Europa, salvada justo a tiempo.
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Trump desiste de su plan para comprar Groen

La mandataria danesa, Mette Frederiksen, observando el atardecer el día de ayer en Nuuk, Groenlandia)

No hace mucho frío estos días en Nuuk, la capital de Groenlandia. La temperatura máxima, ayer al mediodía, estaba en 1º positivo y en los próximos días el termómetro tenderá a subir. Más frío hace en Ucrania -con una máxima de 7º bajo cero-, donde la población está sufriendo uno de los peores inviernos de la guerra, privada de calefacción a causa de los bombardeos rusos dirigidos contra las infraestructuras energéticas del país. A pesar de eso, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a duras penas ha logrado hacerse oír estos días, focalizada como ha estado la atención de Estados Unidos y de Europa en el Ártico, donde se ha puesto crudamente en evidencia la crisis existencial de la Alianza Atlántica.
Resulta imposible comprender plenamente el conflicto en Groenlandia, impulsado por los arbitrarios deseos de anexión de Donald Trump —quien esgrime dudosas razones de protección nacional para pretender incorporar la isla ártica a EE.UU.—, sin considerar el enfrentamiento iniciado hace cerca de cuatro años por Rusia frente a Ucrania. La meta de proteger a cualquier precio la OTAN y conservar la promesa de Washington respecto a la estabilidad regional ante el peligro ruso justifica mayormente la táctica de moderación —e incluso de sumisión— adoptada por Europa frente a la agresividad en aumento del mandatario estadounidense.
Este comportamiento dubitativo, en lugar de calmarlo, lo ha enardecido. Trump actúa de forma despótica ante los vulnerables, por quienes no siente estima, mientras se vuelve más flexible ante aquellos que lo desafían. Al grado de que, con frecuencia, termina retrocediendo en sus decisiones. El articulista de Financial Times Robert Armstrong ha creado para tales situaciones la sigla TACO (Trump Always Chickens Out), que significa ‘Trump siempre se amilana’. ¿Ocurrió algo similar durante el conflicto de Groenlandia, resuelto por el mismo mandatario de Estados Unidos tras lanzar advertencias por doquier? Ciertos líderes prefieren pensar que, finalmente, la Unión Europea ha logrado imponer su autoridad. Otros consideran que el enfoque práctico de la negociación —contando con la conocida mediación del secretario general de la OTAN, Mark Rutte— resultó fundamental. No obstante, todo apunta a que diversos elementos distintos han tenido una mayor relevancia.
El vínculo entre EE.UU. Y Europa después de la vuelta de Trump a la Casa Blanca, ocurrida hace un año, se encuentra deteriorado desde su inicio. El mandatario estadounidense y su gabinete muestran un claro desdén hacia Europa y especialmente hacia la UE, entidad que consideran débil y fragmentada y a la cual buscan enfrentar de forma directa, al tiempo que debilitan a los movimientos proeuropeos mediante el respaldo a formaciones de extrema derecha nacionalistas.
El político demócrata Gavin Newsom exhortó a los europeos a “tener huevos” ante Trump
El conflicto mercantil del Día de la Liberación, iniciado en abril por Trump frente a casi 70 naciones, sin diferenciar entre rivales y socios, representó el examen definitivo. Al tiempo que administraciones como las de China o de Brasil daban pelea y obligaban a Washington a corregir su postura, la UE se limitó a advertir con acciones punitivas, sin ejecutar jamás ninguna reacción real. En consecuencia, EE.UU. Estableció un pacto de comercio abusivo mediante el que fija gravámenes generales del 15% a las compras de cualquier bien europeo -en ciertas ocasiones, superiores, como con el aluminio y el acero- a la vez que la UE los ha eliminado totalmente para las ventas estadounidenses. Ciertos líderes europeos presentaron como una victoria el hecho de no haber sufrido daños mayores.
“Trump percibe a los países europeos como un conjunto de vasallos pequeños y desarticulados que dependen asimétricamente del paraguas de seguridad estadounidense, su infraestructura tecnológica y su apoyo a Ucrania, sin capacidad para superar sus divisiones y limitaciones políticas internas”, ha señalado sobre este punto el analista político Ian Bremmer, quien preside el Grupo Eurasia. Con mayor crudeza, el mandatario de California, y uno de los referentes demócratas que encabezan la resistencia interna a Trump en EE.UU., Gavin Newsom, utilizó el escenario del foro de Davos para recriminar a los líderes europeos su falta de coraje: “¡Despierten! ¿Dónde demonios se ha metido todo el mundo? Dejen la diplomacia de sutilezas (...) Ningún europeo podrá sobrevivir si siguen por este camino; en el proceso, necesitan mantenerse firmes, erguidos, unidos, tengan algo de carácter, tengan malditos huevos”, manifestó.

