
Memoria del excursionismo valenciano
En la Comunidad Valenciana hay, según datos de la Federació d’Esports de Muntanya i Escalada (FEMECV), 20.800 deportistas federados y 470 clubes. Aunque son muchísimas más personas las que transitan habitualmente los 5.000 kilómetros de senderos homologados. Sobre todo, en fines de semana, festivos y vacaciones. Mención aparte son los excursionistas de bamba y chancleta que invaden el monte al llegar el buen tiempo, además de los que lo hacen en bicicleta, moto u otros artilugios. Hoy, la montaña es un reclamo natural, deportivo y cultural de primer orden.

Pero esto no ocurrió de un día para otro, sino que es fruto de una larga y rica tradición cuya génesis y evolución se ha recogido por primera vez de forma sistematizada en un libro. L’Excursionisme valencià, esport i compromís cívic es un trabajo minucioso elaborado por Vicent Pitarch i Almela que ha editado Publicacions de la Universitat Jaume I. El objetivo del volumen es abordar un fenómeno que con el tiempo no solamente se ha diversificado, sino que ha adquirido una proyección social extraordinaria. Para ello, el autor ha condensado los cerca de 150 años de historia que tiene el movimiento excursionista valenciano desde la Renaixença hasta hoy, atravesando la Segunda República, la resistencia bajo el Franquismo y los últimos cincuenta años. Sin perder de vista que estas actividades han sido, son y seguirán siendo un elemento esencial de la vertebración de la sociedad y de la recuperación de sus rasgos identitarios.
El volumen también incluye un inventario detallado de los principales clubs y entidades excursionistas valencianos, desde la Colla Excursionista el Sol (1928), primer referente que aglutinó en una sola organización a unos primigenios grupos dispersos, al Centre Excursionista de València (1946), al de Alcoi (1949) o al de Castelló (1955), sin olvidar a los grupos más humildes que han ido apareciendo, y desapareciendo en algunos casos, en el último siglo. Aunque, las primeras iniciativas excursionistas surgieron en los años 80 del siglo XIX como consecuencia de diversos cambios en la sociedad. Inicialmente nacieron, con un interés eminentemente cultural, como secciones de entidades como Lo Rat Penat, y por el impulso que supuso la creación en 1876 de la Institución Libre de Enseñanza y su concepción docente del paisaje, de donde surgirían las primeras colonias escolares de verano, la primera de ellas celebrada en 1893 en el Cabanyal. Estas dos corrientes, más el escultismo de Baden Powell, en cuya difusión inicial desempeñó un papel relevante Emili Beüt, junto con el naturismo libertario que surgió en la industrial Alcoi, canalizaron el excursionismo primitivo en nuestras tierras.
'L’Excursionisme valencià, esport i compromís cívic' de Vicent Pitarch i Almela aborda un fenómeno que se ha diversificado y ha adquirido una proyección social extraordinaria
No sería hasta 1963, cuando el excursionismo valenciano alcanzó la mayoría de edad al constituirse la Federación Valenciana de Montañismo, que agrupó a 19 sociedades y secciones y a 3.000 afiliados, con centros en las tres provincias. También llegaría más adelante al movimiento excursionista el viejo debate enquistado en nuestra sociedad de la cuestión identitaria, con el secesionismo de Alicante y los prejuicios lingüísticos sobre el catalán. 1983 marcó el episodio más negro en la historia del excursionismo valenciano por los enfrentamientos entre “valencianistas” y “provincianistas”. Dos federaciones desautorizándose mutuamente, una en Valencia y otra en Alicante, bajo los auspicios de la entonces Federación Española de Montañismo.
La última parte del volumen está dedicada a los encuentros de montaña: los cuatro Aplecs de la Joventut del País Valencià, y los doce Aplecs Excursionistes dels Països Catalans celebrados en las comarcas valencianas entre 1977 y 2022. También se incluyen unas reflexiones finales sobre la huella de la revolución ecologista y la crisis de la concepción clásica del excursionismo. Y en este marco, toda una serie de cuestiones abiertas sobre las que habrá que volver algún día. Como la sobreexplotación de algunas disciplinas, la mercantilización del paisaje a través de la organización de pruebas atléticas de carácter competitivo, la obsesión por los récords, la masificación y la falta de cultura montañera de muchos de los que transitan por nuestros montes en determinadas épocas, sin olvidar el abandono del patrimonio natural, histórico y arquitectónico que forman sendas, veredas, puentes, muros o molinos, entre otras construcciones, ni la irresponsable actividad de quienes transitan con vehículos a motor por caminos y sendas deshaciendo la formas en zigzag que permiten salvar los desniveles y acelerando la erosión.
Los amantes del excursionismo tenemos por fin un referente documental que recoge las vicisitudes que han vivido todos aquellos que por distintas razones han transitado de manera organizada por nuestras montañas para conocerlas y disfrutarlas. Y esto ha sido posible gracias al autor del trabajo, al que hay que agradecerle la generosidad del esfuerzo por documentar una memoria de la que apenas existen unas pocas monografías de algunos grupos y clubs.