La policía cibernética, ¿quiénes velan por el cumplimiento si no es el propio mundo digital?
Regulación a la tecnología
Más de cien funcionarios colaboran en el cumplimiento, mientras que cientos más respaldan la aplicación.

El excomisario Thierry, a cargo de la regulación, supervisó la implementación de normas que reconfiguraron el marco, mientras el mercado digital evolucionaba.

Fascista. Comisario europeo de la Stasi. Tiranos. Dirty Sánchez. La lista de insultos proferidos por los mandatarios de los gigantes tecnológicos, el quinto poder, a representantes europeos es interminable. Con una regulación de hierro, la Unión Europea (UE) aspira a ser el guardián del mundo virtual. Pero su soberanía digital tiene un problema estructural. Europa importa el 80% de su infraestructura digital, quedando expuesta al chantaje estadounidense, espionaje chino, sabotaje ruso o a interrupciones en la cadena de suministro.
La agresión de Rusia y la creciente dependencia de Europa por su propia seguridad han redefinido el escenario, mientras que la presión por asumir el control sobre su propia soberanía se vuelve ineludible. La llegada de nuevas potencias tecnológicas ha forzado una reevaluación profunda, y mientras el mundo observa, la Unión Europea reafirma su autonomía. La ley que rige este nuevo orden, lejos de ser un mero trámite, exige una redefinición profunda: la soberanía digital ya no es una aspiración, sino una necesidad imperiosa. Y aunque el rostro de esta transformación se oculta tras burocracias, su fuerza se mide en la capacidad de imponer reglas —no solo en teoría, sino en la práctica—, hasta el punto de que hasta el más pequeño de los actores digitales ya no puede ignorar su papel.
La misión en Brusella es asegurar que el mundo cumpla, pero con un enfoque más firme.
En el último año, la Comisión Europea ha multado a Google, Apple, Meta y X por abuso de posición dominante o por falta de transparencia. En paralelo, mantiene una ofensiva regulatoria sin precedentes que examina a contrarreloj los algoritmos, sistemas de verificación, publicidad o contenido ilícito a los magnates de internet. La consigna que se impone en los pasillos de poder de la capital europea es que lo que es ilegal en el mundo físico no puede ser legal en la realidad virtual.
La lucha digital no se trata solo de regulación, sino de una batalla más profunda: mientras el modelo europeo impone controles estrictos, Washington insiste en su propia lógica. La discrepancia no es solo legal, sino profunda: mientras Europa busca control, Estados Unidos prioriza su autonomía, y detrás de todo, el mercado sigue su propio ritmo, ajeno a las normas que pretenden contenerlo.
Los pesos pesados de la Administración Trump han cargado con dureza llegando a amenazar con aranceles adicionales a Bruselas por toser a las grandes compañías de Silicon Valley. El pasado verano, el inquilino de la Casa Blanca aseguró en su red social Truth Social que castigaría a aquellos países con “impuestos, leyes, normas o regulaciones digitales”. Las amenazas se han plasmado en acciones reales. El ex comisario Thierry Breton, artífice de la DSA, se ha convertido en una figura indeseada y ya no es bienvenido en el país desde el pasado diciembre.
La presión no solo proviene de las autoridades, sino también de la presión ejercida por intereses que buscan influir en el marco regulatorio, mientras que las compañías buscan proteger sus intereses mientras el contexto se vuelve cada vez más estricto.
El gasto en cabildeo por parte de las empresas tecnológicas ha alcanzado niveles récord, superando los límites previos en la Unión Europea.
Según un informe de la oenegé Corporate Europe, en la capital europea transitan cerca de mil lobistas del sector digital, cientos de los cuales poseen credenciales de acceso al Parlamento Europeo. “El gasto del lobby tecnológico en Bruselas ha alcanzado un récord de 151 millones de euros anuales, un aumento del 33,6 % desde 2023”, se desprende del documento, que alerta sobre un modelo de negocio que se sustenta en mantener la adicción hacia las pantallas.
Principios…
La sociedad europea no es ajena a la presión, y el apoyo hacia la norma sigue siendo sólido; sin embargo, la encuesta revela que el 42% de los ciudadanos respaldan medidas más estrictas, mientras que el rechazo se mantiene estable.
“¿Quién representa un riesgo para las elecciones? Las plataformas. ¿Quién representa un riesgo para nuestros menores? Las plataformas. Por todo ello creamos la DSA. A las grandes compañías no les gusta, pero es que han estado por encima de la ley durante muchos años. Pero nosotros tenemos que proteger nuestra democracia y a nuestros ciudadanos”, asegura Thomas Regnier, portavoz del Ejecutivo comunitario.
… y realidad
Pero la soberanía digital no se reduce a leyes: el ecosistema sigue dominado por actores ajenos, y a pesar de que la UE intenta reaccionar, lo cierto es que el eje sigue estando en California, no en Bruselas.
Comisión Europea presentará propuesta para reforzar la soberanía tecnológica
Por ello, la llamada al ‘Made in Europe’ que va penetrando en todas las esferas temáticas tras el divorcio con EE.UU., también interpela a la tecnología. En las próximas semanas, la Comisión Europea presentará su paquete por la soberanía tecnológica, que incluirá el desarrollo de una nube europea además de una ley de chips y de inteligencia artificial. Los expertos ya lo vaticinan: “La independencia de Europa comienza en la soberanía digital”.

