
La gente normal
Si tú me has entendido
Procederán a la poda de los naranjos en mi vía. Inauguraron un local de café distinto, administrado por unas mujeres de Ecuador, ¿o acaso de Colombia? Se han estropeado las luminarias en el vecindario de mis progenitores o “no las encienden”, según afirman varios residentes. La vía ciclista no se concreta y los huecos para estacionar resultan cada vez más limitados. No obtengo turno con el doctor ni estos días ni los siguientes, ¿qué relevancia tiene si probablemente te sientas mejor? No obstante, ¿qué ocurre si no es así?
Hace poco Noah Higón, la valiente mujer de Valencia que combate numerosas dolencias poco comunes con una integridad asombrosa, comentaba en internet que “estamos dejando morir la sanidad pública”. Esta declaración se mostraba con una fotografía desde su habitación de ingreso, donde ha pernoctado en repetidas ocasiones. Añadía igualmente que “defenderla no es ideología”, que supone “supervivencia, memoria y respeto a todo lo que costó construirla”. Es impresionante el testimonio de esta jurista, politóloga y literata que, sin alcanzar aún los treinta, demuestra un conocimiento profundo sobre la existencia.
Nos incita a reflexionar, incluso a aquellos que viven de forma mecánica y desconocen si el mantenimiento de los árboles, el alumbrado público o el retraso de un ferrocarril defectuoso corresponde a una administración o a otra. Esa “competencia” que se han recriminado mutuamente durante la dana representa ese compromiso que quita el sueño al ciudadano común cuando comete un error laboral, generándole angustia hasta que comprueba que la situación no era tan grave. El contraste entre esa inquietud personal y la que experimentan los encargados de las infraestructuras, la sanidad o la limpieza urbana se denomina responsabilidad política. Algunos logran subsistir, mientras otros intentan mantenerse en el cargo, en ocasiones injustificadamente, acumulando más desaciertos que aciertos en su trayectoria.

Elegimos a quienes toman decisiones trascendentales para nosotros cada cuatro ejercicios, o incluso con mayor frecuencia si se permite. Lo fundamental radica en sufragar, seleccionar, manifestar opiniones y hacer uso de nuestra autonomía. Y actuar de forma coherente, reflexionando sobre nuestra identidad, nuestra ubicación actual y nuestras metas futuras. Estas ideas surgieron debido a que la obra que el responsable de nuestra oficina, Salvador Enguix, lanza hoy en València, trata sobre ese silencio forzado al que nos han arrastrado involuntariamente. Enguix analiza las “periferias mudas” y subraya, asimismo, la carencia de fondos en la región valenciana, aunque verdaderamente el comunicador medita sobre aquel centro sanitario que resultará inviable mantener, sobre la vía pública que se aseará deficientemente o sobre el farol cuyo resplandor apenas mostrará el escaso optimismo restante.
Avisa Noah Higón que el sistema sanitario -y la zona verde, la escuela, ¡la vía completa!- constituye “uno de los últimos lugares donde aún somos iguales”
Quienes se denominan “normal” pretenden que todo marche bien. Lo inusual nos recuerda que la funcionalidad depende de reconocer los fallos y aplicar remedios. No guardemos silencio, manifestemos con firmeza lo que ocurre pues, tal como sostiene Noah Higón, la salud pública —al igual que los jardines, las escuelas, ¡la vía pública completa!— constituye “uno de los últimos lugares donde aún somos iguales”.