Si Trump llegó al límite de proponer una exigencia final a Dinamarca y a la totalidad de la UE para que aprobaran la venta o transferencia de Groenlandia a EE.UU., bajo la amenaza de tomarla por cualquier medio, es porque ha constatado cuán vacilantes pueden llegar a ser los europeos. Adelantándose a la réplica europea frente a su presión, afirmó con altivez: “No resistirán mucho”. Siguiendo esa tendencia, el secretario del Tesoro, Scott Bessent -que es tenido por uno de los componentes más razonables del equipo-, se mofó de la “histeria” de los europeos y vaticinó que su único gesto sería “crear un grupo de trabajo”.
El periodo semanal, repleto de cambios de trama propios de una producción televisiva, comenzó con fuerza tras la advertencia de Trump sobre aplicar ciertos aranceles punitivos especiales del 10% -con posibilidad de aumento- a ocho naciones de Europa por su respaldo explícito a Dinamarca mediante el envío de tropas reducidas a Groenlandia. Frente a tal situación, Bruselas retomó la propuesta de amenaza de represalias arancelarias que alcanzan los 93.000 millones de euros -contempladas anteriormente pero jamás ejecutadas durante el conflicto mercantil- mientras diversos estados, liderados por Francia, sugirieron activar inicialmente el denominado Instrumento Anticoerción, lo cual habría implicado un agravamiento real de las tensiones entre supuestos socios. Con el fin de gestionar esta coyuntura, el máximo responsable del Consejo Europeo, António Costa, organizó con carácter de urgencia una reunión de alto nivel para la velada del jueves.
Por suerte —o tal vez no—, la UE ha eludido por el momento la obligación de demostrar firmeza. Trump se presentó en Davos el miércoles con la agresividad esperada. Criticó duramente a la UE y, aun habiendo descartado por vez primera el uso de la fuerza armada para capturar Groenlandia, lanzó amenazas veladas a los europeos sobre las repercusiones si no accedían a traspasarle la región ártica: “Pueden decir que sí, y lo apreciaremos mucho, o pueden decir que no y lo recordaremos”, avisó con ademanes autoritarios. No obstante, poco después, mediante su perfil en Truth Social, informó de una tregua y retiró la amenaza de aranceles, exponiendo que había llegado a un entendimiento básico con el secretario general de la OTAN para intentar resolver el enfrentamiento.
El retroceso de Trump libró a la UE de la necesidad de exponer públicamente sus discrepancias.
La estrategia planteada por el neerlandés Mark Rutte, quien ha conseguido la aprobación del mandatario estadounidense halagando su ego hasta niveles humillantes, consistiría entre diversos aspectos -los detalles de la propuesta aún son vagos-, en potenciar la función de la OTAN y transferir a EE.UU. La potestad territorial de algunas instalaciones militares en Groenlandia. Falta confirmar si tal medida será tolerada por Copenhague y Nuuk, para quienes la autonomía y la unidad del territorio insular constituyen una barrera infranqueable.
Por consiguiente, nada puede considerarse solucionado, pero la controversia ha ingresado en una etapa distinta y los europeos han respirado aliviados. La reunión de Bruselas fue útil para evaluar, con mayor tranquilidad, el panorama de los nexos con EE.UU., que persisten como algo sumamente alarmante, pero sin la premura de ejecutar resoluciones extremas que habrían evidenciado ante todos el hondo fraccionamiento que hay en la UE. Lo cual, con toda seguridad, habría derivado en el uso, una vez más, de disposiciones vacilantes. “Proporcionadas”, dentro del léxico diplomático de Bruselas.
Los sectores más enérgicos, como el presidente francés, Emmanuel Macron, quien proponía contestar con dureza a la provocación de EE.UU. Y emplear toda la fuerza posible, han encontrado en este lugar diversos obstáculos. Por una parte, el canciller alemán, Friedrich Merz, receloso de los resultados de una tensión desmedida y por consiguiente partidario de no irritar demasiado al presidente de EE.UU. —la misma posición que mantuvo durante la guerra comercial—, con el aval de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la alta representante para la Política Exterior, Kaja Kallas. Por otra parte, los amigos europeos de Trump, desde la italiana Giorgia Meloni hasta el húngaro Viktor Orbán. El repliegue estratégico de Trump ha logrado que se guarden las formas.

