País Vasco

La sorprendente presencia de los vascos en Groenlandia, una historia de balleneros y corsarios

Del Cantábrico al Ártico

La escasez de ballenas en Terranova obligó a los marineros vascos a mirar a una isla con la que han mantenido relación durante al menos 400 años

Un grupo de visitantes en el museo-factoría Albaola, en Pasaia, un agente clave en la recuperación de la historia marítima vasca

Un grupo de visitantes en el museo-factoría Albaola, en Pasaia, un agente clave en la recuperación de la historia marítima vasca

Albaola

Cuando el corsario vasco Joanes de Suhigaraychipi puso pie en Groenlandia por primera vez, a finales del siglo XVII, los balleneros vascos llevaban ya casi un siglo cazando cetáceos en las aguas de Islandia, Groenlandia y las islas Svalbard. La escasez de ballenas en las aguas de Terranova les había llevado a la zona septentrional del Atlántico y al Ártico, donde durante un tiempo aún mantuvieron el monopolio en la caza de estos grandes mamiferos marinos.

Los propios arponeros vascos, sin embargo, terminaron vendiendo sus técnicas de caza a las potencias europeas, y en las aguas del Atlántico Norte y el Ártico se vivió una auténtica guerra de las ballenas, con episodios tan trágicos como la matanza de 32 marineros guipuzcoanos en las costas de Islandia y con personajes tan singulares como Suhigaraychipi, protagonista de historias sorprendentes entre los puertos de la costa vasca y la hoy codiciada Groenlandia.

De Terranova al Ártico


La presencia de los balleneros vascos en la isla más grande del mundo es comparativamente desconocida y no dejó huellas tan evidentes como en otros casos. En Islandia, la presencia vasca dio lugar a un pidgin (lengua simplificada) euskera-islandés que sirvió como instrumento de comunicación entre ambas comunidades y quedó reflejado en dos glosarios del siglo XVII, con 750 palabras en ambos idiomas.

En Terranova, San Pierre et Miquelon y, en general, las costas nororientales de Canadá ocurrió algo similar con el surgimiento de otro pidgin (vasco-algonquina), y la huella vasca aún es apreciable en la toponimia o en los apellidos de una parte de la población local.

La bandera de San Pierre y Miquelón, que refleja la histórica presencia en la isla de vascos, bretones y normandos.
La bandera de San Pierre y Miquelón, que refleja la histórica presencia en la isla de vascos, bretones y normandos.Foto Archipel

En Groenlandia, en todo caso, la presencia vasca está registrada al menos desde el siglo XVII. Así lo explica Xabier Alberdi, historiador y director científico del Museo Marítimo Vasco de San Sebastián: “Existe amplia documentación que nos indica que al inicio del siglo XVII la presencia de la ballena en las costas de Terranova empezó a escasear, después de tantos años de pesca por parte de los vascos. Entonces, ante esa situación, van a buscar otras zonas de pesca de ballena y también de bacalao. Las referencias documentales nos indican que fueron a Brasil, Islandia, Groenlandia y las islas Svalbard, un archipiélago que entonces no distinguían de la propia Groenlandia y que hoy pertenece a Noruega”.

Las islas de Svalbard, situadas 1.300 kms al norte del Círculo Polar Ártico
Las islas de Svalbard, situadas 1.300 kms al norte del Círculo Polar ÁrticoTerceros

Alberdi menciona también la posibilidad de que esa presencia vasca fuera incluso anterior, si bien se trata de un extremo que no se ha podido confirmar. “Existen referencias que señalan que las expediciones de marineros vascos llegaron ya en la Edad Media a Groenlandia, pero no he visto pruebas fehacientes al respecto”, añade.

Los arponeros vascos

Según explica Alberdi, cuando llegaron aquellas expediciones vascas de comienzos del siglo XVII se encontraron con una isla de la que ya habían desaparecido los asentamientos nórdicos que poblaron el territorio durante cinco siglos. La presión territorial de la población inuit y el cambio de las condiciones climáticas (la pequeña Edad de Hielo) llegaron a despoblar este vasto territorio de pobladores europeos.

Después de aquel desplazamiento desde Terranova hacia el norte, las expediciones vascas vivieron años de esplendor alrededor de la caza de la ballena, una industria que tuvo un efecto tractor en el País Vasco, moldeó el territorio y de la que ha quedado huella hasta en los escudos de muchos municipios costeros. Los problemas, sin embargo, llegaron cuando sus técnicas para la caza de los cetáceos se popularizaron.

