
Cómo una bici te puede arruinar la vida
A pie de calle
Este es el caso de María, una vecina de Barcelona que en la tarde del último martes de noviembre pasado sufrió un brutal atropello por una bici que la mantiene hospitalizada con un grave politraumatismo que requirió cirugía. Ese día, María esperaba en la acera a que el semáforo para peatones se pusiera verde para poder cruzar la calle Consell de Cent, a la altura de la calle Castillejos.
Cuando se iluminó el semáforo verde para peatones, María miró hacia el sentido de la circulación de los coches y viendo que estaban ya parados, inició la marcha. En ese momento, la embistió una bicicleta del Bicing conducida por un joven, entonces todavía menor de edad. El chaval circulaba por el carril-bici de doble dirección y en el sentido contrario a donde había mirado María. La bici iba tan rápida que el impacto lanzó por los aires a la mujer hasta caer en medio de la calzada. Tales fueron sus heridas que cuando llegó al hospital, los médicos creían que había sido atropellada por un coche y no por una bicicleta.
La obligación de que los patinetes tengan matrícula y seguro está vigente desde el día 2 de enero, pero no se aplica
María tiene 79 años y hasta ese maldito día, era una persona con una vida autónoma y con mucha actividad. Ahora está postrada, necesita ayuda para comer y sigue pesadas sesiones de rehabilitación. El atestado de la Guàrdia Urbana explica que el conductor de la bici se saltó el semáforo en rojo, cosa que corroboran los testigos. En cambio, el conductor lo niega y alega que los frenos de la bici no funcionaban bien. Un juez dictaminará.
María es una persona que toma siempre muchas precauciones en la calle para evitar precisamente lo que le ha pasado. Incluso cuando paseaba con otras personas, les aconsejaba que fueran precavidos antes de cruzar los carriles bici.

Hemos hablado aquí en otras ocasiones de la difícil convivencia de bicis y patinetes con los peatones, que son el eslabón más débil de la movilidad urbana. Pero este problema no se aborda con diligencia, a pesar de que, como vemos, puede tener graves consecuencias. Estos vehículos deben cumplir las normas básicas de circulación como los demás, cosa que muchas veces no sucede. Hay una clara permisividad de las autoridades pese a los anuncios de nuevas ordenanzas y normativas que, o no se aplican o no se controla su cumplimiento.
El ejemplo de esto último lo vemos con la norma que obliga a los patinetes eléctricos a tener un seguro obligatorio y una matrícula registrada. Debía entrar en vigor el pasado 2 de enero, pero no se puede aplicar porque el ministerio del Interior no ha aprobado el reglamento que regula el registro de matrículas para estos vehículos. Además, como que el seguro debe estar vinculado a una matrícula, tampoco puede haber póliza de cobertura. Un pez que se muerde la cola.
Conclusión: la Guàrdia Urbana todavía no puede multar a ningún patinete por no llevar seguro ni matrícula como dice la ley. Desde el Gobierno se apunta que el reglamento se podría aprobar esta primavera, pero lleva meses en un cajón.
Volvamos al caso de María. Desgraciadamente, lo que ha sufrido esta mujer no es un hecho aislado. La ciudad ha asimilado como normal que bicis y patinetes se salten los semáforos en rojo, que zigzagueen en los pasos de cebra sorteando a los desprevenidos peatones o que circulen por la acera, entre otras habilidades. Esta impunidad no existe con el resto de vehículos que conviven en la ciudad y para los que existen radares, controles policiales, multas, retiradas de carnet de conducir e incluso condenas penales.
María da gracias por seguir viva y solo pide que el chico que la atropelló sea consciente de las consecuencias que ha tenido su negligente conducción. ¡Ánimo!
