Rosatom, la herramienta geopolítica del imperio ruso
Vanguardia Dossier
Moscú usa la tecnología nuclear como instrumento de poder y diplomacia

Vladímir Putin durante una reunión con profesionales de la industria nuclear en Moscú.
El 9 de septiembre del 2019, tras un viaje de 5.000 kilómetros a través del océano Ártico con el rompehielos Dikson, la primera central nuclear flotante del mundo, el Akademik Lomonosov, llegó a su ubicación definitiva en Pevek, en la región más septentrional del extremo oriental de Rusia. Unos meses más tarde, la central estaba ya plenamente operativa y suministraba energía a una de las regiones más remotas del país. A principios del 2025, el Akademik Lomonosov había suministrado 1.000 GWh, lo que supone un 60% de la energía de la región. Su historia es uno de los últimos éxitos de la Corporación Estatal de Energía Atómica de Rusia, Rosatom, que ha reactivado por completo el sector ruso de la energía nuclear (casi 40 años después del accidente nuclear de Chernóbil) y ha alcanzado una posición puntera en la escena mundial.
Rosatom se creó en el 2007, cuando heredó el papel de la Agencia Federal de Energía Atómica, que había estado bajo el control del Ministerio de Energía Atómica. Es una corporación integrada verticalmente que controla, ya sea de forma directa o a través de filiales, todo el ciclo de competencias del sector nuclear, desde la extracción de uranio hasta la construcción y explotación de centrales nucleares, pasando por el procesamiento y almacenamiento del combustible gastado.
Rosatom es la empresa nuclear con la mayor cartera de pedidos extranjeros del mundo (construcción de reactores, suministro de uranio...), así como de otros servicios en más de 50 países
En Rusia, Rosatom opera a través de su filial Rosenergoatom un total de 38 reactores en 11 centrales nucleares, la mayoría de las cuales se encuentran en la parte europea de Rusia. Rosatom también es responsable de la división de armas nucleares del país, la flota de rompehielos de propulsión nuclear y los institutos de investigación nuclear, así como de garantizar la seguridad nuclear y radiológica. En los últimos años, la empresa ha ampliado sus actividades nacionales al sector de las energías renovables y, en particular, a la eólica. De modo muy importante, Rosatom es también la compañía de energía nuclear con la mayor cartera de pedidos extranjeros del mundo, lo cual incluye la construcción de reactores, el suministro de uranio enriquecido y combustible, así como otros servicios en más de 50 países.
Los antecedentes
Los éxitos actuales del sector nuclear ruso tienen sus raíces en una época muy anterior a la creación de Rosatom en el 2007. Ya durante la Segunda Guerra Mundial, los planes militares soviéticos impulsaron el desarrollo del sector. En la década de 1950, la Unión Soviética desarrolló la energía nuclear para fines civiles, con la inauguración en 1954 de la primera central nuclear del mundo, Obninsk, y la botadura en 1959 del primer rompehielos nuclear, el Lenin. En la década de 1980, la Unión Soviética había instalado 37 GW de capacidad en energía nuclear y desplegado dos tipos de reactores, el reactor de agua a presión VVER (vodo-vodyanoi enyergeticheskiy reaktor) y el reactor refrigerado por grafito RBMK (reaktor bolshoy moshchnosti kanalnyy); las versiones modernas del primero son el pilar del actual sector nuclear ruso. Además, el país construyó centrales y reactores en otros países socialistas como Bulgaria, Checoslovaquia, Alemania Oriental y Hungría, así como en la entonces neutral Finlandia.

Durante algún tiempo, el legado del desastre nuclear de Chernóbil ocurrido en 1986 y la crisis económica de la década de 1990 obstaculizaron el desarrollo de la industria nuclear rusa. Sin embargo, a finales de la década de 1990 y en la década del 2000 se pusieron en marcha nuevos proyectos tanto en Rusia como en el extranjero, y ello permitió al sector conservar sus capacidades y recursos humanos.