Imagen de Nuuk, capital de Groenlandia
Imagen de Nuuk, capital de GroenlandiaEuropa Press/Contacto/Zhao Dingzhe / Europa Press

“Los ingleses, daneses y holandeses contrataron a arponeros vascos para aprender las técnicas de caza de la ballena, a pesar de que los mandatarios y armadores vascos lo intentaron evitar. Hubo mucho dinero de por medio, y así se rompió el monopolio que habían tenido los marineros vascos en la pesca industrial de la ballena”, indica Alberdi.

La 'guerra de las ballenas'

La consecuencia más dramática de esta popularización de la caza de la ballena es que desató una auténtica ‘guerra de las ballenas’ entre las principales potencias europeas. “Fue una guerra de todos contra todos, en la que participan España, Francia, Portugal, Inglaterra, Dinamarca y Países Bajos. Ocurre, además, en un contexto de grandes conflictos bélicos entre estas potencias. Se producen ataques, matanzas y batallas en la mar. Los vascos de uno y otro lado del Bidasoa participan al servicio de los reyes de Francia y España, en los que obviamente buscan protección”, añade Alberdi.

Fue durante aquellos años cuando se registraron andanzas como las protagonizadas por Joanes de Suhigaraychipi. Este corsario vascofrancés, procedente del caserío Zuhigaraitxipi de Urruña, alcanzó una notable fama por su capacidad para apoderarse de los navios que pugnaban por el monopolio en la caza de la ballena. Al servicio de Luis XIV, llegó a apresar más de un centenar de barcos balleneros en apenas seis años y fue merecedor de varios títulos nobiliarios.

Los marineros vascos, sin embargo, no terminaron de lograr la protección que buscaban. “El Imperio Español vivía un momento de esplendor, y la pesca de la ballena era una cuestión de tercer orden. Los reyes españoles no se van a centrar en esas guerras que se están librando por las ballenas. Ocurre lo mismo con Francia, que no era una potencia marina”, indica Alberdi.

El regreso a Groenlandia

Esta situación obligó a los vascos a reinventarse para seguir volcados en la caza de la ballena. “Surge el buque factoría, un nuevo sistema que va a permitir una pesca oceánica y que ya no va a exigir poner pie en tierra firme para establecer las factorías pesqueras. Era lo que se podía hacer en un contexto de lucha por el territorio”, señala el historiador.

Estos buques se van a desplazar hasta allá donde puedan encontrar ballenas, que comenzaban a escasear ante el auge europeo de la caza de cetáceos.  Y los vascos vuelven a mirar a Groenlandia.

“Cada vez había menos ballenas, y cada vez había que ir más lejos. Las embarcaciones vascas, esos buques factoría, se van a tener que desplazar a toda la zona situada entre Groenlandia y las islas de Svalbard, así como a las aguas situadas entre Groenlandia e Islandia, y a la Bahía de Baffin, al norte de la isla. Los vascos cazaron ballenas en la zona durante los siglos XVII y XVIII”, explica.

Las bacaladeras de Pasaia

La presencia vasca en Groenlandia se avivó de nuevo en el siglo XX, gracias a la pesca del bacalao. Este pez demersal, unido al auge de la caza de la ballena, había llevado a los vascos a Terranova al menos desde el siglo XVI, pero el Tratado de Utrecht (1713-1715) impidió el acceso de los barcos con bandera española a sus caladeros. En 1927, sin embargo, se funda en Pasaia (Gipuzkoa) la compañía PYSBE (Pesquerías y secaderos de bacalao de España). Esta empresa restablece la pesca de bacalao en el norte del Atlántico, y los vascos vuelven a mirar a Groenlandia.

Entrada de embarcaciones en Pasaia, dentro del Itsas Festibala, el festival marítimo de la localidad.
Entrada de embarcaciones en Pasaia, dentro del Itsas Festibala, el festival marítimo de la localidad.Terceros

Durante medio siglo, las embarcaciones de esta empresa, que llegó a tener el monopolio en España, van a faenar en aguas de Terranova, Nueva Escocia y Groenlandia, llevando de nuevo a cientos de vascos hasta las costas de la codiciada isla.

A día de hoy, en la Bahía de Pasaia aún hay dos embarcaciones bacaladeras que miran a Groenlandia, aunque sus responsables señalan que sólo pueden acceder a los caladeros de las noruegas islas Svalbard, el archipiélago que los balleneros vascos confundían hace cuatro siglos con la propia Groenlandia.

Ander Goyoaga Leniz

Ander Goyoaga Leniz

Corresponsal en el País Vasco

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Corresponsal de Guyana Guardian en el País Vasco. Contacto: [email protected]

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