Vince Carey,creó Bioconductor en Harvard para difundir datos médicos gratis:

“Al científico le es tan obvio que un ‘fake’ lo es, que nos cuesta rebatirlo”

Tengo 64 años: la revolución hoy es aprender a envejecer con salud. Soy americano. Trump nos acusa a Harvard y otras universidades de ser elitistas, porque le molesta que el esfuerzo, el talento y el conocimiento puedan más que el dinero. Colaboro con el Institut de Salut Global de la UPF en. (Foto: Ana Jiménez)

¿Usted se considera élite por enseñar en Harvard?

Es la acusación sobre la que la Administración Trump ha lanzado una campaña de ataques y de medidas para recortar nuestra financiación y otras que limitan el número de estudiantes extranjeros. Pero lo que mi equipo y yo hacemos es precisamente repartir el poder de las élites.

¿Cómo?

Hemos creado Bioconductor, que es un sistema de información abierto a todos los investigadores de la salud del mundo que iniciamos hace ya 25 años y hoy es un éxito compartido del que estoy orgulloso.

Digamos que tengo cáncer y quiero saber todo sobre mi enfermedad.

Le damos estadísticas sobre, por ejemplo, cuáles son las diferencias en la capacidad de recuperación del cáncer por edad, sexo, países...

Pues es información relevante.

Y que da pie a muchas preguntas que llevan a otras cada vez más reveladoras: ¿por qué en una región sufren más cáncer de pulmón que en otra? ¿Por qué en una tercera hay más supervivientes que en las anteriores? ¿Qué factores y qué medicaciones son estadísticamente más eficaces?

Es información relevante... También para los gobiernos y las farmacéuticas.

Buena observación. Por eso en mis cursos en Harvard insisto en que el acceso –o no–para todos a esos datos está sujeto a consideraciones políticas.

Que son a menudo financieras.

Lo vemos ahora con la Administración Trump y su responsable de salud y las vacunas. Y ya lo vimos en la pandemia.

¿Los presionaron?

El Gobierno no era capaz de producir por sí mismo la información que el público demandaba y al final fue la Escuela de Ingeniería Johns Hopkins la que logró proporcionarla. Ha habido otras situaciones en las que nuestra información comprometía a los gestores públicos sanitarios y forzaron su supresión.

¿Tienen ustedes subvenciones que pueden ser suprimidas?

Un grupo de científicos, estadísticos e informáticos voluntarios creamos Bioconductor, porque creíamos que la transparencia en los datos mejoraría el conocimiento, ergo la salud de todos. Tenemos una beca del Instituto Nacional de Salud.

Ahora dependiente de la Administración Trump.

Y tratamos de renovarla. Afortunadamente también tenemos ayuda de la National Science Foundation y de Mark Zuckerberg, que tiene un programa llamado Essential Open-Source Software.

Ustedes trabajan por muy poco en un área donde otros ganan miles de millones.

Me temo que le voy a dar una respuesta muy aburrida. Y es que en vez de ganar todos esos millones hemos trabajado en equipo durante 20 años casi los mismos y sí, han tenido ofertas de irse por sueldos muchísimo mayores pero se han quedado.

¿Por qué?

Se han quedado en Bioconductor, como yo, porque sentíamos que lo que hacíamos tenía mucho sentido y que hemos marcado una diferencia en la salud mundial.

¿Cómo?

Nosotros trabajamos como en una estructura de pulpo en la que se coordinan los biotecnólogos con los ingenieros de software con los estadísticos. Ensayamos técnicas para secuenciar y poner imagen a los datos que vamos actualizando y los nuevos que llegan del laboratorio.

Pues gracias y enhorabuena: a seguir.

Pero también incluimos ocasionalmente a programadores de lenguajes que nosotros no dominamos o a científicos de áreas en expansión.

¿Para dar información libre y gratuita sobre biomedicina a quien la quiera?

Y siempre en código abierto para que se pueda usar también en programación abierta. Además innovamos continuamente, como con nuestras populares vi­gnettes . Debemos a Donald Nuth de Stanford su dedicación para que hoy miles de científicos puedan programar ellos mismos sus contenidos.

¿Por qué los ataca ahora Trump?

El conocimiento es su enemigo, porque él ha crecido en las fake news. A los científicos nos cuesta defendernos de sus ataques, porque nos parecen inconcebibles y hasta ridículos para discutirlos en serio.

Pero millones de personas lo creen.

Es nuestro reto: difundir la ciencia para que los fakes sean distinguidos por todos. La ciencia exige esfuerzo, pero es tan
fascinante que aceptamos cobrar menos por ser libres al investigar. Y, por Dios, las vacunas salvan vidas. Al científico le es tan obvio que un fake lo es, que nos cuesta rebatirlo.

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