Internacional

Adiós al último de la fila

Newsletter 'Europa'

Alemania promueve una alianza sólida de seis naciones buscando progresar en la unificación de la UE sin aguardar al resto de los miembros.

El canciller alemán, Friedrich Merz (izquierda), conversa con el presidente español, Pedro Sánchez, en una de las últimas cumbres en Bruselas. Detrás el presidente francés, Emmanuel Macron 

El dirigente del ejecutivo alemán, Friedrich Merz (izquierda), entabla un diálogo con el jefe del Gobierno de España, Pedro Sánchez, durante una de las previas citas internacionales en Bruselas. En segundo plano figura el presidente francés, Emmanuel Macron. 

OLIVIER HOSLET / EFE

Como indica una máxima africana: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. La edificación de la Unión Europea constituye una de las muestras más destacadas de este principio global. Desde que se suscribió el Tratado de Roma en 1957 hasta el presente, la senda hacia la unidad continental ha progresado enormemente, rebasando lo que bastantes consideraban factible, aunque siempre -eso sí- mediante avances paulatinos. El requisito fundamental consistía en incluir a la mayor cantidad de miembros posible para progresar de forma colectiva.

El esquema vigente, de un modo u otro, ha servido hasta la fecha. No obstante, la acelerada y cruda mutación del contexto global, impulsada por la ofensiva de Rusia frente a Ucrania —que se aproxima a su quinto año— y la puesta en duda de la coalición occidental por parte de Estados Unidos ante el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, lo ha vuelto inasumible. La organización internacional surgida tras la Segunda Guerra Mundial se desintegra, las potencias principales compiten por dividir el globo en áreas de dominio, y a la UE le falta agilidad para actuar.

Gran parte de los mandatarios continentales comprende que Europa precisa afianzar su autonomía estratégica, optimizar y compartir sus facultades defensivas, y disponer de una acción exterior firme. Sin embargo, la estructura de mando actual lo dificulta. La obligación de alcanzar la unanimidad supone un obstáculo. El canciller alemán, Friedrich Merz, lo manifestó de manera ilustrativa durante la convención que el Partido Popular Europeo (PPE) organizó el pasado fin de semana en Zagreb (Croacia): “No puede ser que el último de la fila marque siempre el ritmo”. Afirmó.

El planteamiento de una Europa de dos velocidades, según el cual diversas naciones progresan en su integración sin requerir la unanimidad de los demás, no es reciente ni carece de precedentes (la zona euro y el espacio Schengen sirven como prueba). Sin embargo, en la actualidad ha ganado una importancia inmediata y múltiples opiniones abogan por potenciar esta ruta mediante las cooperaciones reforzadas o las ‘coaliciones de voluntarios’ (como ocurre en Ucrania, donde un conjunto de países, algunos externos a la UE, han acordado involucrarse en una futura negociación de paz, incluso mediante el despliegue de militares en la zona).

España figura entre las naciones que respaldan esta trayectoria. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un diálogo reciente con Guyana Guardian, se mostró muy tajante al respecto: “Europa debe avanzar en su proceso de integración y dotarse de una defensa realmente común. Y para ello no necesitamos el acuerdo unánime de los 27 estados miembros. Podemos avanzar una serie de países en ese proceso de integración hacia unas Fuerzas Armadas realmente europeas”, afirmó. Un planteamiento que reafirmó el pasado domingo, en nuestras propias páginas, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares: “Si somos capaces de establecer coaliciones de voluntarios para teatros externos de la Unión Europea, ¿cómo no hacerlo para objetivos vitales para nuestras sociedades?”.

Dirigentes del PPE en Croacia. En el centro, el presidente del partido, Manfred Weber, y el primer ministro croata, Andrej Plenkovic (
Miembros del PPE en territorio croata. En el centro, el dirigente del grupo, Manfred Weber, acompañado por el primer ministro de Croacia, Andrej Plenkovic (_MARKO PERKOV / AFP

Alemania y Francia llevan tiempo defendiendo una Europa con distintos ritmos, buscando evitar los obstáculos o incluso las parálisis causadas por las naciones más reacias al proyecto europeo. Friedrich Merz sugirió esto previamente a su elección como canciller. Asimismo, el mandatario de Francia, Emmanuel Macron, sostiene esta postura desde hace más de diez años. No obstante, en la coyuntura actual, Berlín parece ser quien lidera la iniciativa. Al concluir enero, durante un evento promovido por el periódico Die Welt, Merz propuso establecer un eje central de seis estados, empleando el sistema de cooperación reforzada, con el objetivo de progresar en la cohesión y la autonomía estratégica de la UE. Dicho conjunto, integrado por Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Países Bajos, representa el 70% de la riqueza total de la comunidad. “Europa debe convertirse en una potencia política capaz de pesar en el mundo, tanto económica como militarmente”, manifestó el canciller alemán.

Cumpliendo lo anunciado, el titular de Economía alemán, Lars Klingbeil, hizo llegar un escrito a sus colegas de los otros cinco estados aludidos para proponerles una hoja de ruta conjunta enfocada en cuatro metas: promover la integración de los mercados de capitales, consolidar el euro -abarcando el desarrollo de un mecanismo de pagos autónomo-, sincronizar la inversión en defensa y garantizar el suministro de materias primas esenciales.