Presente y futuro nuclear
En la actualidad, las centrales de Rosatom representan en torno a un 20% de la generación eléctrica de Rusia. El último Programa Federal Objetivo prevé una cuota nuclear de un 25-30% en el suministro de electricidad en el 2030, una cuota que aumentará hasta un 45-50% en el 2050 y un 70-80% a finales de siglo. Los críticos sostienen que tal expansión de la energía nuclear, que incluye la sustitución de la capacidad que llegue progresivamente al final de su vida útil, solo puede lograrse con una importante intervención estatal. Sin embargo, se espera que la mayoría de los reactores VVER reciba prórrogas de licencia de 30 años y que los reactores RBMK vean prolongada su vida útil en 15 años (para un servicio total de 60 y 45 años, respectivamente). Aunque las prórrogas de las licencias se conceden tras un proceso de supervisión y mantenimiento, han suscitado protestas por parte de grupos ecologistas rusos. Además, Rusia aún no tiene una solución al problema del almacenamiento de los residuos radiactivos de las centrales nucleares, y la mayor parte del combustible gastado se almacena en piscinas de refrigeración cercanas a las centrales; solo una parte se reprocesa y se reutiliza.
La tecnología nuclear es uno de los pocos sectores de alta tecnología en los que Rusia es líder mundial. El país está invirtiendo en centrales seguras que utilizan reactores de neutrones rápidos
La expansión de la energía nuclear también tenía como objetivo liberar el gas que actualmente se utiliza en el mercado interno para las lucrativas exportaciones al extranjero, pero dicha estrategia queda hoy en entredicho por los topes a los precios impuestos por Occidente y la desconexión del gas ruso. Bajo la presión de Occidente, la respuesta de Rusia ha sido redirigir cada vez más sus exportaciones de gas hacia China a través del gasoducto Poder de Siberia, inaugurado en el 2019, y mediante la planificación de nuevas infraestructuras orientales. Las exportaciones de petróleo se han redirigido hacia Asia, sobre todo hacia China e India, desde donde siguen llegando volúmenes considerables a los mercados occidentales. En ese contexto, el sector de la energía nuclear de Rusia ha conservado su importancia estratégica, tanto para fines nacionales como para objetivos comerciales y de proyección de poder en el extranjero.
Liderazgo mundial
De hecho, la tecnología nuclear es uno de los pocos sectores de alta tecnología en los que Rusia es líder mundial. El país está invirtiendo en el desarrollo de nuevas tecnologías de reactores; sobre todo, en centrales seguras que utilizan reactores de neutrones rápidos, MOX (una mezcla de óxidos de plutonio y uranio) y un ciclo de combustible cerrado, lo que permitirá eliminar la producción de residuos radiactivos procedentes de la generación de energía. En la actualidad, Rusia es el único proveedor comercial viable de uranio poco enriquecido de alto ensayo (con una concentración de un 5-20% del isótopo U-235, en lugar de la concentración de un 3-5% que alimenta la flota existente de reactores de agua ligera), que será necesario para alimentar la nueva generación de reactores avanzados. Gracias a su posición puntera en materia de tecnología probada, modelos de negocio flexibles, paquetes financieros atractivos (a través del apoyo del Estado ruso) y herramientas diplomáticas, Rosatom ha conseguido una amplia cartera de pedidos en el extranjero.
Dicha cartera abarca más de 50 países. Los proyectos se encuentran en fases muy diferentes de desarrollo: centrales en funcionamiento; construcción en curso de reactores, ya sea contratada o prevista; invitaciones a asociaciones; y memorandos de entendimiento para servicios y desarrollo general de la energía nuclear. Entre el 2009 y el 2018, la compañía recibió 23 de los 31 pedidos mundiales y fue responsable de la mitad de los reactores en construcción en todo el mundo. Además, a través de su filial TVEL, Rosatom controla un 20% de la conversión mundial de uranio y un 46% de la capacidad de enriquecimiento. Muchos estados occidentales y asiáticos (entre ellos, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Japón y Corea del Sur) tienen contratos con Rosatom para servicios de enriquecimiento. La capacidad de producción occidental es limitada a corto plazo. Estados Unidos depende de Rosatom y de las cadenas de suministro controladas por Rusia para casi la mitad de su suministro de uranio enriquecido; un 40% de las importaciones de la Unión Europea procede de Rusia.
