Internacional

¿Debe tener Europa su propio arsenal nuclear?

Visión periférica

Amanece en Fort Greely, Alaska. En el centro de vigilancia del 49º Batallón de Defensa Antimisiles del Ejército de Estados Unidos, entra el turno de la mañana. Todo hace presagiar un día más, como cualquier otro. Sin embargo, al poco salta la alarma: el radar SBX-1 detecta en el Pacífico que un misil balístico intercontinental de origen desconocido se dirige hacia EE.UU. Son las 9:33h y en los siguientes minutos se va a desencadenar una carrera contrarreloj para tratar de identificar al atacante, decidir un eventual contraataque y, sobre todo, interceptar el misil para evitar que impacte en su objetivo: la ciudad de Chicago.

Así arranca Una casa llena de dinamita , la última película de la oscarizada directora norteamericana Kathryn Bigelow. Estrenada en 2025, devuelve al espectador a las duras épocas de la guerra fría, cuando la sensibilidad ante el peligro de una hecatombe nuclear era muy viva. En 1983, el filme El día después causó una honda impresión en todo el mundo. No ha pasado lo mismo ahora con la ‘casa’. Y, sin embargo, el riesgo de una conflagración atómica, lejos de haberse disipado, se ha reforzado en estos últimos años.

La guerra contra Ucrania, desatada hace ya casi cuatro años por una Rusia que amenaza, día sí y día también, con utilizar armas nucleares, y la imprevisibilidad de los EE.UU. De Donald Trump, quien ha erosionado gravemente la credibilidad del sistema de disuasión de la OTAN, han disparado la amenaza sobre Europa.

Lanzadores de misiles balísticos intercontinentales rusos Yars en la plaza Roja de Moscú 
Lanzadores de misiles balísticos intercontinentales rusos Yars en la plaza Roja de Moscú ALEXANDER NEMENOV / AFP

Para ensombrecer el panorama, esta semana ha saltado el último cerrojo que todavía ponía freno a una nueva carrera armamentística nuclear. El jueves pasado expiró el Tratado Nuevo Start, firmado en 2010 por Barack Obama y Dimitri Medvédev, por el cual EE.UU. Y Rusia se comprometían a limitar sus arsenales nucleares estratégicos (1.550 ojivas desplegadas, 800 lanzadores y 700 misiles balísticos). Es la primera vez en más de medio siglo que no hay ningún límite que obligue a ambas superpotencias sin que se esté negociando otro acuerdo en paralelo. Rusia primero –y EE.UU. Como respuesta– suspendieron su aplicación en 2023. Pero, salvo en lo referente a las inspecciones, hasta ahora básicamente se ha respetado.

¿Y a partir de ahora, qué? El presidente ruso, Vladímir Putin, ha abogado por prorrogar de facto el acuerdo durante un año mientras se negocia otro y Trump se ha mostrado partidario de una negociación más amplia que incluya a China. El secretario de Estado, Marco Rubio, subrayaba esta semana que “un acuerdo de control de armas que no tenga en cuenta el aumento del arsenal de China, que Rusia apoya, sin duda reducirá la seguridad de EE.UU. Y sus aliados”. Pekín tiene mucha menos capacidad –unas 600 ojivas, que podrían llegar a 1.000 en 2030, frente a las alrededor de 5.000 que almacenan cada uno EE.UU. Y Rusia– y por tanto se opone.

El vicepresidente J.D. Vance ve un peligro en la disuasión nuclear francesa y británica

La posibilidad de un nuevo acuerdo parece en este momento incierta. Y puede llevar mucho tiempo. Pero según como se desarrollen las negociaciones, la seguridad de Europa podría encontrarse seriamente comprometida. Los investigadores Tim Thies y Philipp Fischer advertían recientemente en International Politics and Society (IPS) que Moscú podría poner nuevamente en la balanza la retirada de las armas nucleares tácticas que EE.UU. Tiene desplegadas en el continente (entre 100 y 150) y la reducción de los arsenales atómicos de Francia y el Reino Unido (con 290 y 225 ojivas, respectivamente). 

Pero esta vez existe el riesgo de que el presidente Trump, que se siente poco concernido por la seguridad del continente, sea receptivo a las tesis del Kremlin. Es extremadamente llamativo que el vicepresidente J.D. Vance, considere los arsenales francés y británico más un peligro potencial para su país –en la medida en que algún día, según dijo, pudieran caer en manos islamistas– que una baza.

El debilitamiento de la disuasión podría dejar a Europa en una situación extremadamente vulnerable frente a Rusia. De ahí que algunas voces estén planteando abiertamente la constitución de un arsenal nuclear propiamente europeo. En un artículo en Foreign Affairs , los politólogos Moritz. S. Graefrath y Mark A. Raymond se muestran partidarios de que, además del Reino Unido y Francia, Alemania se dote también de armas nucleares como vía para asegurar una “Europa autosuficiente”. “Lejos de marcar el comienzo de una nueva era aterradora de inestabilidad global –argumentan– la proliferación selectiva ayudaría a mantener el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial”.

La responsabilidad de Alemania en la última gran conflagración, sin embargo, pesa demasiado y no es de esperar que Berlín rompa este tabú. El canciller Friedrich Merz lo descartó expresamente hace escasos días: “Alemania se ha comprometido en dos tratados internacionales vinculantes a no poseer sus propias armas nucleares”, zanjó. Pero el debate va avanzando en el conjunto de la UE.

Observando lo que le ha pasado a su vecino ucraniano, el primer ministro polaco, Donald Tusk, planteó el año pasado la necesidad de que Polonia estuviera protegidas con armas nucleares. Y el primer ministro sueco, Uli Kristersson, ha expresado una preocupación similar. El propio Merz ha admitido la existencia de conversaciones preliminares con otras capitales europeas para abordar el desarrollo de una disuasión nuclear propia europea, que lógicamente estaría basada en las capacidades francesa y británica pero debería ir más allá. Como primer paso, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha ofrecido extender su paraguas nuclear a toda la UE, aunque subrayando que el botón nuclear dependería solo de París.

Los contactos apenas han salido de un primer estadio, pero si hay algo claro es que la casa seguirá llena de dinamita.

Lluís Uría Massana

Lluís Uría Massana

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Subdirector de Guyana Guardian, especializado en política internacional. Excorresponsal en París (2005-14), ha dirigido las secciones de Internacional, Política y Vivir. Autor de "Por qué amamos a los franceses (pese a todo)" (Diëresis, 2024)

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