Giulia Enders,doctora en medicina interna:

“El cuerpo tiene sus propias ideas de cómo resolver problemas”

Tengo 37 años. Soy alemana y vivo en Frankfurt. Estoy recién casada y no tengo hijos. El mundo se ha vuelto muy complejo y la política internacional da miedo porque no cuenta con los ciudadanos. La gente está muy asustada y deseosa de volver a tiempos más sencillos. Creo en una inteligencia superior. (Foto: Javier Ocaña)

¿Cómo sentir los órganos?

Lo primero es entender que nuestro cuerpo no es algo a optimizar sino un ser vivo complejo.

¿Y lo segundo?

Observar nuestro funcionamiento básico: respiración, cómo dormimos, qué comemos, cómo gestionamos el estrés. Tener una perspectiva corporal sobre la vida.

Eso suena raro.

Uno de mis mayores descubrimientos ha sido entender que el cuerpo también tiene sus propias ideas de cómo resolver problemas.

Póngame algún ejemplo.

Creemos que la seguridad es combatir amenazas. Pero si observamos cómo funciona el sistema inmunitario, vemos que no vive en guerra permanente. Sí, se ocupa de lo dañino, pero también practica la curiosidad.

¿La curiosidad?

Distingue lo peligroso de lo inofensivo, tolera lo que no hace daño y coopera con lo que es útil. Cuando atacamos sin discriminar, aparece inflamación innecesaria.

Dice que necesitamos una relación más inteligente con el cuerpo. ¿Cuál es?

La de entenderlo en lugar de enfadarnos con él. Si duermo mal la primera parte de la noche, estaré cansada. Si duermo mal la segunda, regularé peor mis emociones. No es cuestión de reprocharme nada, sino de cooperar, por ejemplo, haciendo una siesta.

A veces es el propio cuerpo el que falla.

Cierto. La pregunta es: ¿lo insultamos o intentamos comprender qué ocurre? Lo he visto en el hospital: cuando alguien deja de pensar “mi cuerpo es estúpido” y empieza a pensar “está intentando algo”, cambia todo.

¿Un cuerpo con adicciones no es un cuerpo inteligente?

Fumar, por ejemplo, no es solo debilidad. Hay un aspecto inteligente: es una pausa, es respiración lenta, es regulación. Las sustancias son dañinas, por supuesto. Pero entender qué función cumple el hábito permite sustituirlo con más poder, no con culpa.

También afirma que el cuerpo participa en quiénes somos.

Muchísimo. En Alemania hay políticos orgullosos de debatir horas y dormir solo tres al día. Pero es difícil encontrar soluciones inteligentes con tan poco sueño.

Son superpolíticos.

Y lo vemos en las aulas sin ventilar: menos oxígeno, peor aprendizaje. El cuerpo es la base sobre la que pensamos y decidimos. Cuando sentimos miedo o ansiedad, podemos utilizar la sabiduría de los pulmones.

Cuénteme.

La forma de respirar puede calmar el sistema. Cuando exhalamos de forma suave, más lenta, el corazón se tranquiliza. Y después de un minuto de respirar así, las hormonas del estrés disminuyen.

También dice que el cuerpo participa en cómo nos relacionamos.

La piel lo demuestra. El contacto –una mano, un abrazo– tiene efectos calmantes comparables a algunos medicamentos.

¿Influye también en cómo sentimos?

Claro. Si estoy a punto de enfermar, soy más sensible el día anterior. Si mis músculos están inflamados tras un gran esfuerzo, puedo sentir niebla mental.

¿Qué recomienda?

Automasaje. Personas nerviosas se tocan la cara y se calman. Personas muy críticas, cuando se masajean las manos, también. Después de un ictus, tocar la zona insensible ayuda al cerebro a reconectar.

¿Algo nuevo sobre los pulmones?

La OMS ha revisado sus umbrales de contaminación al comprender mejor cómo afecta el aire a nuestro organismo. La calidad del aire influye mucho más de lo que creíamos.

¿Y los músculos?

Funcionan de forma más compleja de lo que pensábamos. Por eso prácticas como yoga o pilates son tan eficaces y previenen la sarcopenia.

¿El deporte se puede adaptar a mí?

Si salir a correr le resulta un suplicio, quizá su cuerpo funcione mejor con baile, con esfuerzos más cortos. Cuando el ejercicio nos resulta agradable, el efecto sobre la salud es mayor. La fuerza no es solo levantar peso: hay muchas maneras de desarrollarla.

¿Qué le sorprendió de la piel?

El tacto. En niños reduce el estrés. En adultos mejora el sueño. Y hay algo fascinante: cuando dos personas se tocan, su respiración y su latido pueden entrar en resonancia. Incluso mirarse a los ojos puede calmar el corazón.

¿Qué órgano es el gran maestro?

La respiración es un campo de entrenamiento en el arte de vivir: revela cómo tomamos lo que necesitamos. Si la ralentizamos conscientemente, reducimos el miedo cotidiano.

¿Qué descubrimiento le impactó más?

Que las emociones son más inteligentes de lo que creemos. A veces es nuestra mente consciente la que no sabe gestionarlas. El enfado, por ejemplo, es energía ante algo injusto. En lugar de negarlo, pregunto qué está en juego y uso esa energía con inteligencia.

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