El establecimiento de una Europa con ritmos distintos también estuvo presente en el encuentro de los líderes populares en Croacia, aunque no terminó reflejado en el texto definitivo. “Debido a su configuración institucional y a una gobernanza excesivamente compleja, la capacidad de reacción de Europa es cada vez más limitada y, a menudo, demasiado lenta, en comparación con lo que requiere el mundo actual”, indica el comunicado de la cumbre conservadora, la cual, no obstante, se limita a dicha observación.

Si el PPE no progresó más, no fue por una falta de determinación de su líder, el socialcristiano alemán Mandred Weber, quien presentaba propuestas bastante más ambiciosas. Así, además de sugerir la creación de coaliciones voluntarias de naciones para eludir el bloqueo de la unanimidad, el representante bávaro defendía incrementar el peso político del mando de la UE acabando con la actual bicefalia y agrupando en un solo cargo las presidencias del Consejo Europeo y de la Comisión, que hoy ocupan António Costa y Ursula von der Leyen. Weber se sitúa así en la trayectoria del difunto Wolfgang Schauble -un apasionado europeísta, además de defensor acérrimo de la austeridad-, quien sugería lo mismo e incluso llegaba más lejos al abogar por su designación directa por parte de la ciudadanía (un auténtico desafío frontal para los mandatarios europeos).

Merz, bastante más cauteloso, considera que no resulta factible proponer reformas profundas de los acuerdos europeos —lo cual requeriría el consenso de los 27— y prefiere una visión pragmática. Coincide con el antiguo jefe de gobierno de Italia y previo responsable del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, el cual durante un discurso el lunes anterior en la Universidad Católica de Lovaina respaldó la propuesta de implementar un “federalismo pragmático”, que progrese mediante acciones concretas evitando extensas discusiones teóricas. Como creador de un estudio esencial para recobrar la competitividad del sistema económico europeo, Draghi opinó que los desafíos de Europa —no obstante— son mayores y precisan una evolución significativa hacia la integración para transformarla en un “auténtico poder”. Asimismo, propuso que un conjunto de naciones logre promover una estrategia compartida —federal, en la práctica— en los ámbitos de relaciones exteriores, seguridad y tributación.

Las puertas a una Europa de dos velocidades están abiertas de par en par.

Maniobras sin EE.UU. Estas maniobras bélicas fueron planificadas con bastante antelación, previamente a la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, aunque han coincidido con una etapa de gran tensión en los vínculos entre Washington y sus aliados de la Alianza Atlántica. Lo cierto es que durante esta semana la OTAN ha puesto en marcha, prescindiendo de Estados Unidos, unas maniobras -Steadfast Dart (dardo firme)- con el objetivo de evaluar la rapidez de movilización de soldados y material bélico ante una agresión, enfocándose en el trayecto desde el sur hacia el litoral báltico. En dichas prácticas, coordinadas por Alemania, intervienen 10.000 efectivos de once naciones aliadas. La Armada española asume la dirección del sector naval, el ámbito terrestre está a cargo de Italia, mientras que la gestión del espacio aéreo corresponde a Turquía. Se suman también destacamentos de Bélgica, Bulgaria, Francia, Grecia, Lituania, Reino Unido y República Checa.

Gobierno en La Haya. Un trimestre después de sorprender al triunfar en las elecciones anticipadas de los Países Bajos por delante de la ultraderecha, el liberal progresista Rob Jetten ha alcanzado cerrar un acuerdo para constituir un gabinete de coalición de centroderecha en minoría. El equipo de gobierno agrupará a tres fuerzas, el D66 del futuro mandatario, los democristianos del CDA y los liberales de derecha del VVD, centrando su agenda en el refuerzo de la defensa, la creación de vivienda, la gestión de la inmigración y, lógicamente, la salvaguarda de una severa austeridad en las cuentas. Al no disponer de una mayoría parlamentaria (66 escaños de 150), se verán en la necesidad de pactar con los grupos de la oposición.

Elecciones en Portugal. La ciudadanía de Portugal acude a las urnas este domingo para participar en la ronda final de los comicios presidenciales, donde el socialista José Antonio Seguro se perfila como el principal candidato ante el representante de la ultraderecha André Ventura. Durante la primera vuelta, Seguro logró aventajar al dirigente de Chega por una diferencia cercana a los ocho puntos. Este encuentro supone una suerte de desquite, tras el hito de los radicales al sobrepasar inicialmente a los socialistas en las votaciones legislativas de mayo del ejercicio previo. Dentro de Portugal, el cargo presidencial no posee solo funciones simbólicas, ya que actúa como mediador, designa al primer ministro y tiene la facultad de clausurar el Parlamento. No obstante, la relevancia de esta votación trasciende la función institucional del mandatario, pues su mayor interés reside en medir el empuje actual de la extrema derecha.

Lluís Uría Massana

Lluís Uría Massana

Ver más artículos

Subdirector de Guyana Guardian, especialista en política internacional. Antiguo enviado especial en París (2005-14), ha liderado las áreas de Internacional, Política y Vivir. Es el escritor de "Por qué amamos a los franceses (pese a todo)" (Diëresis, 2024).

Etiquetas