
La gamba se esconde
Opinión
En el supuesto de que una gamba poseyera consciencia propia, algo que la ciencia descarta actualmente, la hallaríamos ahora mismo gozando de una etapa de tranquilidad. Después de una Navidad donde el coste de este marisco superó los 200 euros en diversos puntos de venta, a la par que se daban intensos diálogos para normar la pesca en 2026, gran parte de las asociaciones pesqueras han iniciado su tiempo de descanso biológico. En Palamós, localidad que ha convertido a la gamba en su símbolo distintivo –sumando un conocido verso sobre los tamaños del ejemplar y ciertas dimensiones físicas– no la capturarán hasta finales de este febrero y en Blanes esperarán a marzo. Es previsible, considerando la cotización que adquiere la valorada ariestus antenatus que termine adquiriéndose cual pieza de joyería en vez de pedirse en la pescadería habitual o que se negocie con su importe en mercados bursátiles, tal como ocurre hoy, cual si se tratase de oro o plata.

El oficio de la pesca profesional ha resultado fundamental al forjar la identidad de los habitantes en las localidades de nuestro litoral. Marcada históricamente por un rigor extremo, atraviesa hoy una incertidumbre total debido a su marco normativo, particularmente en lo que respecta a la gamba. Las resoluciones que impactan al mar Mediterràneo ya no dependen de los gobiernos nacionales sino de Bruselas, donde diversos grupos de presión, tales como la industria de productos congelados o colectivos ecologistas, reducen las posibilidades operativas del gremio. La captura de la gamba exige que cada cofradía gestione factores que contemplen tanto una cifra restringida de jornadas de navegación como de volúmenes de pesca permitidos. Las intenciones originales de la Comisión Europea resultaban desastrosas al incrementar las restricciones vigentes, lo que conduciría a la extinción efectiva de esta labor al permitir faenar apenas unos pocos días anualmente. Al final, la situación se mantiene sin cambios, aunque, como es habitual, sufriendo algún pequeño retroceso en el camino.
La pesca ha sido fundamental para moldear la identidad de los habitantes de los pueblos costeros
El sector pesquero exige dos cuestiones. Solicitan que se valore que ya han implementado acciones de conservación voluntarias, reforzando los periodos de veda y ajustando las dimensiones de las redes para impedir que el sistema de arrastre de profundidad, que llegó hace un siglo a la Costa Brava a través de pescadores de l’Ametlla de Mar, acabe con los ejemplares más jóvenes. Sin embargo, existe un tercer factor que la legislación no incluye en sus estimaciones: el hecho de que habitualmente la gamba se oculta. Se desvanecen y no se captura ninguna.
Era un cierto misterio hasta que los científicos Pere Puig y Joan Company publicaron en 2008 un estudio que explicaba cómo las corrientes y las temperaturas generaban auténticas cataratas, empujando a las gambas hacia las profundidades de los cañones submarinos, fuera del alcance de las redes. Algunos meses después, bien alimentadas, regresan a la superficie para que los consumidores podamos disfrutar del irrenunciable placer de chupar su cabeza.