Internacional

Europa asume su soledad estratégica en un orden mundial post occidental

La crisis en el continente

Un informe del ECFR advierte de que la fragmentación interna de la UE debilita su capacidad de respuesta ante el giro aislacionista de Washington.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen 

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen 

CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE

En una encuesta realizada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), un 'think tank' con sede en Bruselas, revela el pesimismo de los ciudadanos europeos en relación con el futuro de sus países y del mundo tras la llegada del presidente Trump al poder.

La mayoría de los encuestados consideran que los Estados Unidos ya no son un aliado fiable y que sus países necesitan invertir más en defensa.

El informe tiene como objetivo encontrar las condiciones políticas necesarias para sacar a Europa de su situación actual de indefinición. Consideran que una Europa fuerte es aquella que se desvincule de su tradicional alianza con Washington, invierta en una defensa más capaz e independiente y tenga una actitud positiva hacia la cooperación.

El estudio divide a la población en seis “islas” distintas de acuerdo con su opinión sobre Estados Unidos, el papel de la Unión Europea y el rearme militar. Creen que estas “islas” (denominadas eurohalcones, europalomas, atlanticistas, renegados, nacionalistas y trumpistas) pueden unirse en tres coaliciones para poder pasar a la acción ante la pasividad e indecisión que se vive actualmente debido a la polarización de opiniones que asola el territorio.

La primera coalición que podría surgir, a la que denominan “las bayonetas”, agrupa a quienes priorizan el rearme militar ante la amenaza percibida de Rusia y la retirada del paraguas estadounidense. Si bien esta es la respuesta más pragmática ante el vacío de poder, el ECFR advierte que conlleva un riesgo de “securitización” de la política europea. El gasto masivo en defensa podría obligar a recortes drásticos en políticas verdes o sociales, lo que generaría nuevas tensiones internas y podría fracturar la cohesión social en los Estados miembros más vulnerables económicamente.

La segunda coalición, la denominada “de los valores”, estaría integrada por ciudadanos que ven en la integración europea la última línea de defensa de la democracia liberal y el Estado de bienestar. Este bloque aboga por una soberanía compartida frente a la influencia de modelos autoritarios y la volatilidad de Washington. Sin embargo, su principal obstáculo es el idealismo. El informe subraya que estos sectores a menudo carecen de una hoja de ruta clara para traducir sus principios en poder duro, en un escenario global que se rige cada vez más por la fuerza y el proteccionismo.

Finalmente, la “coalición nacionalista” se nutre del desencanto y el caos percibido. Este grupo, que ve en la burocracia de Bruselas el origen de su pérdida de identidad y control, apuesta por el retorno a las fronteras nacionales como refugio. Para el ECFR, esta corriente representa el mayor peligro para la acción exterior de la Unión, ya que su capacidad de veto en el Consejo podría paralizar cualquier intento de respuesta unitaria ante crisis internacionales, convirtiendo a Europa en un actor irrelevante frente a las grandes potencias.

Según el informe, la supervivencia de la Unión Europea en este “mundo postoccidental” dependerá de la capacidad de sus líderes para tender puentes entre la coalición militarista (la de las bayonetas) y la defensora de los valores. Solo así la UE podrá evitar que su destino sea dictado desde Washington o Pekín.