trump los penaliza y ellos se alían.

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La UE intensifica sus vínculos mercantiles con diversas naciones con el objetivo de neutralizar la tendencia proteccionista de EE.UU.

La manos entrelazadas de António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen, el martes en Nueva Delhi 

La manos entrelazadas de António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen, el martes en Nueva Delhi 

Altaf Hussain / Reuters

Donald Trump se encuentra bastante disgustado. Lo cierto es que arrastra este malestar desde hace días, conforme los reveses de carácter político —ya ocurran en Groenlandia o Minnesota— se han ido sucediendo. La razón más reciente del mal humor del mandatario de Estados Unidos radica en la actividad mercantil de quienes antes eran sus socios de occidente. El pacto sellado este martes entre la Unión Europea e India, sumado a la comitiva de líderes de occidente que acuden a China, podría arruinarle este comienzo de ejercicio. Ante unos EE.UU. Que fomentan políticas proteccionistas y emplean de forma unilateral los gravámenes como herramienta de coacción y amenaza política, las demás naciones —lideradas por Europa— buscan expandirse hacia otros mercados.

En fechas recientes, Trump ha lanzado advertencias contra el primer ministro canadiense, Mark Carney —quien se trasladó a China a mediados de mes—, y contra el premier británico, Keir Starmer —en visita de Estado esta semana—, por su acercamiento a Pekín. En la primera ocasión, avisó que sancionaría con aranceles del 100% a Canadá si este país suscribía un pacto comercial con China (lo cual obligó a Carney a ajustar sus propósitos, limitado por el acuerdo mercantil con EE.UU. Y México) y, en la segunda, señaló que sería “muy peligroso” para el Reino Unido realizar transacciones con la potencia asiática.

Los avisos de Trump no han impedido, no obstante, que las naciones europeas —penalizadas por EE.UU. Mediante un acuerdo abusivo que establece gravámenes del 15% sobre las mercancías europeas, frente al 0% en sentido contrario— hayan incluido en su agenda comercial a China, pese a lo compleja, asimétrica y enrevesada que ha resultado la conexión hasta el momento. Dentro de los líderes que se han desplazado a Pekín con el fin de redefinir los lazos mercantiles se encuentran, entre otros, el español Pedro Sánchez y el francés Emmanuel Macron, y durante febrero acudirá igualmente el alemán Friedrich Merz.

En Washington tampoco ha caído en gracia el acuerdo entre la UE e India, que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, describió como “la madre de todos los acuerdos” (evocando la “la madre de todas las batallas” con la que el fallecido dictador iraquí Sadam Husein denominó la primera guerra del Golfo). El secretario del Tesoro, Scott Bessent, lo dejó claro al cuestionar a los europeos por desestimar el “sacrificio” de EE.UU. Al aplicar gravámenes del 50% a India por su colaboración indirecta con Rusia al comprar su crudo. La UE se halla “financiando la guerra contra sí misma”, aseguró a la CNBC.

El premier británico, Keri Starmer, visitando el Yuyuan Garden, en Pekín, el viernes 
El líder británico, Keri Starmer, visitando el Yuyuan Garden, en Pekín, este viernes. Carl Court / Getty

No es una cuestión trivial, en un periodo en el que Europa intenta por todos los caminos que Estados Unidos se involucre en una resolución justa y balanceada para la guerra de Ucrania. No obstante, más allá de eso, lo que acontece es un verdadero duelo entre la solitaria estrategia proteccionista de EE.UU. Y la voluntad del resto de naciones por encontrar vínculos comerciales distintos, más abiertos y regidos por los principios del derecho internacional. Fue Donald Trump, y nadie más, quien incentivó de forma accidental, mediante su política de aranceles, los pactos de comercio de la UE con India y con los integrantes del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), concluidos con gran celeridad tras veinte y veintisiete años, respectivamente, de complejas y a menudo largamente paralizadas conversaciones. Únicamente se requería un pequeño estímulo…

Un estímulo que ha resultado crucial. Durante 2025, el año de apertura del regreso de Trump a la Casa Blanca, la UE cerró pactos mercantiles con Indonesia, México, Suiza y el Mercosur, a los que se han integrado ahora Vietnam e India. El titular del Consejo Europeo, António Costa, desplazado a Nueva Delhi con Von der Leyen, afirmó sobre el anuncio de este nuevo convenio: “Esta cumbre envía un claro mensaje al mundo: en un momento en que el orden global se está redefiniendo, la UE e India se muestran unidos como socios estratégicos y confiables”. Fiables representa el concepto esencial. Los dos representantes de la UE fueron convidados de honor en las conmemoraciones del Día de la República, un detalle de profunda carga simbólica del presidente indio, Narendra Modi.