(Mucho más rápido y expeditivo, el Parlamento Europeo aprobó el martes, con los votos de los principales grupos de la cámara, populares y socialdemócratas -y alguna excepción-, suspender el proceso de ratificación del acuerdo comercial con EE.UU. Decisión que ahora, a la vista de los nuevos acontecimientos, se espera que revierta)
¿En qué medida la respuesta contradictoria de la UE, advirtiendo con una réplica contundente, ma non troppo, justifica el giro de Trump? Considerando los hechos previos, tal razonamiento resulta por sí mismo poco convincente. Todo sugiere, por el contrario, que el comportamiento de los mercados financieros pudo haber resultado determinante. La posibilidad de que los gravámenes correctivos de Trump iniciaran un conflicto mercantil inédito aceleró el martes la liquidación de bonos del tesoro norteamericano -bajo la consigna de Sell America (Vende América)-, lo cual generó un incremento en el precio de la deuda de EE.UU. -de cerca de siete puntos básicos a 10 años y de más de nueve a 30 años-, una caída del dólar y una bajada de las cotizaciones en bolsa.
En plena crisis se conoció la decisión del fondo danés de pensiones AkademikerPension y del fondo sueco Alecta de desprenderse de la mayor parte de sus carteras de bonos estadounidenses, provocando el temor a una cascada de deserciones. Europa es el mayor poseedor de deuda norteamericana del mundo, por un valor de 8 billones de dólares, lo que le da un inmenso poder de desestabilización. “A pesar de todo su poder militar y económico, Estados Unidos tiene una gran debilidad: depende de otros para pagar sus cuentas a través de grandes déficits externos”, recordaba estos días George Saravelos, analista de divisas del Deutsche Bank. Señal del nerviosismo que empezó a extenderse al otro lado del Atlántico, Donald Trump amenazó con “grandes represalias” si los europeos empezaban a vender masivamente deuda norteamericana… Tras su marcha atrás, los mercados volvieron a su cauce. Hasta nueva orden.
Volodímir Zelensky logró por fin encontrarse con el mandatario de EE.UU. En Davos este jueves, una cita que permitió progresar —está por verse en qué medida, debido a la intransigencia de Moscú— en la hoja de ruta para la paz promovida por Washington. El líder ucraniano aprovechó el momento para leerle la cartilla también a los europeos debido a su falta de respuesta y parálisis frente a los retos que se acumulan, ya procedan del Kremlin o de la Casa Blanca. Zelenski atacó el punto débil, describiendo a Europa como un “caleidoscopio fragmentado de potencias pequeñas y medianas”, y exhortó a sus gobernantes a hacerse cargo de su futuro, adoptar una auténtica soberanía estratégica —mediante un ejército conjunto que asegure su protección— y mostrar mayor firmeza y combatividad al proteger sus prioridades. Es evidente para todos. ¿Quién sigue sin percibirlo?
Tropiezo con el Mercosur. Durante la emergencia ártica, la Comisión Europea junto a las naciones más implicadas en el pacto mercantil UE-Mercosur, firmado hace justo una semana, experimentaron el miércoles un severo e imprevisto revés al validar el Parlamento Europeo por un margen ajustado -334 sufragios positivos, 324 negativos y 11 abstenciones– recurrir el tratado ante la Justicia europea, hecho que postergaría hasta por un bienio su implementación total. El rechazo al convenio, que aglutina a las facciones de extrema derecha y extrema izquierda, recibió el respaldo de numerosos disidentes del PPE procedentes de Francia y Polonia, los dos estados con mayor resistencia al pacto y donde las manifestaciones de los productores agrícolas, sintiéndose afectados, han cobrado mayor intensidad. El jefe de gobierno germano, Friedrich Merz, ferviente partidario del acuerdo -considerando que el sector industrial sería el principal favorecido-, tildó de “lamentable” la resolución de la Eurocámara y propuso ratificar una ejecución temporal del tratado, contando para ello con el apoyo de España. El PP español, inmerso en la contienda electoral autonómica, se ha distanciado solicitando que el convenio no se aplique aún, si bien en Estrasburgo acató las directrices de votación del PPE.