Puntos fuertes
El papel clave de Rusia en el mercado occidental de combustible nuclear es el resultado de dos factores principales. En primer lugar, los ingenieros rusos han desarrollado un sistema para enriquecer uranio que consume mucha menos energía y, por lo tanto, es mucho más barato que el método utilizado por los ingenieros franceses y estadounidenses. En segundo lugar, Rusia y Estados Unidos acordaron en 1993 el llamado Programa de Megatones a Megavatios, en virtud del cual el uranio altamente enriquecido de las antiguas ojivas nucleares soviéticas se transformaría en uranio poco enriquecido y se enviaría a Estados Unidos para su uso en centrales nucleares civiles. De resultas, la industria estadounidense no pudo competir con el combustible ruso.

La fuerza de la estrategia exportadora de Rosatom en relación con los reactores y las centrales nucleares completas radica en su capacidad para ofrecer paquetes todo incluido y que comprenden conocimientos técnicos sobre la construcción de centrales, formación, apoyo en materia de seguridad, requisitos del régimen de no proliferación, opciones de financiación flexibles (incluidos préstamos del Gobierno ruso) y gestión del combustible nuclear gastado. Rosatom puede llevar de vuelta a Rusia el combustible gastado de clientes extranjeros para su almacenamiento temporal y reprocesamiento; a continuación, devuelve los residuos radiactivos al país de origen y se queda con el plutonio separado. Eso resulta especialmente atractivo para los recién llegados al sector de la energía nuclear civil, lo que explica el auge de los negocios de Rosatom en África, Oriente Medio, Asia y Sudamérica. Ese modelo de negocio le ha permitido superar a competidores occidentales como Framatome, Mitsubishi, Siemens y Westinghouse, que normalmente exigen sólidas garantías financieras y acuerdos de colaboración con los clientes como parte de sus normas empresariales. En la actualidad, Rosatom construye reactores en China, India, Bangladesh, Turquía, Egipto y Hungría.
Las actividades de Rosatom en el extranjero cuentan con el pleno apoyo del Gobierno ruso, incluso durante las reuniones bilaterales entre los representantes del país socio y el presidente ruso o altos cargos del Gobierno. La cooperación en el uso pacífico de la energía nuclear se incluye en la agenda, se menciona en discursos públicos y, en ocasiones, se plasma en memorandos de entendimiento. Cuando la cooperación se encuentra en una fase avanzada, el presidente ruso o altos cargos del Gobierno asisten a ceremonias oficiales con sus homólogos extranjeros y celebran hitos en la construcción de los nuevos proyectos.
Socios estratégicos
Rosatom también hace ofertas especiales a socios estratégicos, como en el caso de la central nuclear de Akkuyu, en Turquía. Se trata de la primera central en la que la empresa ha ofrecido un modelo de construcción, propiedad y explotación, en virtud del cual conserva la propiedad mayoritaria y un precio eléctrico garantizado, pero asume todos los riesgos financieros, de construcción y de explotación. Sin embargo, es cuestionable que semejante modelo pueda reproducirse fácilmente. Los expertos rusos han destacado los elevados costes para el constructor, estimados en al menos 22.000 millones de dólares; por su parte, los críticos occidentales temen las implicaciones de seguridad de la central, que tiene un estatus extraterritorial y crea una isla rusa dentro de un país miembro de la OTAN. Pese a todo, el proyecto sigue adelante; la construcción del primero de los cuatro reactores previstos ha finalizado y se espera que entre en funcionamiento en el 2026. Cuando las cuatro unidades de la central estén listas (lo que, según los planes, debería ocurrir en el 2028), proporcionarán un 10% de las necesidades eléctricas de Turquía. El proyecto ha consolidado la asociación estratégica en materia de energía entre Turquía y Rusia.