El pacto mercantil entre India y la UE, que en 2024 ya formalizaron un Acuerdo de Asociación Estratégica, une a una de las principales fuerzas económicas y comerciales globales con el territorio más poblado -alrededor de 1.500 millones de ciudadanos- y la economía más vigorosa de los estados emergentes, la cual ha alcanzado la quinta plaza del escalafón mundial por PIB, aventajada por solo una nación europea: Alemania.

El convenio suscrito por Bruselas y Nueva Delhi disminuirá gradualmente durante los ejercicios venideros hasta un 97% y un 99% los gravámenes aplicados a los envíos europeos e indios valorados en 4.000 millones de euros cada año, generando importantes oportunidades de cara al futuro. Con el fin de concretar la alianza, los dos bloques han dejado fuera aquellos bienes agrarios propios que presentan mayor vulnerabilidad ante la rivalidad foránea. En el ámbito europeo, dentro de las industrias que inicialmente saldrán más beneficiados, se encuentran las de la automoción, la farmacéutica, la vinícola o la del aceite.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa; el primer ministro indio, Narendra Modi, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebrando el acuerdo 
El presidente del Consejo Europeo, António Costa; el primer ministro indio, Narendra Modi, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebran el acuerdo alcanzado. SAJJAD HUSSAIN / AFP

Las consecuencias financieras del convenio demorarán en percibirse, aunque su relevancia supera el incremento —todavía distante— del intercambio entre ambas partes. De esta forma lo afirma Alberto Rizzi, perteneciente al European Council on Foreign Relations (ECFR), quien considera que el tratado representa para Europa “el primer paso hacia la construcción de una alianza más amplia con la economía del G-20 de más rápido crecimiento” y ayuda a “salvaguardar un sistema comercial multilateral global que se está desmoronando por los aranceles estadounidenses, las restricciones a las exportaciones chinas y otras medidas unilaterales”. Adicionalmente, indica que posee un peso geopolítico relevante, ya que ayuda a consolidar —al igual que el pacto mercantil con el Mercosur— el compromiso con el multilateralismo que, dentro de los BRICS, respaldan con mayor firmeza India y Brasil, ante la inclinación antioccidental de China y Rusia.

El acuerdo con Mercosur, suscrito el 17 de enero y cuya validación en Europa se encuentra pausada momentáneamente debido al recurso que el Parlamento Europeo interpuso ante el Tribunal Superior de Justicia de la UE, representa asimismo un reto para unos EE.UU. Que han vuelto a activar la doctrina Monroe con la intención de acaparar el continente americano (o hemisferio occidental). Pese a este obstáculo y al rechazo de gran parte del sector agrícola —que se considera afectado—, gran parte de las naciones europeas, lideradas por Alemania e incluyendo a España, defienden la implementación temporal del convenio sin aguardar al dictamen jurídico, el cual podría demorarse dos años. Con tal fin, sería suficiente con que únicamente un integrante del Mercosur validara el pacto. Dicho paso podría darlo próximamente Paraguay, dado que su mandatario, Santiago Peña, remitió el jueves el documento a la Comisión Permanente del Congreso para que sea ratificado.

Dentro de esta agitación de convenios mercantiles, resulta irónico que sea precisamente el pacto suscrito con Estados Unidos el que se halle actualmente estancado. En respuesta a las presiones de Donald Trump hacia Dinamarca y la UE con el fin de conseguir la “propiedad” de Groenlandia, el Parlamento Europeo decidió congelar su aprobación oficial. Esta disposición, de naturaleza temporal, tendría que haberse anulado con celeridad, después de que el mandatario de EE.UU. Rectificara y accediera a negociar un consenso relativo a la estancia estadounidense en la región ártica. Sin embargo, esto no ha ocurrido.

El martes que viene se tratará otra vez el tema para determinar si se reinicia el proceso legislativo al concluir el mes. Aunque apoya una validación veloz en esta ocasión, el canciller alemán, Friedrich Merz, avisó estos días a EE.UU. Que el pacto debe respetarse y no debilitarse mediante “declaraciones diarias de que se hará otra cosa”. Lo cual representa precisamente el sello distintivo de Donald Trump.

Lluís Uría Massana

Lluís Uría Massana

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Subdirector de Guyana Guardian, especialista en política internacional. Antiguo enviado especial en París (2005-14), ha liderado las áreas de Internacional, Política y Vivir. Es el escritor de "Por qué amamos a los franceses (pese a todo)" (Diëresis, 2024).