Girona

El horno de pan de Planoles cierra por jubilación y busca relevo para seguir atendiendo a vecinos de pueblos cercanos

Mundo rural

El Ayuntamiento ve la falta de vivienda como un obstáculo y urge al Estado y a la Generalitat a desencallar proyectos

Horno de pan de Planoles

Horno de pan de Planoles

ACN / Lourdes Casademont

Can Quixal, el único horno de pan de Planoles (Ripollès), cerrará próximamente por la jubilación de sus propietarios que llevan 38 años al frente del negocio. Buscan interesados en tomar el relevo y poder seguir dando servicio a los pueblos de alrededor. “Nos gustaría que fuera alguien que viniera a vivir aquí, que hiciera pueblo y creara una familia como hicimos nosotros”, explica la copropietaria Leonor Bernat. 

Desde que lo dieron a conocer, ya han salido interesados en comprar el negocio, pero nada está cerrado. 

La falta de vivienda en el municipio puede ser un obstáculo. “Volvemos a dar con la misma piedra”, se queja el alcalde, David Verge, que urge al Estado a “desencallar” 12 pisos cerrados del collado de Toses.

Leonor Bernat tenía 22 años cuando decidió con su marido, Sebastià Quixal -hijo de una familia de panaderos-, dejar Sabadell para cambiar de aires e irse a Planoles.

Leonor Bernat
Leonor BernatACN / Lourdes Casademont

En ese momento había una cincuentena de comercios, pero ninguna panadería. Convirtieron un garaje en un obrador-tienda y levantaron el negocio de cero. Las magdalenas y los carquiñoles son marca de la casa.

“Cada día trabajamos mucho”, admite Bernat. Los horarios de tienda han cambiado según la demanda y ahora, por ejemplo, abre todas las mañanas de la semana y por la tarde tiene cerrado. “Debe venir alguien con ganas de trabajar y se puede ganar la vida”, remarca.

Cree que éste es un oficio que se está perdiendo porque “se va al revés de la gente” por los horarios. Sin embargo, añade: “Nosotros lo hemos hecho y hemos sido muy felices”. Tener una panadería implica crear “vínculos” con los vecinos, segundas residencias y visitantes. Y la prueba es que desde que han hecho pública la jubilación, se han encontrado con que muchos clientes que han venido expresamente para despedirse, algunos ya no viven en el pueblo.

El último día de trabajo ya tiene fecha. “Nuestra intención era cerrar el 31 de marzo, pero por respeto y por nuestra conciencia, trabajaremos hasta pasado Semana Santa si no encontramos a nadie; lo que no podemos hacer es que la gente que nos ha dado tanto les dejemos con la puerta cerrada”, subraya.

“No es sólo el pan, hace mucha falta”

Entre los clientes habituales se encuentra Xavier Serraïma, vecino de Navà. Confía en que se encuentre un relevo porque esta panadería “hace mucha falta”. “No es el horno de Planoles, es el de todos los pueblos de alrededor”, señala. 

Él por ejemplo debería desplazarse 10 kilómetros por el collado de Toses hasta llegar a la panadería de Ribes. “Y alguien puede suplirte un saco de pan, pero también quieres coca, magdalenas... Es el placer, no solo del pan”, añade.

Tanto los propietarios de la panadería como el Ayuntamiento temen que la falta de vivienda en el pueblo puede ser un arrecife para encontrar un relieve. Para el alcalde, David Verge, “sería una lástima” porque este negocio es una “gran oportunidad” para atraer a una familia nueva que dé más vida al pueblo. Explica que se han hecho esfuerzos por revertir el despoblamiento y en tres años han recibido a 50 vecinos nuevos. “Es un pueblo atractivo porque tenemos servicios como guardería, guardería, fibra óptica, tren, comercios y la gente quiere venir a vivir”.

Y más que podrían crecer porque tienen mucha demanda, según el alcalde. Sin embargo, falta oferta de vivienda asequible. Actualmente, tienen 38 proyectos de viviendas, algunas atascadas y otras con un plazo de ejecución de entre 3 y 5 años. Entre ellos, se encuentra un edificio de la Sareb con seis pisos que han ofrecido a la Generalitat, pero que no han recibido respuesta. “Todo es lentísimo y tú dile a un joven oa los propietarios del horno que esperen otros cinco años para que se desatasque”, denuncia Verge.

“Tenemos la triste particularidad de ser un micropueblo y tener 12 viviendas públicas cerradas desde hace treinta años y disponibles para ir a vivir”, explica, en relación a los pisos del collado de Toses. 

Denuncia que este es un tema con el que llevan más de seis años batallando con conversaciones con el Estado y Generalitat y nunca se acaba de resolver. Habría que hacer un mínimo de reformas, dice, y quitar la maquinaria quitad que ahora mismo se guarda en los garajes. 

El alcalde aplaude la apuesta que ha hecho el gobierno de Salvador Illa  por la vivienda social, pero pide más esfuerzos en el mundo rural. “Es un tema muy urgente, no podemos esperar más”, se queja.