Trump da de un plazo de diez días para un posible ataque a Irán
Crisis en Oriente Medio
La primera reunión de la llamada Junta de la Paz creada por el presidente de EE.UU. Tiene un claro sonido belicista si Teherán no acepta llegar a un acuerdo por las armas nucleares

Como es habitual, Donald Trump aprovechó este acto de repercusión internacional para hacer un auto elogio de si mismo

El presidente Donald Trump convocó este jueves la primera reunión de su Junta de la Paz con sonido de tambores de guerra de fondo y el mayor despliegue militar en Oriente Medio desde la invasión de Irak, en el 20023.
La dualidad de Trump quedó claramente expresada en este encuentro inaugural que celebró en el Instituto de la Paz, ahora rebautizado con el nombre del líder estadounidense. Su mensaje más llamativo, más allá el auto elogio y el culto al líder, fue belicista.
Su discurso inaugural lo utilizó para insistir en su llamada a Irán para que llegue a un acuerdo, el acuerdo que él quiere y no el que busca Teherán, respecto a su programa nuclear o “cosas terribles sucederán”, recalco.
Avanzada su intervención, entres anuncios de haber recaudado 7.000 millones de dólares para su junta entregados por media docena de países, y otros 10.000 millones que aportará EE.UU., Trump apuntó a una acción militar a corto plazo. “Probablemente lo descubrirán en los próximos 10 días”, remarcó. Es decir, que su apuesta por la paz empezó con una advertencia de guerra.
Muchos consideran su junta un desafío para eclipsar a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y, en concreto, su órgano ejecutivo, el Consejo de Seguridad. En este nuevo órgano, Trump es el dueño y señor, el presidente que decide y el único con derecho a veto.
Tras un exagerado elogio sobre la consideración de su iniciativa, insistió en que la ONU no ha podido acabar con ocho guerrra como ha hecho él y, sin embargo, se ofreció a colaborar con la institución multilateral porque “tiene mucho potencial”.
Los millones comprometidos hasta ahora son una pequeña fracción de lo que se necesita para la reconstrucción la franja de Gaza. Las naciones que quieran asegurar un sitio durante tres años en la junta deben desprenderse de 1.000 millones.
La lista de participantes publicada por la Casa Blanca incluyó 48 países, si bien muchos de ellos lo hacían a titulo de observadores, como la Unión Europea o Alemania. De los europeos, solo Rumanía y Hungría, que está más cerca de Rusia que de la UE, participaron como miembro de la junta. Los que han firmado el compromiso suman un par de docenas, pero esto no significa que todos hayan pagado la cuota.
Así que la junta de la paz incorporó pocos aliados tradicionales, pero muchas autocracias, dictaduras y países acusados de abusos contra los derechos humanos. Las invitaciones al presidente ruso, Vladimir Putin, o al chino Xi Jinping siguen sobre la mesa. La última baja la protagonizó el Vaticano.
Las conversaciones sobre Gaza eran el foco de este acto. El alto el fuego continúa siendo un auténtico logro diplomático para Trump, aunque los últimos meses han sido turbulentos.
Pero está lejos de estar claro hasta qué punto es realista la visión de Trump para la Gaza de posguerra. La presentación realizada por Jared Kushner en Davos el mes pasado puso mucho énfasis en relucientes bloques de torres y en un turismo de rascacielos llamativo, pero ofreció pocos detalles sobre los complejos problemas políticos y socioeconómicos que enfrenta Gaza y la población que allí vive y ha vivido.
El consejo, en su espíritu suplantador de la ONU, apunta muy alto. Quiere “asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por el conflicto”, según la carta fundacional. Eso abarca muchos lugares más allá de Gaza. También promete ser un organismo de mantenimiento de la paz ágil, presumiblemente a diferencia de los diplomáticos de las Naciones Unidas.
Como subrayaron algunos analistas, todo parece sacado de una presentación para inversores, una start-up destinada a revolucionar la diplomacia internacional. Trump ha propuesto muchas ideas poco convencionales, y algunas han tenido éxito. Falta por saber si ésta lo tendrá.
Desde la clave interna, el evento también resultaba complicado para Trump. Ha recibido críticas por parecer demasiado centrado en los asuntos exteriores. La Casa Blanca intentó discretamente cambiar la imagen desde el comienzo del año, manteniendo todas las visitas de políticos extranjeros a puerta cerrada, hasta hoy. Y, en cuanto acabara el acto, el presidente se marchaba deprisa y corriendo para protagonizar un acto estilo campaña electoral en Rome (Georgia), supuestamente centrado en los logros económicos de su gestión.
