Barcelona

Terra Alta, del libro a la serie

Más allá del Ebro

La aparición de la novela Terra Alta de Javier Cercas (Premio Planeta 2019) coincidió en el tiempo con la pandemia de covid, pocos meses antes de empezar a recluirnos. Me gustaría pensar que ese fue el principal motivo por el que su presentación pública en la comarca se limitó entonces a un chat colectivo organizado por la biblioteca de Gandesa, población donde transcurre mayoritariamente la trama y reside su protagonista, el policía Melchor Marín. Pero similar desaire cultural y ciudadano sufrió el resto de la trilogía ( Independencia y El castillo de Barbazul ) quizá por el regusto amargo que Terra Alta dejó entre los vecinos de la zona o, peor aún, por la naturaleza de un escritor a quien determinados sectores políticos, al frente de buena parte de las instituciones locales, identifican como no adepto a sus postulados.

El escritor Javier Cercas tras recibir el Premio Planeta de Novela por 'Terra Alta'
El escritor Javier Cercas tras recibir el Premio Planeta de Novela por 'Terra Alta'EFE

Si bien al final de la saga, y a pesar de sus desgarradoras vivencias, Melchor decide refugiarse y establecerse definitivamente en Gandesa, en ese universo cerrado bajo el inagotable escrutinio vecinal, para la mayoría de los residentes en el municipio y, por extensión, en la comarca, las páginas del libro rezuman una supuesta venganza por viejas rencillas no del autor sino de quien o quienes le asesoraron e informaron para articular la intriga. Porque, de principio a fin, los personajes y el mundo a su alrededor son perfectamente identificables para los 11.000 residentes en la Terra Alta pese al disfraz de nombres propios o marcas. No hay que aguzar demasiado el intelecto en un minúsculo territorio en el que nos conocemos todos y en donde el amor al terruño neutraliza las desavenencias entre individuos, sean estas recientes o heredadas de la Guerra Civil. Con independencia del guiño final de Cercas hacia el pueblo, nada de Terra Alta –exceptuando el publicitado título– fue recibido aquí con entusiasmo, chauvinismos aparte.

Si alguien visita Gandesa no identificará ninguna de las calles que aparecen

Y eso nos lleva a la serie, producida y estrenada en una plataforma televisiva a finales del año pasado. Sencillamente, de Terra Alta tiene bien poco, exceptuando las imágenes de cabecera (las rocas de Benet de Horta de Sant Joan), el desenlace del segundo capítulo filmado en el Poble Vell de Corbera d’Ebre, algún plano aéreo de carreteras y el poblado ibérico del Coll del Moro. Y muchos aerogeneradores. Pero la serie se rodó en Tenerife –las subvenciones priman siempre sobre la fidelidad argumental–, una isla por todos conocida por sus paisajes agrestes de almendros, olivos, pinos, encinas y garnacha y sus construcciones de piedra seca.

Si alguien visita Gandesa no identificará ninguna de las calles que aparecen en los seis capítulos, ni la escuela, ni la biblioteca, ni el juzgado. Y mucho menos el vasto despliegue de recursos y efectivos policiales que nos brindan el libro y la serie. Algunas noches, un único vehículo de los Mossos patrulla solitario por la comarca.

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