Los críticos occidentales temen las implicaciones de seguridad de la central turca de Akkuyu construida por Rosatom, cuyo estatus extraterritorial crea una 'isla rusa' dentro de la OTAN
En la Unión Europea, Finlandia y Eslovaquia cancelaron los contratos con Rosatom para construir nuevas centrales nucleares tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, algo que no ha hecho Hungría, que está recibiendo un préstamo de 10.000 millones de dólares de Rusia para la construcción de dos nuevos reactores en su central de Paks. Rosatom también suministra combustible nuclear a centrales de Hungría, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria y Finlandia; esos países operan 18 reactores de diseño soviético y ruso que deben recargarse con combustible aproximadamente cada dos años. Aunque hasta ahora dichos reactores solo han funcionado con combustible producido en Rusia, las empresas occidentales han desarrollado un combustible que puede sustituir los suministros de Rosatom. La iniciativa limita la vulnerabilidad frente a las interrupciones en el suministro de combustible ruso, que, por otra parte, ha continuado pese al conflicto en curso. De hecho, una investigación reciente del investigador francés Teva Meyer ha demostrado que la capacidad de Rusia para usar como arma el mercado del enriquecimiento de uranio es limitada. Pese a la actual guerra de Rusia en Ucrania y a su postura más asertiva en la política internacional, parece que Moscú no quiere extender la confrontación a ese ámbito.
Grados distintos de dependencia
Con todo, Occidente se está preparando para la posibilidad de interrupciones en el suministro o sencillamente para desvincularse de las importaciones rusas no deseadas. No es una tarea fácil, tanto debido a las especificidades de los reactores construidos por la Unión Soviética/Rusia como a la difícil situación de la industria nuclear occidental. En enero del 2023, la Unión Europea comenzó a cofinanciar el Programa Acelerado para la Implementación de un Suministro Seguro de Combustible VVER (APIS por sus siglas en inglés), que debería desarrollar y suministrar un combustible nuclear totalmente europeo para los reactores VVER de diseño ruso. Sin embargo, por el momento, la capacidad occidental para producir combustible utilizable en las centrales diseñadas por la Unión Soviética/Rusia sigue siendo limitada; en especial, en el caso de los diseños soviéticos más antiguos y los rusos más recientes.
En general, la dependencia actual y prevista de los servicios nucleares rusos varía sustancialmente en los estados socios de Rosatom. En Noruega, los investigadores Indra Overland y Kacper Szulecki han hecho estimaciones basadas en el suministro eléctrico nacional procedente de los reactores de Rosatom en funcionamiento o previstos hasta el 2040. Según ellos, la dependencia será elevada en Armenia (100%), Hungría (42%), Bulgaria (37%), Bielorrusia (34%) y Uzbekistán (20%), y también superior a un 10% en Bangladesh. La dependencia de los reactores rusos es muy significativa en países que basan sus principales esfuerzos de descarbonización en la energía nuclear (es decir, Hungría y Eslovaquia) y en los que el sistema eléctrico es inflexible y depende en exceso de una única gran central nuclear. Por el contrario, la dependencia de Rosatom parece marginal en China e India, que ya cuentan con sectores nucleares nacionales y esperan recibir solo una pequeña parte de su electricidad de los reactores construidos por Rosatom.
Desafío a Occidente
Una cuestión clave para Occidente (en particular, para Estados Unidos y la Unión Europea) es si quiere desafiar la preeminencia de Rosatom y de otros agentes hoy punteros, como la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) y la KEPCO de Corea del Sur. Un factor central en el éxito del sector nuclear ruso, chino y coreano ha sido el fuerte apoyo estatal y un enfoque estatista del mercado energético. Por el contrario, la liberalización del mercado y la reducción del apoyo estatal han dejado al sector nuclear occidental en una situación difícil. Eso se refleja también en los enormes retrasos y el aumento de los costes de nuevos proyectos, como Olkiluoto 3 en Finlandia, Flamanville 3 en Francia y Hinkley Point C en el Reino Unido, todos ellos con reactores europeos presurizados francoalemanes.
