Sobrevivir al frío extremo no siempre depende de encontrar refugio o alimento. Algunos pequeños mamíferos han desarrollado una estrategia tan sorprendente como radical: reducir el tamaño de su propio cerebro durante el invierno y volver a hacerlo crecer cuando llegan tiempos mejores.
Un estudio internacional con participación de la Universitat Autònoma de Barcelona acaba de desvelar las claves evolutivas y genéticas de este fenómeno, conocido como fenómeno de Dehnel. El estudio se ha publicado en la revista Molecular Biology and Evolution.
El exponente más conocido de esta adaptación es la musaraña común, un diminuto mamífero con un metabolismo extremadamente alto. Durante los meses de más frío, cuando la comida escasea y las temperaturas caen, estos animales pueden reducir hasta un 30 % el volumen de su cerebro, además del cráneo y otros órganos. El objetivo es claro: ahorrar energía en un momento crítico para la supervivencia. Cuando llega la primavera, el proceso se invierte y los tejidos se regeneran por completo.
Reducciones cerebrales estacionales
Se trata de una estrategia evolutiva compartida por distintos mamíferos de pequeño tamaño y alto gasto energético
Y este no es un caso aislado, investigaciones previas ya habían apuntado que esta capacidad no es exclusiva de las musarañas. Topos europeos y algunos mustélidos, como las comadrejas, también muestran reducciones cerebrales estacionales, lo que sugiere que se trata de una estrategia evolutiva compartida por distintos mamíferos de pequeño tamaño y alto gasto energético.
Lo más llamativo del fenómeno de Dehnel es que esta reducción del cerebro no implica muerte celular ni daño permanente. Para entender cómo es posible, el equipo investigador ha analizado genomas y patrones de expresión génica en tejidos clave, como el hipotálamo, una región central en la regulación del metabolismo.
Este trabajo ofrece una visión integrada, evolutiva y molecular del fenómeno de Dehnel”
Los resultados apuntan a la implicación de genes relacionados con el equilibrio energético, la señalización del calcio, el control del paso de sustancias hacia el cerebro y la regulación del agua en los tejidos. Este último aspecto es clave para explicar cómo el cerebro puede perder volumen de forma reversible sin comprometer su función.
“Este trabajo ofrece una visión integrada, evolutiva y molecular del fenómeno de Dehnel”, concluye Aurora Ruiz-Herrera, profesora del Departamento de Biología Celular, Fisiología e Inmunología de la UAB.
