
'La mala hija” Pedro Martí
damas y tramas
Agradezco a Salvador Enguix, periodista destacado de Guyana Guardian y responsable último del grupo Damas y tramas, la oportunidad de escribir periódicamente, con la sencillez de aficionada y desde la estricta subjetividad, sobre algunas de las lecturas que van cruzando mi vida. Fue objetivo fundacional del grupo promocionar y dar a conocer la literatura valenciana, en cualquiera de las lenguas del territorio. Transgredir hoy esa norma primera para reseñar “La mala hija” no es para mí un acto impulsivo ni irresponsable, sino más bien la permisión de una licencia puntual, seducida por la fuerza cultural de las tierras de frontera, creadoras siempre de identidades híbridas que propician flexibilidad, creatividad y enriquecimiento cultural y vital.

Pedro Martí es un joven escritor nacido en Almansa (1998) que representa ya la generación más nueva dentro de la novela negra española. Su última obra, titulada “La mala hija” es un thriller psicológico y doméstico (domestic thriller) que, a diferencia de las novelas de acción, se centra en el interior de los personajes, permitiendo al lector asomarse a secretos profundamente enterrados, resentimientos acumulados durante años o a la brecha entre la imagen pública de una persona y su realidad privada.
El título de la novela, “La mala hija”, aun no siendo un oxímoron estricto desde el punto de vista lingüístico, pudiera funcionar como tal en un sentido estilístico o interpretativo, y siento que, como lectora, me sitúa desde el primer momento, en una suerte de posicionamiento emocional o encrucijada para descubrir si, por contraposición a la “mala hija”, pudiera existir una “hija buena”. A partir de ahí, la lectura nos sumerge en un ambiente inquietante y turbador que nos mantiene en suspenso y alerta hasta el final del desenlace.
Gira la novela en torno a la desaparición de Belén Villalba, una adolescente de 16 años, hija de un importante empresario local y de conducta aparentemente irreprochable. La protagonista es la capitán de la UCO Alma Ortega que no solo investiga un caso difícil, sino que también lidia con su propio pasado y las complejas relaciones familiares (especialmente con su hermana, Paula) marcadas por heridas emocionales profundas tanto en lo personal como en lo profesional que, aún sin ser abiertamente violentas, sí son emocionalmente dañinas.
Gira la novela en torno a la desaparición de Belén Villalba, una adolescente de 16 años, hija de un importante empresario local y de conducta aparentemente irreprochable”
Dos planos distintos, el familiar y el social, se entrecruzan para formar el armazón de la trama, entremezclados ambos con maestría y fluidez: por un lado, oscuras dinámicas de conducta moldean personajes y relaciones en estructuras familiares de texturas diversas. Por otro lado, en el plano social, reveladores secretos comunitarios, desigualdades sociales y abusos propios de sociedades cerradas y endogámicas donde “todo el mundo se conoce” imponen la cultura “del mirar hacia otro lado”, que tan a menudo protege a los depredadores y amordaza a las víctimas. Y así, la falsa idea de “calma y paz social”, demasiadas veces asimilada simplistamente a las comunidades pequeñas, pierde cuerpo y consistencia a medida que operan el dinero y el poder.
Es la de “La mala hija” una escritura realista, salpicada de imágenes de potente fuerza visual que, a medida que progresa la historia, van ganando en estructura y sentido, imponiéndose al uso de ciertos lugares comunes, más utilizados al principio de la novela. Así, por ejemplo, los uniformes, convertidos en estampa de actitud con la rígida e inapelable distancia de las jerarquías, tanto la militar como la de los personajes que componen “la tribu adolescente” del Instituto. O incluso, como una casaca más, el frío permanente que viste la protagonista a lo largo del relato, recurso que Martí utiliza para acentuar su aparente vulnerabilidad a pesar de su rango. La novela nos hace así partícipes, con recursos imaginativos y bien trazados, de la “inseguridad de lo cotidiano”, origen y motor de la constante inquietud que nos recorre a lo largo de la lectura, cuya dimensión social y humana, vinculada a una ciudad pequeña, suma tensión a la trama y al sentido de claustrofobia que suele tener la novela negra.
“La mala hija” ofrece una experiencia de lectura activa donde el lector intenta descifrar qué es verdad y qué es manipulación en las distintas voces que componen el argumento, sin exageraciones que pudieran dar lugar a planteamientos poco creíbles. No es solo una experiencia de entretenimiento, sino que, además, nos enfrenta a todo aquello de que podríamos ser capaces cuando oscuras pero humanas sinergias se alinean para ofuscar el pensamiento y la razón. Entre el bien y el mal, una vez más, la zozobra de quien se exculpa bajo el convencimiento de no haber podido elegir. ¿No poder, no querer o no saber? Desgarrador dilema para el final de una historia cercana y vibrante.
Ficha del libro
La mala hija, de Pedro Martí, editorial Destino 2025