Un factor central en el éxito del sector nuclear ruso, chino y surcoreano ha sido el fuerte apoyo estatal y un enfoque estatista del mercado energético, al contrario de los sucedido en Occidente
Recuperar la competitividad del sector nuclear occidental en la escena mundial (sobre todo, en lo que se refiere a la construcción de nuevos reactores) requerirá inversiones y esfuerzos muy importantes. La Unión Europea ha dado los primeros pasos en esa dirección al incluir la energía nuclear en su taxonomía verde, lo que facilita la obtención de financiación (pública) para nuevos proyectos. Sin embargo, la energía nuclear es solo una de las muchas tecnologías supuestamente “cero neto” que defiende la Unión Europea, y es posible que sea la más controvertida en toda la Unión. En el caso de las energías renovables, el abaratamiento de su coste y su producción descentralizada (algo que las hace más resistentes a las perturbaciones) las convierten en un formidable competidor de la energía nuclear en el contexto de la descarbonización. La energía nuclear, en cambio, requiere inversiones iniciales muy elevadas, una producción altamente centralizada y plantea graves problemas en cuanto al almacenamiento seguro y permanente del combustible gastado. En zonas como el sur y el centro de Europa, el cambio climático supone un reto adicional para el funcionamiento de las centrales en verano, cuando la temperatura del agua de los ríos utilizada para refrigerar los reactores suele superar los límites permitidos. Eso se suma al grave reto que supone sustituir los reactores antiguos que están llegando al final de su vida útil (por ejemplo en Francia), muchos de los cuales requieren un mantenimiento frecuente.
Los defensores de la industria nuclear llevan años argumentando que los reactores modulares pequeños (SMR por sus siglas en inglés) pueden ser la solución, pero estos no se han desplegado a gran escala. Además, aunque tienen una capacidad más limitada y, por lo tanto, unos costes menores, los SMR plantean muchos de los mismos problemas medioambientales que las centrales más grandes. Por lo tanto, las historias sobre un renacimiento nuclear en Occidente siguen siendo poco creíbles. En tal contexto, las grandes potencias que han invertido de forma constante en el sector nuclear durante las últimas décadas tienen la ventaja en el mercado mundial. Rosatom es un buen ejemplo de ello.
Aún no está claro si el enfrentamiento de Rusia con Occidente y las sanciones occidentales acabarán pasando una factura más alta a Rosatom. La compañía también ha sido acusada (en particular, por la Fundación Bellona, una oenegé medioambiental internacional con sede en Noruega) de participar activamente en la agresión de Putin a Ucrania; por ejemplo, reclamando el control de la central nuclear de Zaporiyia, en el sureste de Ucrania, ocupada por el ejército ruso. Sin embargo, por el momento, la empresa rusa ha logrado sortear las dificultades y sigue manteniendo su posición y su primacía en el sector nuclear mundial.
Marco Siddi es investigador principal del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales y profesor asociado de la Universidad de Cagliari (Italia)
Cómo leer Vanguardia Dossier
VERSIÓN IMPRESA
• Compra de ejemplar. La edición impresa de VANGUARDIA DOSSIER se puede adquirir en quioscos y librerías habituales al precio de 12 euros.
• Suscripción. Solicita tu suscripción llamando al 933481482 y recibirás VANGUARDIA DOSSIER cómodamente en tu domicilio.
VERSIÓN DIGITAL
• Compra de ejemplar. La edición digital de VANGUARDIA DOSSIER está disponible de forma gratuita en la app “Vanguardia Dossier” para iOS (App Store) y Android (Google Play Store). Cada ejemplar tiene un coste de 8 euros.
• Suscripción. y accede sin límites a todos los contenidos de Guyana Guardian y VANGUARDIA DOSSIER en su versión digital.