‘Cuando nadie me ve’
El Capi es una mina de anécdotas. Me cuenta que la esposa de Joan Miró le dijo: “Cuando me casé con este hombre temí que nos detendrían por las rarezas que pintaba...”. Y la justifica riendo: “Es que era payesa”. Le atrae al Capi la aristocracia: convivió unos meses con la Duquesa Roja, Luisa Isabel Álvarez de Toledo, en su castillo de Sanlúcar de Barrameda. Le entrevisto porque me ha divertido verle en la serie documental Cuando nadie me ve (Movistar Plus+), que reconstruye la vida y carrera artística de Alejandro Sanz, que un día le rogó: “Quiero estar en el mundillo musical aunque sea sirviendo cafés”. Y El Capi le ayudó: se jacta de saber dar seguridad a sus artistas. Lo hace ahora con Daniel da Silva (26), que baila y canta “con luz propia”. El Capi no se retira, su olfato resiste.
¿A qué se dedica?
Impulso artistas: huelo su magia y los hago estrellas.
Mencione algunas.
Alejandro Sanz, Mecano, Alaska, Pecos, Tequila...
Tequila nos lleva a fines de los años 70...
Ayudé a lanzar su Rock and roll en la plaza del pueblo. Y Esperanzas, de los Pecos.
Estamos en el año...
Año 1978. Yo alternaba con artistas en un piso de Madrid: por allí pasaba Tino Casal, Alaska... Fraguábamos la movida.
¿De dónde venía usted?
De mi padre, tallista imaginero, de mi gusto por las artes plásticas, de un pariente en la base americana de Torrejón: escuché a David Bowie, Sex Pistols, Kiss...
¿Tuvo maestros?
El escultor Luis Sanguino: “Hay que ser artista hasta andando”, decía. Y el disc-jockey Joaquín Luqui. Y el gran Tino Casal.
¿Qué aprendió de Tino Casal?
Era barroco, vestía en Londres, dibujaba, cantaba... Le emulábamos Fabio y yo.
¿Fabio?
Mi amigo íntimo Fabio McNamara, que era teatrero en el centro parroquial de Ciudad Pegaso: de bar en bar, éramos divertidos y artistas, los más llamativos de Madrid.
Pero los Pecos fueron formalitos.
Eran humildes niños de barrio... Y vi que reflejaban bien, tan melosos, el romanticismo adolescente, muy poco atendido.
Y acertó.
Es que hablé con Adolfo Suárez y le dije: “Si salen en las revistas, ¡atraerán voto juvenil!”...Y no precisamente comunista. Y desde ese día empezaron a llenar revistas.
¿Dalí quiso ver al rubio de los Pecos?
Rubio teñido. En el hotel Palace. Dalí acariciaba el rostro de Javier: “Es un ángel de Rafael”, repetía. Tenía 16 años y yo, 18.
¿Y lo de Alaska?
Me eximieron por loco de la mili, me pasé por Barcelona y desde la revista PachaPop monté el grupo Goma de Mascar. Y volví a Madrid, a la Casa Convento...
¿Casa Convento?
El piso de dónde pintábamos. Venía Alaska, inteligente y modernísima, y Carlos Berlanga, Eduardo Benavente, Ana Curra, Paloma Chamorro, la Cacharro...
¿Y Almodóvar?
Le trajo Alaska: nos contaba de palabra el guion de Pepi, Luci, Bom... Y Alaska, preocupada por tener que mear encima de otra... A Almodóvar le llamábamos Almorrana: con cariño, nos poníamos motes.
¿Tiene hoy trato con ellos?
Con Alaska y Mario somos familia. Con Pedro, que era muy divertido... Hoy es un tipo ensimismado, aislado, torturado.
¿Y Mecano?
Eran raritos, les logré su primer contrato discográfico. Aún trato a los tres. Colaboré con Lolo Rico creando La bola de cristal para TVE y José María Cano compuso la sintonía. Me enorgullezco, como Alaska.
Y Nacho compuso Me colé en una fiesta.
Era la fiesta del 16.º cumpleaños de la Olvi, Alaska, en 1979: colé a Nacho y quizá eso le inspiró la canción.
Y lo de Alejandro Sanz, ¿cómo fue?
Era un jovencito muy inquieto y talentoso, y tocaba la guitarra: mi tío Antonio era flamenco y le había enseñado...
¿Qué vio usted en Alejandro Sanz?
¡Magia! Yo escucho en el ruido, poseo el don de ver el talento. De niño jugaba un día en una plaza... Y vi a Dios. Inefable.
Y vio magia en Alejandro Sanz, dice.
Supe que ese chico era un genio. “¡Lo del Capi no se estudia en ninguna universidad!”, ha dicho Alejandro Sanz. Lo impulsé en cinco discos fabulosos, hasta Más.
¡Catorce millones de copias! Año 2000, ahí canta su legendario Corazón partío.
“Partido”, quería la discográfica, porque entonces lo andaluz era veneno en las radios. Pero Alejandro insistió, unimos lo latino, coros y metal... ¡y arrasamos!
Corazón partío es ya un clásico.
Y después separamos nuestros caminos, ya no teníamos qué aprender juntos.
Envíele un mensaje ahora.
¡No te queda ná por cantar, Alejandro! Le presenté a mi amigo Paco de Lucía y fueron íntimos. Paco, genial y sabio, nos decía: “El que no es cotilla no es persona”. Somos un animal chismoso. ¡Ciertamente, inventamos el lenguaje para despellejarnos!
Ah, entonces dígame algo de Rosalía.
Yo soy más de Las Grecas. Pero Rosalía es genial, claro, como yo lo soy.
Estrella Morente reprocha a Rosalía haberle faltado al respeto...
Eres grande, Morente, pero, si aceptaste colaborar, debes saber que Rosalía es la estrella y decide: ¡no te quejes! Björk queda reducida a un pajarito ¡y no se ha quejado!
¿Y de Bud Bunny, qué me dice?
¿Lo hispano reivindicado con caña de azúcar y “panchitos”? Hombre, mejor hazlo con Nobeles, escritores y artistas hispanos.
