Comunidad Valenciana
Felip Bens

Felip Bens

Escritor y periodista

Soberanía nuclear

Veles e bens

Resulta evidente tras el despropósito cotidiano de advertencias mutuas en la esfera de la diplomacia global que la “soberanía nacional” carece de valor si no cuenta con el respaldo de fuerzas armadas atómicas. Regresamos al dominio del poderoso y a una Guerra Fría nutrida por intimidaciones bélicas (parcialmente implícitas) y económicas, vergonzosamente directas, tratando a los empleados y dueños de negocios globales como simples piezas de intercambio del Monopoly.

Señar de alerta de área contaminada por energía nuclear
Señar de alerta de área contaminada por energía nuclearFelip Bens

Súbitamente, se desvanecieron (totalmente) los preceptos vigentes tras la Segunda Guerra Mundial y ahora solo cuenta el poderío militar. Como si en el ámbito personal, regresáramos al lejano Oeste. Que cada uno se las arregle con su equipo para custodiar su hogar y a sus seres queridos. La independencia, maldita sea. El fusil. Existen versiones de que se han percibido celebraciones en las entradas de la National Rifle Association. Aunque es probable que ni ellos mismos alcancen ese grado.

Sin duda, este entorno renuclearizado, esta guerra fría de época reciente, representa un peligro grave, especialmente, para la humanidad entera. Siempre ha sido así. Y nos traslada a los escenarios distópicos del dictador demente que oprime a toda la población. Sin mencionar los efectos sobre un planeta ya bastante agotado, que padece los estragos iniciales de una transformación climática catastrófica que se evidencia, actualmente, en los litorales y agravando los eventos atmosféricos.

Al aceptar la existencia de un entorno nuclear, repleto de amenazas y desperdicios, los mandatarios sugieren que sus estrategias solo abarcan un periodo breve. Sin duda, su visión del mañana no trasciende la vida de sus hijos o quizás de sus nietos. Aceptan que nos encontramos al comienzo de una ruta sin vuelta atrás hacia el panorama que Cormac McCarthy retrató con precisión en «La carretera». “Para lo que me queda en el convento, me cago dentro”, aparentan reflexionar, con toda la aspereza escatológica de la expresión popular. Naturalmente, desde este enfoque autodestructivo, nihilista, insolidario y de corto alcance, ¿qué importancia tiene considerar el relevo de los hidrocarburos por energías verdes? ¿Qué razón existe para modificar el statu quo energético?

Bajo este escenario tan devastador, ¿qué porvenir les aguarda a las señas de identidad vulnerables y minoritarias, como ocurre con la valenciana, por citar un caso cercano? ¿Deberíamos ir solicitando cita para las exequias? ¿Echamos el cierre al marcharnos empleando aquellas estrofas de Ausias March a modo de inscripción fúnebre: “la velledat en valencians mal prova”?

Perdonen el exceso, pero ocurre que el resultado final de la “soberanía nuclear” establecida globalmente consiste en el dominio político, financiero y social de sus poseedores, junto a la uniformidad del mundo, cada vez más evidente bajo el poder de EEUU, Rusia, China y tal vez India. Se trata de lo idéntico a lo que promovieron por centurias en la región, de manera común, aquellas naciones europeas que actualmente flaquean y perciben amenazas a su prosperidad y esencia debido, entre otros factores, a la “soberanía nuclear” de los gigantes globales. Esas propias naciones que emplearon su “soberanía militar y política” con el fin de anular la idiosincrasia, las tradiciones y el idioma de múltiples comunidades marginales, buscando integrarlas y someterlas para erigirse a partir de sus restos.

Someter con el fin de erradicar la pluralidad, cual si fuera un peligro. Un peligro, ¿para quién? ¿Para aquel que pretende un mando absoluto? ¿Para el que ambiciona toda la fortuna?

En última instancia, reside un impulso humano, natural y milenario hacia la conquista. De este emanan los conflictos y la crueldad. Funciona como un anhelo recurrente. Dejando en el olvido el sufrimiento de tiempos pasados. Someter para suprimir la pluralidad, viéndola como un peligro. Un peligro, ¿para quién? ¿Para aquel que persigue una autoridad absoluta? ¿Para aquel que pretende obtener todos los bienes? ¿Para aquel que requiere, todavía más, cada muestra de afecto y cada distinción?